Por Franc Carreras*

Cuando estudiaba en la universidad a finales del siglo pasado, una de las frases más repetidas de la época era: “La información es poder”. Nuestros profesores nos enseñaron que vivíamos en la era de la información y que las empresas que dominarían el mundo en el siglo XXI serían aquellas que en lugar de comerciar con bienes y servicios lo hicieran con unos y ceros. En otras palabras: con información.

Y así ha sido. Sin embargo, hoy, parece que la información está en todas partes. Primero tras la pantalla del ordenador, pero ahora ya la llevamos en el bolsillo en forma de teléfono inteligente.

Si la información es poder, entonces ¿nos hemos convertido todos en seres muy poderosos?

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Yo creo que no. Sigue habiendo algunos mucho más poderosos que otros. Y aunque lo miremos en el contexto de la información que manejamos todos es evidente que, con el acceso a la misma información, unos consiguen mucho más que los otros.

¿Por qué? En mi opinión la clave no está en poder acceder a la información sino en saber utilizarla.

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Si en un bosque ponemos a un micólogo junto a un ignorante, ambos tendrán acceso a infinidad de setas. Pero solo uno volverá a casa con los ingredientes adecuados para una buena crema de setas. El otro corre el peligro de terminar la tarde envenenado a orillas del río.

Lo mismo ocurre con la información. Un escenario similar es el que sufren a diario los médicos cuando se encuentran a un “paciente informado” que les da instrucciones del tratamiento que quiere según lo que ha leído en internet. A menudo el médico concluye que el tratamiento no es el más indicado. Frente a la misma información, la diferencia entre el doctor y el paciente está en el criterio aplicado. Gracias a su criterio el médico puede seleccionar la información buena de la mala, desechar los sesgos y las exageraciones y quedarse con lo más parecido a la verdad.

Por eso debemos asumir nuestra propia responsabilidad frente a la información a la que tenemos acceso y desarrollar nuestra capacidad de pensamiento crítico. Desafortunadamente esa funcionalidad no viene de serie con el último modelo de dispositivo móvil. El criterio se forma con el tiempo y la experiencia. Y eso no se puede comprar. Requiere una mente abierta, diversidad de fuentes y referentes de confianza para moldearlo poco a poco como si de una escultura se tratase.

De lo contrario corremos el peligro de acabar envenenados con “fake news” o engañados y adoctrinados por otros contra nuestra voluntad.

Recuerda: la información no es poder. El criterio sí.

Y ahora: ¡anda, ve y crea!

*Profesor de ESADE y cofundador de MamisDigitales.org

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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