En 1913, durante la presidencia de Woodrow Wilson, se inició la tradición de dar un mensaje presidencial anual en el que se informara verbalmente sobre la agenda del presidente y el resultado y avances de la gestión. Es el Artículo II de la Constitución de los Estados Unidos de América, el que confiere la atribución al presidente de la República de informar periódicamente acerca del estado que guarda la Unión de Estados en lo económico, lo político y lo social. Y fue en 1934, cuando el presidente Franklin Delano Roosevelt comenzó a llamar al mensaje presidencial anual: State of the Union Address.

Los State of the Union (SOTU) se rigen más por la tradición que por la Ley, y son el acto político más importante de la agenda política presidencial en los Estados Unidos.

Nunca como ahora, el informe del presidente estuvo tan vulnerado. Mucho se especuló acerca del impacto que el cierre del gobierno tendría en el SOTU. Sin embargo, en esta ocasión el mensaje estuvo enmarcado por el constante llamado a la unidad que hizo el presidente Trump.

Con uno de los mandatos más controvertidos, Trump no sólo aprovechó el escenario para pedir que se privilegie la cooperación sobre las investigaciones (las cuales amenazan su presidencia actual y la eventual posibilidad de reelección), afirmó que el crecimiento económico ha llevado a la mayor creación de empleos en la historia de su país poniendo a las mujeres en el nivel más alto de participación en la fuerza laboral jamás visto.

Pero más allá de sus reiterados comentarios en contra de la frontera Sur y la construcción del muro, el presidente tuvo frente a sus ojos una sala polarizada, dividida entre aplausos y gestos de desaprobación. Una sala con mayoría Demócrata que con incredulidad escuchaba los “logros” económicos de la administración Trump.

Vestidas de blanco, haciendo honor al movimiento sufragista del siglo XIX, las congresistas demócratas no aplaudieron ni ovacionaron cuando el presidente pidió que se dejaran de lado los temas partidistas y se privilegiara la agenda política en favor de los ciudadanos.

El presidente Trump dijo muchas cosas, todas son motivo de preocupación. No es su abierta desaprobación hacia el aborto, ni la salida del Pacto Nuclear con Irán, tampoco la abierta intervención en Venezuela; sino la falta de consenso incluso al interior de la bancada Republicana lo que preocupa. El país más poderoso del mundo, hoy no encuentra avance en la agenda legislativa ni política debido a la mayor polarización de la historia.

No existe un proyecto sólido de crecimiento económico y aún hay muchos temas pendientes para concretar el avance del segundo tramo del gobierno. En realidad, no es que el periodo presidencial en EU sea corto, o que quienes ganan la elección piensen en la reelección como lo ha afirmado el presidente López Obrador en su mañanera. El prolongado cierre del gobierno en Estados Unidos reiteró que (a diferencia de lo que ocurre en México), el presidencialismo no rebaza a las instituciones. En ese país, las instituciones son más fuertes y son las que sostienen el aparato gubernamental, la figura presidencial está supeditada a la solidez de las instituciones y, eso, garantiza que los valores sobre los que está cimentada la Unión prácticamente aseguren la permanencia del Estado.

Trump no salió bien librado, ni del cierre del gobierno, ni del State of the Union. La actual oposición en Estados Unidos, está dando muestras de que el equilibrio de poder al interior de un país se logra desde las instituciones.

 

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