En 18 meses la Policía Federal (PF) ya no existirá más. Esa es la propuesta del presidente Andrés Manuel López Obrador que presentó al Senado.

La idea es que la trasferencia administrativa a la Secretaría de Seguridad Ciudadana quede lista en ese lapso y que inicie por las divisiones de Gendarmería y Fuerzas Federales.

La PF, que se creó en 1999, cuenta en la actualidad con 40 mil elementos, los que se integrarán a la Guardia Nacional (GN) que estará al mando de un general en proceso de retiro, Luis Rodríguez Bucio.

Se está cancelado el esfuerzo institucional y policial más importante de la historia del país. Es una pena, porque la PF venía profesionalizándose y sus capacidades eran cada vez mejores.

Tenía un enfoque preventivo, con el propósito de evitar dinámicas en el futuro, para evitar la delincuencia, pero, sobre todo, para no permitir el aumento de víctimas. Esto se hacía con la recopilación, análisis y aprovechamiento de la información para detectar riesgos y amenazas. Las Fuerzas Federales cuentan con capacidad reactiva y de despliegue táctico para responder a situaciones donde ya existen conductas delictivas.

Una de las trasformaciones más significativas es la de la capacidad de investigación, sobre todo en tareas de inteligencia, intervención de comunicaciones, autorizadas por un juez, que se les otorgó. Hay que tener en cuenta que en el modelo tradicional esto no era posible.

Las reformas policiales son esenciales en el desarrollo de las democracias, ya que desempeñan un papel importante en el mantenimiento del orden público y en la construcción de la paz.

En nuestro país esta transformación no ha sido sencilla, ya contábamos con organismos policiales cooptados por el crimen y muy mal capacitados.

Desde mediados de los años ochenta se puso énfasis en cambios que dieron origen a la PF, pero también al CISEN. Hoy todo esto se encuentra en entredicho y, peor aún, en riesgo de desaparecer.

Lo más grave es que se parte de diagnósticos no muy sólidos y es probable que la consolidación de la GN tome años y que no sea la respuesta a los altos niveles de inseguridad y de delitos. El meollo del asunto es el crimen organizado, ya de que como se le combata y enfrente, dependerá el futuro de la seguridad pública y de su calidad.

Una de las lecciones del pasado reciente es que el solo despliegue de fuerza no resulta suficiente ante entramados criminales que se han ido sofisticando a lo largo del tiempo.

Muchas de las guerras más importantes se libran en auditorias y en intervenciones cibernéticas y no a balazo limpio. Esto es así, porque las grandes organizaciones de bandidos se diversifican y actúan en diversas ramas y no solo en el terreno de la producción, trasiego y contrabando de drogas.

18 meses para cancelar un proyecto y entrar en otro que se encuentra sembrado de dudas.

 

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