El Índice de Precios al Consumidor bajó en marzo dos décimas a una tasa anual del -0.1%, la deflación en ese país suma siete meses.

 

Reuters

MADRID – El Índice de Precios al Consumidor (IPC) de España bajó en marzo dos décimas a una tasa anual del -0.1%, según datos revisados difundidos el viernes que podrían sumarse a la presión para que el Banco Central Europeo (BCE) actúe para evitar el riesgo de deflación en la zona euro.

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El ministro de Economía, Luis de Guindos, se mostró confiado en que el BCE adoptará medidas no convencionales de política monetaria si el escenario de baja inflación, que en España se alarga ya siete meses, se mantenía prolongado en el tiempo.

“En estos momentos están todas las alternativas abiertas y el BCE estoy seguro de que elegirá la mejor”, dijo De Guindos en una entrevista en RNE, sin descartar la posibilidad de que el banco central inyecte dinero en la economía a través de la compra de bonos.

La caída del IPC español, debido sobre todo al descenso de los precios de los alimentos y de los viajes organizados -por el efecto de la Semana Santa que el año pasado cayó en marzo-, fue en cualquier caso menor que el indicador preliminar publicado a finales de marzo (-0.2%).

El indicador de los precios armonizados con Eurostat no mostró variaciones respecto a la lectura inicial y se mantuvo en el -0.2% a tasa anual, dijo el Instituto Nacional de Estadística.

El índice de precios subyacente, que no incluye algunos elementos especialmente volátiles, se situó en el 0.0 frente al 0.1% anual.

En términos mensuales, el IPC subió un 0.2%, lo que supone la tasa más baja para un mes de marzo desde el 2009.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha pedido reiteradamente al BCE que tome medidas no convencionales ante el bajo nivel de inflación en la zona euro, que podría afectar al crecimiento y hacer más difícil que los países de la región lidien con su enorme deuda pública.

De Guindos reconoció que el inconveniente fundamental de la baja inflación en un país como España es que aumenta su esfuerzo para pagar sus deudas, aunque subrayó que también beneficiaba a la capacidad adquisitiva de los trabajadores.

“Lo que hay que vigilar es la evolución del tipo de cambio del euro. Si continúa apreciándose sería una mala señal, generaría tensiones adicionales de precios en Europa y el proceso de reajuste que España debe llevar a cabo sería más difícil”, declaró.

La inflación en la zona euro cayó a un 0.5% en marzo, nivel visto por última vez cuando la economía estaba en una profunda recesión en el 2009 y muy por debajo de la meta del BCE de cerca de un 2%.

 

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