Si buscáramos una manera de abordar nuestros retos como país, definitivamente la innovación sería una respuesta efectiva, invertir en ella y mirar cómo el futuro es ahora y lo tenemos a un clic de distancia. 

En todas las áreas de la vida humana, la innovación es el camino que se ha tomado para superar los desafíos y desarrollar mejores condiciones de vida a través de la adaptación y adopción de distintos recursos tecnológicos. Es por ello que el atreverse a hacer las cosas de otra manera, el innovar, podría ser considerada una medida ideal. 

Estamos frente a una evolución constante que nos exige mayor fomento a la innovación y apoyo a los microempresarios que incursionan en estas áreas en forma de startups con la finalidad de ofrecer soluciones y productos perfeccionados y cimentados en las nuevas tecnologías que nos permiten dirigirnos a un mundo digital y conectado. 

Los cambios acelerados ocasionados por las tecnologías exponenciales, la red 5G, el internet de las cosas, la inteligencia artificial, la nanorobótica, las blockchains, el big data, la realidad virtual, la realidad aumentada, la impresión 3D, los vehículos autónomos, entre otras, nos permiten observar cómo existe la posibilidad de mejorar y reinventar los servicios en distintos sectores como el de salud, la economía, comunicaciones y transportes, educación y el industrial, por mencionar solo algunos. 

El gran problema que debemos resolver como país es cómo llegar a la innovación cuando su presencia y crecimiento han estado muy limitados. Mi teoría radica en que es necesario estar conscientes de los beneficios que ella ha traído al mundo y cómo ha influido en el crecimiento de economías para de ahí identificar qué es lo que hace que unas sociedades sean más innovadoras que otras y adaptarlo o replicarlo en la nuestra. 

LOS EJEMPLOS

Es fundamental reconocer que entre los países con mayor ingreso per cápita en 2017 se encuentran los que más han desarrollado tecnología. Desde el inicio del siglo XXI, la sociedad se ubica en una nueva etapa a la que la UNESCO ha llamado la sociedad del conocimiento, cuya piedra angular es el conocimiento gracias al desarrollo y crecimiento exponencial de nuevas tecnologías y a la velocidad del intercambio de ideas. 

A medida que la sociedad del conocimiento avanza, la economía se vuelve cada vez más dependiente de los activos intangibles. Esto es, cuenta con mejores procesos, mejor comercialización y mejor uso de la energía por lo que sus respuestas a desafíos como el desempleo, el desarrollo y la ecología son decisivas y precisas. 

Tal es el caso de los países asiáticos que están apostando con gran fuerza por las inversiones en investigación y desarrollo de tecnología e incluso han llegado a desbancar a países que tradicionalmente se habían situado a la cabeza en la inversión científica y tecnológica. 

China ha sido uno de los países donde el desarrollo científico y tecnológico ha avanzado más en los últimos años. En Japón y Corea del Sur, el sector empresarial ocupa un lugar muy importante en el ámbito de la innovación; alrededor del 75% de la inversión en estos rubros proviene del sector privado y sus principales áreas estratégicas de investigación se centran en los ámbitos de la biotecnología, robótica y nanotecnología, tecnologías de la comunicación y convergencia digital, energía y medio ambiente, tecnologías agrícolas y procesado de alimentos, y en sistemas de defensa. 

Por su parte, Europa es un referente ineludible en cuanto al desarrollo de acciones de coordinación más allá de sus países y de impacto y relevancia local, particularmente en lo que respecta a la investigación. En la investigación de la Unión Europea el todo es mayor que la suma de las partes; la mayoría de los proyectos realizados se hacen en colaboración entre investigadores de varios países y suponen una inversión con un elevado efecto multiplicador desde un punto de vista económico y social. 

La mayoría de las actividades de investigación emprendidas por la UE adopta la forma de asociaciones con centros de investigación, laboratorios universitarios y grandes empresas. Para llevar a cabo los diferentes proyectos de este rubro, se han formado numerosas redes de ingenieros y científicos de diversas áreas pertenecientes a todos los Estados miembros. En la mayoría de las investigaciones, los gastos se comparten, es claro que una de las grandes prioridades para la UE es la creación de nuevas redes de información y el desarrollo de una “sociedad de la información”. Suecia es el segundo país más innovador del mundo y los Países Bajos ocupan el cuarto sitio según el Índice Global de Innovación (IGI) 2019.

Comparando los Estados miembros de la UE con otros países europeos no pertenecientes, Suiza se mantiene en el primer lugar en materia de innovación mundial, mientras que Finlandia y Noruega alcanzan niveles por encima de la media de la UE.

En cuanto a la región de América del Norte, Estados Unidos ocupa el tercer puesto en el ranking general de innovación y continúa siendo el de mayor rendimiento en investigación y desarrollo en todo el mundo, esto se demuestra en la calidad de sus universidades y publicaciones científicas. Mientras tanto, Canadá se encuentra entre las primeras 25 naciones líderes en innovación gracias a que posee un clima de negocios e inversión competitivo a nivel mundial y una red universitaria también de primer nivel. 

CASO MÉXICO

Después de todo lo que hemos explicado arriba, caemos en la pregunta que más nos interesa, ¿y México? La realidad es que en México no se pensó, no se propuso y no se le dio importancia a un plan nacional para fomentar la investigación y desarrollo en tecnología. Nuestro sistema educativo universitario no ha desarrollado estrategias de modernización que le permitan tener presencia o competir a nivel mundial. 

De igual manera, el nivel de inversión en estos rubros es casi nulo. La gran mayoría de las empresas mexicanas sigue centrada en México y no está participando en el gran desarrollo tecnológico ni percibiendo sus beneficios, obviamente. La única posibilidad de sacar de la pobreza a más de 54 millones de mexicanos es que realmente se aumente la participación de México en la riqueza mundial acelerando la innovación, y, nos agrade o no, una medida sería vinculándose al desarrollo tecnológico de uno de los líderes y nuestro vecino, Estados Unidos. 

De acuerdo con el IGI, México descendió del lugar 37 al 56 en los últimos 10 años; sin embargo, hemos sido testigos de países como Corea del Sur, Estonia o Finlandia, lograron remontar sus desventajas y México actualmente cuenta con grandes oportunidades competitivas para lograr y, de igual manera, modificar el rumbo de su futuro. Se necesita decisión y acción, la mediocridad no debe ser lo nuestro. 

INNOVACIÓN, UNA ACTITUD

La innovación es sinónimo de progreso, es innegable el papel decisivo que ha tenido en el desarrollo de los países, a pesar del rechazo o poca simpatía que pueda generar puesto que implica cambios y riesgos, los cuales pueden ir en contra de creencias o valores arraigados en nuestra sociedad. 

Para motivar la creatividad y la innovación es necesario cambiar el ánimo de las personas y de las organizaciones, transformando la actitud de los líderes para que ellos, a su vez, incentiven a sus empleados a pensar y actuar diferente. La actitud de los miembros de una organización incide en el nivel de competitividad de la misma y en su contribución a mejorar el bienestar y riqueza de su entorno. 

Conforme a los ejemplos de los países aquí mencionados y a otros casos que también merecen reconocimiento, podemos observar la existencia de características que engloban las sociedades de la información o del conocimiento: poseen educación de calidad donde el conocimiento se aprovecha para asegurar de igual manera mejores esquemas educativos; son diversas y tolerantes, ellas reúnen a personas de diversas regiones y culturas y su multiplicidad de ideas es apreciada y promovida; experimentan constantes cambios en las condiciones y particularidades de su sector laboral, sus empleos son más dinámicos obligando a las nuevas generaciones a adaptarse y prepararse mejor; también promueven la creatividad en los sistemas educativos y laborales, fomentando así el desarrollo de actividades de manera distinta a la tradicional. 

Somos afortunados de ser la generación con acceso al mayor conocimiento acumulado en la historia y podemos tocar el futuro o al menos imaginarlo gracias a la exploración del espacio, de los genes, de lo nano, de la robótica, del espacio digital; podríamos ser capaces de construir un mundo globalizado y equitativo gracias al incentivo consciente de la curiosidad y del pensamiento. 

Como podemos ver, innovar detona empleos y crecimiento de la economía, es la única garantía para sobrevivir en el futuro. Cada día que no innovamos, nuestro país complica sus estrategias de desarrollo y crecimiento económico, solo somos testigos y no partícipes de los cambios y transformaciones del mundo. Es urgente modificar esta situación, aún estamos a tiempo de dar ese salto. 

Es importante comenzar a buscar un planteamiento estratégico tanto de políticas públicas como privadas que fomente la innovación y promueva el emprendimiento con miras a mediano y largo plazo; correr riesgos, aventurarse, atrevernos a pensar más que a repetir, puesto que lo único seguro que tenemos es el cambio, nada es estático. 

Contacto: @LopezCasarinJ

Javier López Casarín es presidente de la Fundación Reinventando a México, columnista en los medios de comunicación, miembro de los 300 Young Leaders of the world del Center for Liveable Cities, Presidente del Consejo Técnico del Conocimiento y la Innovación de la AMEXCID, reconocido con el Doctorado Honoris Causa por la Academia de Derecho Internacional.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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