Información e intención, en el mundo moderno

Hace algunos años hicimos una propuesta controversial a la ciencia de la complejidad: los sistemas se auto-ordenan con reglas básicas, con información y con intención.

Foto: Reuters

Mi interés por los sistemas complejos surgió después de haber tenido éxito en Sonora, al reducir radicalmente los índices delictivos con un programa muy sencillo que bautizamos como “Semáforo Delictivo”. Cada mes publicábamos proactivamente los índices delictivos con detalle de municipios, colonias, días y horas. Esto generaba una actitud de prevención en la propia sociedad y entre las autoridades. Cada mes nos reuníamos para ver los resultados y tomar mejores decisiones. Era un modelo de cambio social que habíamos estado experimentando desde los años noventa en Nuevo León y luego en Tabasco, pero en Sonora logramos consolidarlo.

Los científicos finalmente aceptan que el universo no es mecánico, que no se controla sino que se auto-ordena. También aceptan lo de las reglas básicas, de hecho éso es lo que trata de explicar la ciencia; las reglas físicas, químicas, biológicas, psicológicas o sociales que operan en los sistemas; la complejidad trata de integrarlas.

La controversia sobre mi propuesta surge por sugerir que la información es un factor fundamental al auto-ordenamiento del sistema. Un sistema fuerte es aquel que está bien conectado y comunicado; y es débil cuando está desconectado. Hay teorías que dicen que el cáncer es justamente eso: un tejido desconectado. Algunos teóricos me objetaron con la idea de que la información ya estaba considerada en la ecuación del auto-ordenamiento, cierto, pero no como variable fundamental. En un libro de más de 500 páginas, por ejemplo, los académicos le dedican unos cuantos párrafos al tema de la información.

Más importante y controversial aún: en un sistema social, la intención es fundamental para el auto-ordenamiento. No es lo mismo un “Semáforo Delictivo” con el fin de lograr la paz social, que uno con la intención de presumir logros, esconder fallas o ensalzar candidatos.  No es lo mismo informar desde el ego, que informar en aras del bien público.

El Mapa de la Consciencia, de David R Hawkins, hace justamente eso: medir el nivel de conciencia. El mapa es fascinante y toca el aspecto menos estudiado por la ciencia: la conciencia.

Publicamos dos ensayos: ¿Cómo emerge el orden en los sistemas sociales? e Información: La clave para entender la complejidad. Primero en inglés, luego en español (se pueden adquirir en Amazon.com)

Más importante aún, convertimos al Semáforo Delictivo en un proyecto social nacional; cada mes publicamos un semáforo por estado y por municipio en todo el país. También publicamos otros semáforos: de Corrupción, Educativo, de Desarrollo Social, de Cifra Negra, de Procuración de Justicia, e incluso un Semáforo de la Conciencia (www.semaforo.mx). Todos ellos son herramientas de buen gobierno que generan controversia: constantemente luchamos contra la intención de los gobernantes por minimizar u ocultar los problemas, y constantemente luchamos contra los ciudadanos que son muy dados a quejarse, pero que no siempre quieren enterarse. El orgullo, el temor, el deseo o la ira son malos niveles de conciencia que no contribuyen al auto-ordenamiento.

Otro punto interesante y controversial: los países más avanzados no necesariamente cuentan con un alto nivel de conciencia entre su población, pero sí cuentan con sistemas político-administrativos de buenos niveles de conciencia que se ubican en la razón. Y ése es justamente el reto para México y muchos otros países: cómo construir sistemas que sean a prueba de malos gobernantes, sistemas que incentiven el bien común y prevengan o neutralicen a los ineficaces y a los corruptos.

Mapa de la Conciencia de David R Hawkins.

 

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