La innovación social que cede a los donantes/inversionistas un rol más activo y protagónico, impacta directamente a las nuevas generaciones de empresarios.

 

 

Por Adriana Rodrigo

 

“All it took to change everything was a challenge” (lo único que se necesitó para cambiarlo todo fue un reto). Ésta es la frase estrella del video que creó la ALS Association en agradecimiento por una de las campañas más exitosas de recaudación de fondos. El monto total recaudado en dos meses fue de 115 millones de dólares. ¿El ingrediente clave? Una gran idea, que al tocar las fibras indicadas del ser humano se volvió viral en redes sociales.

Todos los que tenemos una cuenta en Facebook o Instagram fuimos testigos o protagonistas del Ice Bucket Challenge. Seguramente reímos viendo videos de amigos, nos sorprendimos con quejas por el despilfarro de agua y aplaudimos o censuramos a los más radicales que cuestionaban el sentido del acto per se. De ahí un pensamiento rescatable: ¿Qué hace la comunidad virtual fuera de Estados Unidos donando a una causa tan particular?, a sabiendas de que a la vuelta de la esquina, quizá somos hermanos de sangre de una comunidad más cercana, víctima de problemáticas latentes de salud, pobreza, violencia.

Durante mi investigación para escribir esta columna, confieso que me emocioné al ver el video que relata la historia del beisbolista bostoniano Pete Frates y la esencia detrás del reto. Nos habla de que las conexiones emocionales y el sentimiento colectivo son universales, y traspasan fronteras y nacionalidades. Puesto así, tiene sentido. Sin embargo, si ahondamos más, se evidencian otras motivaciones más superficiales en que el efecto viral se sobrepone a la causa. ¿La campaña se considera ganadora aunque muchas de las personas involucradas ni siquiera sepan qué es la esclerosis lateral amiotrófica o quién es Pete Frates?

Para acercarnos a conclusiones más fundamentadas, incluyamos en la ecuación el fenómeno de crowdfunding (que parece no tener una traducción al español, hasta ahora). Para definirlo sólo hay que fusionar dos conceptos más digeribles: las estrategias tradicionales de recaudación de fondos para un proyecto social a partir de una convocatoria abierta, y las plataformas digitales que aprovechan la tecnología y las redes sociales con un mismo objetivo: mover a las masas (crowd) por una misma causa.

Indiegogo, una de las plataformas de crowdfunding más grandes del mundo, explica que la gente colabora en campañas por cuatro motivos diferentes: personas, pasión, participación y recompensas. Desde el mundo virtual, estas dos últimas nos introducen a un universo de infinitas posibilidades, donde podemos evolucionar con respecto a las formas de apoyar y podemos invertir tanto en ideas como en negocios innovadores que fusionan beneficios económicos y sociales.

Los fondos recaudados en esta modalidad virtual se distribuyen entre proyectos sociales, negocios y emprendimientos que se segmentan en financieros (acciones y deuda) o no financieros (donativos y recompensas). La diferencia está en que el empresario tradicional suele apostar a fondos de inversión como parte de un negocio y, de manera independiente, apoya fundaciones con menos o nulas expectativas de retorno.

Esta innovación social, que cede a los donantes/inversionistas un rol más activo y protagónico, impacta directamente a las nuevas generaciones de empresarios, y vendría a sustituir las cenas de gala y los cheques gigantes que suelen entregar ante las cámaras los filántropos de siempre.

Por otro lado, marcas globales como Honda, Warner Brothers, IBM o Google utilizan el crowdsourcing (que en vez de recaudar fondos, recauda ideas) para acercase a los consumidores e invitarlos a ser parte de nuevos proyectos o productos. Esto les genera retornos tangibles como lealtad, posicionamiento y, a un costo menor, el manejo de data relevante, que es tan o más valiosa que la de un estudio de mercado.

En 2012 se recaudaron 2,700 millones de dólares (mdd) a nivel global con estas nuevas estrategias, 85% más que el año anterior. El estudio Crowdfunding en México publicado por el Fondo Multilateral de Inversiones del BID en 2014, destaca a Fondeadora como pionera y presenta el panorama local con capacidad para ser líder. Para vencer las barreras, los autores del estudio proponen enfocarnos en los riesgos de seguridad cibernética y en la prevención de fraudes, así como en la necesidad de instruirnos sobre las mecánicas y el impacto del crowdfunding.

Es indiscutible el potencial y la rapidez con que se avecinan los cambios en la interacción social y en la creación de negocios. México se proyecta como parte de este movimiento, y para todos los sectores es un excelente momento que invita a experimentar y a innovar. El desafío estará en mover a millones de personas que, sin dudar, se sumen a proyectos ganadores, con o sin cubeta de hielo.

 

Adriana Rodrigo es socia y directora de Grupo Axius.

 

 

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Twitter: @ARodrigoY

 

 

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