La reforma energética es la oportunidad para convertir a Pemex y a la CFE en empresas productivas. El factor clave será la participación privada.

 

 

 

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A pesar de que el monto de inversión en infraestructura energética contemplado en el Plan Nacional de Infraestructura 2007-2012 –1.57 billones de pesos (67% del total del PNI)- fue considerable, los avances del sector en nuestro país siguen siendo, a la fecha, incipientes.

A diferencia de lo que sucede en otros países, hemos sido incapaces de explotar el potencial energético con el que contamos para comenzar una etapa de transición en la materia que aumente nuestra competitividad y garantice el futuro energético de México.

La reforma energética que se discutirá próximamente en el Congreso es, en este sentido, la herramienta legislativa y de política económica que en el mediano plazo puede, además de potenciar el desarrollo económico del país, ofrecer nuevas oportunidades de inversión para la iniciativa privada.

La participación del sector privado, sobre todo en el desarrollo de infraestructura, será fundamental para alcanzar los niveles óptimos de producción y abastecimiento de energía. Para lograr alcanzar las metas de inversión trazadas por la actual administración es imprescindible impulsar la inversión en infraestructura involucrando a las empresas.

 

La oportunidad de convertir a Pemex y CFE en empresas productivas

Para nadie es nuevo que Petróleos Mexicanos (Pemex) y la Comisión Federal de Electricidad (CFE) comparten una serie de problemas comunes. En el caso de Pemex, en los últimos años la productividad se convirtió en un serio problema. Tan sólo en el primer semestre de 2012 se exportaban 1 millón 227,000 barriles diarios, cifra que un año después se redujo en el primer semestre de 2013, donde el número de barriles descendió a 1 millón 155,000 barriles. Si a esto agregamos que la empresa cuenta con alrededor de 150,000 empleados, la productividad por empleado se reduce quedando muy por debajo –casi tres veces- de lo que logran empresas como Statoil o Petrobras.

Entre otros problemas comunes a las paraestatales, y que deben ser atacados, encontramos: un creciente pasivo laboral; insuficiente capacidad de producción; enormes montos de deuda; carga fiscal que impide aumento de la inversión; subsidios mal focalizados; falta de una política de Estado respecto a la transición energética; poca participación de la iniciativa privada en proyectos de infraestructura energética; así como altos costos de energía (eléctrica y en importación de gas, gasolina y diesel) para la industria.

Con todo esto, si bien es cierto que la intención de transformar a Pemex y la CFE en empresas de carácter productivo es una tarea ambiciosa y complicada, los objetivos de esta transformación pueden lograrse con el apoyo de la iniciativa privada.

Con ese objetivo en mente, ofrecer un esquema de inversión más flexible, donde el desarrollo de nuevos proyectos de infraestructura energética -focalizados de manera estratégica- permita ampliar las posibilidades de crecimiento económico en el país, será necesario. El dinero público por sí solo no es suficiente, por lo que un cambio en el régimen fiscal y corporativo de las paraestatales será indispensable para abrir la participación de la iniciativa privada en el desarrollo de infraestructura.

 

Inversión en infraestructura energética: objetivos claros

La inversión en infraestructura dentro del sector debe incrementarse en el presente sexenio, pero tendrá que ir acompañada de nuevas políticas con el fin de: consolidar un sector energético eficiente; culminar los proyectos heredados del sexenio pasado; y cumplir con los objetivos que se planteen en el Programa de Inversiones en Infraestructura 2013-2018.

La aportación de innovación y conocimiento puede redituar en mejores servicios, disminución del gasto y aumento de las cadenas de valor en la producción de energía. Es un hecho que los costos de la energía impactan de manera importante en la industria de la construcción. Es por esto, que el cambio de rumbo en la política energética de nuestro país es indispensable.

México debe apostar a la inversión en infraestructura que garantice en el mediano plazo: el aumento de la productividad y una mayor competitividad a través de la transición energética.

 

 

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