Debemos conseguir una innovación social estructural y para ello es necesario profesionalizarla.

 

Recientemente he tenido la oportunidad de participar como evaluador en la selección de trabajos para el Premio Emprendedores 2013 que convoca la Fundación Everis. Este premio promueve seguir fomentando la aparición de nuevos emprendedores y facilitar el financiamiento de proyectos empresariales con claros objetivos de innovación, viabilidad y beneficio para la sociedad.

En general en España, sede de dicha Fundación, y en América Latina, es muy relevante el incremento, año a año, de personas que participan en este tipo de convocatorias. También es muy relevante el incremento continuo de trabajos, que podemos definir como de alta calidad y viabilidad.

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Esto simplemente significa que nuestras sociedades cada vez se encuentran más y mejor preparadas para acometer los riesgos y desafíos que implica cualquier emprendimiento. También significa que nuestras sociedades cada vez están más preparadas y confiadas de asumir el desafío que significa innovar.

Reflexionando tras la lectura de los trabajos presentados, encuentro muchas buenas ideas, muchas ideas realmente innovadoras, muy buen detalle de los conceptos técnicos en los que se apoya la materialización de las ideas y, en general, mucha fuerza en el mensaje de venta de la idea, que denota el compromiso y espíritu emprendedor que mantienen los creadores. Los trabajos adolecen, en general, de un nivel de detalle similar en aspectos como análisis de competencia, análisis de riesgos, escenarios económicos, proyecciones de gastos/ingresos, de balance… en fin, todo aquello que, partiendo de una buena idea, nos da acceso a poder desarrollarla, es decir, nos da acceso a la financiación del proyecto.

Si hablamos específicamente de proyectos innovadores, que como hemos comentado son medio para la mejora continua de la competitividad de una empresa, una región o un país, el que nuestros creadores de ideas no tengan la plena habilidad de presentar sus ideas, con un apoyo analítico preciso de lo que sería la evolución económica del emprendimiento, supone una clara barrera al acceso a fondos que tanto empresas como gobiernos están destinando en aras de mejorar su competitividad, es decir su economía.

En esta línea, si confiamos en la idea de que una parte creciente de la innovación, actual y futura se ha socializado, es decir depende cada vez más de la personas y algo menos de las empresas, si las personas no profesionalizan los análisis económicos de sus ideas, la sociedad no conseguirá sus beneficio ya que no se dispondrán fondos para su realización.

Los gobiernos de muchos países están lanzando programas y fondos muy interesantes para fomentar la innovación, como por ejemplo los programas marco en la UE o programas similares que se lanzan desde el CONACYT como el ‘Programa de Estímulos a la Innovación’ para empresas, los ‘Fondos Sectoriales’ enfocados en actividades estratégicas y los ‘Fondos Mixtos’ para resolver problemáticas estratégicas de los estados, la mayor parte de ellos orientados a generar conocimiento en focos estratégicos para los países, a través de proyectos en los que participan empresas, entidades públicas e instituciones académicas de distintas nacionalidades.

Para conseguir maximizar la capacidad innovadora de un país; empresas, gobiernos y universidades, debemos ser capaces de considerar la innovación y el emprendimiento como algo estructural y necesario, pero además, debemos ser capaces de maximizar la aportación de la innovación social y que esta no sea destino específico del ámbito privado, si no que pueda acceder a los beneficios del ámbito público y que desarrolle una visión inequívoca de beneficio social.

Es decir, debemos conseguir una innovación social estructural y para ello es necesario profesionalizarla. Esto significa que las ideas provenientes de lo social, se construyan y refuercen con sólidos argumentos económicos y análisis completos, significa también que conozcan y puedan acceder a las vías más apropiadas de financiación en cada caso.

Gobierno, universidad y empresas tenemos que ser capaces de ver un poco más allá, de entender la fuerza de la innovación social y de construir el apoyo necesario para que esta llegue a nuestra sociedad.

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