Por Raisa Banfield*

La capital de Panamá se ha convertido en un hub regional de atracción turística y en un referente en cuanto a integración, diversidad y apertura internacional. Pero la ciudad tiene claro que esta mirada hacia el futuro, este vibrante desarrollo urbano, debe también ir acompañado de una mirada resiliente que les permita hacer frente a los retos ambientales, urbanos, económicos y sociales que enfrenta la ciudad en el siglo XXI.

A través de una serie de estudios, buenas prácticas, programas y recomendaciones de iniciativas la ciudad de Panamá, junto con la organización 100 Ciudades Resilientes, auspiciada por la Fundación Rockefeller, de la cual hace parte desde 2016, desarrolló una Estrategia de Resiliencia que busca hacer frente a los mayores retos de la ciudad y fortalecerla a futuro.  En este proceso participaron Instituciones del gobierno nacional, gobierno local, el sector privado, la sociedad civil y la Dirección de Resiliencia de la Ciudad de Panamá, al igual que expertos nacionales e internacionales en diferentes áreas.

La estrategia es una hoja de ruta que impulsa el entendimiento sobre qué significa ser una ciudad resiliente y cuáles son las áreas de oportunidad específicas para Panamá. Pero esta no es una tarea fácil. Como gran parte de los países centroamericanos, Panamá ha experimentado un crecimiento urbano excesivamente rápido y poco planificado, convirtiéndose en víctima de la mala administración de los recursos hídricos, sistemas de transporte poco incluyentes, condiciones agravadas por el riesgo latente a los impactos del cambio climático. Sin duda la ciudad enfrenta múltiples vulnerabilidades a las que quiere aprender a hacer frente.

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El trabajo se enfoca en cinco áreas que representan los mayores retos para la capital: la conectividad y accesibilidad de los servicios de transporte, la plena inclusión de todos los grupos sociales, el uso adecuado de los recursos hídricos, los ecosistemas de humedales, incluyendo los manglares (que son vastos, pero mal administrados); el entendimiento de las vulnerabilidades físicas, y la mejora continua en los procesos administrativos del gobierno.

Cabe destacar que la convivencia con los ecosistemas es uno de los ejes transversales de toda la estrategia y un aspecto que se considera fundamental en el desarrollo de la ciudad. Aquí se enmarcan por ejemplo el Plan Maestro de movilidad no motorizada para la Ciudad de Panamá, en el cual se identificará y definirá una red de ciclovías y ciclorrutas en la Ciudad de manera integrada a los planes de transporte ya existentes. La red responderá tanto a la demanda como a las necesidades de los usuarios que aún no ven a este medio alternativo como un recurso para su movilización. El plan incluirá el diseño y la factibilidad técnica, económica, financiera, ambiental y legal para la ejecución y operación de estas alternativas. Se ha considerado además la implementación de infraestructura verde y azul para mitigación de las inundaciones.

El camino es largo, pero también muy emocionante. Una vez más, la Ciudad de Panamá ha sentado las bases para un cambio de paradigmas que permitan alcanzar sus aspiraciones y continuar siendo un ejemplo para la región, esta vez con una mirada hacia al futuro enfocada no sólo en el desarrollo sino en la construcción de un tejido social que permita lograrlo.

*Vice-Alcaldesa del Distrito de Panamá, especialista ambiental con larga trayectoria en la protección del ambiente.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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