Por Javier Arreola y Alberto Altamirano*

Este año electoral, un amplio porcentaje del electorado estadounidense tiene una opinión desfavorable de ambos candidatos (Gallup, 2016), inclusive la nominación de uno de los candidatos es considerada sin precedentes. Además se ha demostrado que la personalidad de los candidatos es más importante que lo que ellos digan o las causas que defienden. (Hoban, 2016)  Si bien grandes segmentos del mundo y de la población norteamericana se han preocupado por asuntos clave como inequidad, pago de impuestos, racismo y el papel de Estados Unidos en el mundo.

En este contexto, la participación en las urnas será clave para determinar las secuelas de la elección. ¿Se incrementará o disminuirá la participación en comparación con las pasadas elecciones presidenciales? Al mismo tiempo, se ha documentado que la población con menores niveles de ingresos y educación, así como los adultos jóvenes y los inmigrantes son menos propensos a votar. (Galston & Dionne, 2015) Y un amplio margen de jóvenes hispanos, de los cuales más de la mitad son de origen mexicano, puede que no acuda a las urnas.

En este artículo explicamos cómo funciona el sistema electoral estadounidense y qué tan decisivo será el voto hispano en estas elecciones.

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El Colegio, un proceso, no un lugar

El Colegio Electoral se refiere a un proceso, no un lugar, compuesto por 538 electores (U.S. Election Assistance Commission, 2011), que es la suma de 435 representantes de la nación, así como de 100 senadores y 3 relectores del Distrito de Columbia (Washington D.C.).  Los electores, que son nombrados en las convenciones estatales de sus partidos, tienen la responsabilidad más alta en la democracia de su país: la elección del Presidente de los Estados Unidos.

A apenas un mes de la elección federal, el Colegio Electoral dominará los titulares de medios de comunicación y redes sociales.  Cuando los votantes vayan a las urnas este noviembre, tendrán que elegir qué candidato recibe los votos de su respectivo colegio electoral estatal.  El candidato que reciba la mayoría de los votos electorales (270) gana la Presidencia.

 

¿Por qué se eligen así los Presidentes?

Si usted no entiende exactamente cómo funciona el Colegio Electoral, no está solo, pues el proceso puede ser confuso.  Entonces, ¿cómo funciona?  En todos los estados, excepto en Nebraska y Maine (U.S. Election Assistance Commission, 2011), el candidato que obtenga la mayoría de votos en el estado gana todos los votos electorales del estado (esquema “todo o nada”), que coincide con el mismo número de miembros en el Congreso.  En Nebraska y Maine, se asignan dos votos electorales al ganador del voto popular estatal, y el resto de votos (3 para Nebraska y 2 para Maine), se dan directamente al ganador del voto popular distrital, por lo que estos estados podrían enviar un voto electoral dividido.

Ya en el mes de diciembre, pasada la elección, los electores representantes se reúnen en sus estados para celebrar votaciones en papel.  Los votos reflejan los resultados de la contienda popular, los cuales son enviados al vicepresidente y a otros oficiales, para luego disolver el Colegio Electoral.  El 6 de enero, el Congreso se reúne para contar los votos electorales estatales.

Los Presidentes se eligen así porque el proceso del Colegio Electoral está descrito en el Artículo II, Sección 1, de la Constitución estadounidense.  Se adoptó por primera vez en la Convención Constitucional de 1787 y fue el proceso utilizado para elegir a George Washington como primer presidente de los Estados Unidos.

 

Distribución del Colegio Electoral:

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¿Se puede ganar el voto popular y perder el voto del Colegio Electoral?

Sí, el Colegio Electoral crea la posibilidad de que el ganador del voto popular pierda el voto del Colegio Electoral.  Esto ya sucedió en la elección presidencial del 2000, donde Al Gore ganó el voto popular por 51%, pero perdió el voto electoral 271 a 266. (Pomper, 2001)

 

Los problemas del Colegio Electoral

El Colegio Electoral determina al Presidente y al Vicepresidente de los Estados Unidos.  Sin embargo, este proceso de “elección indirecta” ha estado sujeto al debate, especialmente si se compara con democracias de “elección directa”, como México.  Los críticos del Colegio Electoral han señalado que les perturba la posibilidad de elegir un presidente minoritario, sin mayoría absoluta de los votos populares.

También señalan los problemas que se dan en estados clave, donde la batalla es más férrea.  Después de las elecciones primarias, donde se elige al candidato oficial respaldado por su partido, los candidatos se deben ocupar principalmente del pequeño número de estados en los que habrá competencia real.

Los estados con mayor tradición de alternancia son conocidos como swing states o estados indecisos.  Los críticos dicen que sin el Colegio Electoral, los candidatos tendrían que ser más creativos para movilizar al electorado a nivel nacional, en lugar de realizar producciones con enfoque en convencer a los votantes de estados indecisos.

 

El voto hispano, decisivo para esta elección

La población hispana ha estado en el ojo del huracán. Gran parte de la campaña se ha centrado en la situación legal de millones de migrantes.  Sin embargo, la gran mayoría son ciudadanos o residentes en buen estatus legal, que han sentido las consecuencias de un ambiente social y étnico-racial mucho más hostil.

Se ha registrado un alza relevante en el registro para votar que hacen hispanos en estados como Arizona, Florida, Nevada, Texas, Georgia y Carolina del Norte. (Nielsen, 2016)  Por ejemplo, el modelo de Downs identifica las variables que motivan a los ciudadanos a registrarse a votar.  Entre dichas variables se encuentran la probabilidad de que el voto importe en la definición de la justa, en el beneficio –individual y colectivo- de la votación y en el deber ciudadano.

De acuerdo con el Centro Pew de Investigación, los temas más importantes para los votantes hispanos son: la economía, salud, terrorismo, migración, educación, política exterior y trato a minorías raciales y étnicas. (Pew Research Center, 2016)  Estas causas, junto con los cambios demográficos y el avance educativo de la población hispana pueden ayudar a explicar el alza en el registro.

A pesar de este interés reciente, desde una perspectiva histórica, los hispanos no han estado muy involucrados en los procesos electorales.  De las últimas 8 elecciones, sólo en la elección de 1992, el número de votantes latinos superó el 50% de participación.  En la última elección presidencial, el 59% de los hispanos se registraron para participar y el 48% acudió a las urnas.  De acuerdo con el Centro Pew, “los votantes hispanos se quedan atrás en diferentes medidas de compromiso (democrático)”. (Ibid., 2016)

Sin embargo, las tendencias demográficas actuales son dignas de mención.  Hay 27 millones de hispanos estadounidenses (12% del electorado) que serán elegibles para votar en noviembre.  Desde que se inició la administración de Obama, un estimado de 6 millones de ciudadanos estadounidenses de origen hispano han cumplido la mayoría de edad y pueden votar.  En el último año, más de 15,300 hispanos han alcanzado la mayoría de edad cada semana.

Diferentes demógrafos anticipan que los hispanos tendrán un rol modesto en determinar al ganador de la elección presidencial de 2016.  El bajo compromiso electoral ya mencionado y la concentración hispana en estados que no son tan competidos (como California, Texas, Nueva York, Illinois y Nueva Jersey) son los dos factores principales.

Empero, los hispanos podrían tener un papel importante en estados indecisos, ya sea actuales (Virginia, Colorado, Iowa, New Hampshire, Florida, Nevada, Ohio) o potenciales (Carolina del Norte, Arizona).

Por ejemplo, Florida se ha convertido en un estado crucial que continúa siendo importante este año.  En el 2000, el Estado del Sol fue la llave que abrió las puertas de la Casa Blanca a George W. Bush.  En 2012, fue uno de los estados indecisos en los que Barack Obama derrotó a Mitt Romney.  Para el 2016, “Hillary Clinton (demócrata) tiene ventaja entre hispanos de 24 votos sobre Donald Trump,” (Caputo, 2016) mientras que Marco Rubio (republicano) tiene ventaja sobre Patrick Murphy para el Senado, lo cual implica que muchos republicanos hispanos no están decididos sobre su candidato.

Existe la esperanza de que una participación activa aumente la legitimidad de las instituciones de gobierno, que la participación sea más alta que en las pasadas elecciones presidenciales y que la democracia se fortalezca.  Las apuestas son altas y sus efectos van mucho más allá del territorio estadounidense.

*Alberto Altamirano es politólogo egresado de la Universidad de Texas en Austin y forma parte de la Iniciativa de Liderazgo Latino de la Harvard Kennedy School.

 

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