El presidente de la República ha llevado al extremo la práctica de los informes, como una herramienta mediática que le permite mantenerse en el imaginario colectivo de manera cotidiana, más allá de las mañaneras, pero también como elemento de control de la agenda pública. En el caso del informe del domingo 5 de abril, ampliamente esperado debido a que se anunciaría un plan para hacer frente a los impactos económicos del covid-19, pero cuyos anuncios no fueron los esperados, dejando impactos adicionales a las variables de corto plazo, pero con una amplia incertidumbre hacía el mediano y largo plazos.

El presidente perdió así una oportunidad importante para reconfigurar la confianza, no únicamente de los actores económicos nacionales e internacionales, sino de la ciudadanía en sí, donde su apoyo ha disminuido considerablemente con respecto a la tendencia que había mostrado apenas unas semanas atrás, incrementando el estrés presidencial, que lo ha llevado a decir frases que, más allá de las campañas mediáticas en torno a ellas, han dejado ver su perspectiva sobre el tema, así como sus prioridades reales.

Es por ello que ha recurrido nuevamente a temas que ya había planteado con anterioridad y que resultaron populares en su momento, como reducir el sueldo, y ahora aguinaldos, a la burocracia, que ahora toca al nivel de subdirecciones, pero que en si no representa recursos relevantes para enfrentar la crisis como tal. Mantener el nivel de endeudamiento y no incrementar impuestos, lo que resultará complicado pues el gobierno requiere de mayores ingresos debido la caída del precio del petróleo y el deterioro de la economía, fundamentalmente para mantener el financiamiento a las obligaciones gubernamentales, donde ya se encuentran los programas creados por el presidente en esta administración y que absorben sin retorno, buena parte del presupuesto.

A pesar del anuncio de otras medidas en la semana entrante, no parece haber elementos que se han visto en otras economías que se han visto afectadas sustancialmente por la contingencia que se enfrenta globalmente. No se han anunciado, o mencionado los alcances de, programas de apoyo a las personas en lo individual o a las empresas en todos sus niveles, para mantener el empleo; reducción o aplazamiento del pago de impuestos, tanto de personas físicas como de empresas, particularmente en un contexto donde la actividad económica se ha detenido en diversos sectores; o la forma en que se enfrentará la liquidez limitada que tendrá la administración, ante la reducción de los precios del petróleo, más aún cuando las coberturas se podrían ejercer hasta diciembre. Pero tampoco se ha dicho cómo se gastará el dinero de los fideicomisos desaparecidos recientemente, o de otros fondos disponibles que aún quedan, pero que algunos de ellos tenían objetivos o beneficiaban a sectores vulnerables o estratégicos.

Esta incertidumbre y falta de acción de la administración del presidente López Obrador, no daña únicamente a la economía, sino fundamentalmente las condiciones de aquellos grupos a los que se busca proteger a través de programas asistenciales, pues la configuración del empleo formal e informal en la mayor parte de sus dimensiones, depende en buena medida de micro y pequeñas organizaciones a las que les costará mucho trabajo regresar a la actividad previa, no únicamente a la contingencia actual, sino a la que se encontraban en 2018.

Dar preminencia a los programas desarrollados por el presidente, así como las prioridades que ha planteado en el informe, nos dejan ver que piensa más en las elecciones del año entrante, que en cualquier otro aspecto que permita mejorar las condiciones de grupos que no se encuentran en el espectro electoral y apoyo del presidente.

 

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