Hace falta el compromiso real de transformar la producción científica del país y dotarlo del capital humano necesario para producir tecnología y no depender de transferencias.

 

 

Durante la visita del presidente de Israel Shimon Peres, tuve la oportunidad de asistir al foro de negocios estratégicos México-Israel. En este foro el presidente de Israel y su delegación presentaron algunas de las fortalezas de su país, la más importante, su gran capacidad para gestionar la innovación, fomentar alianzas entre la ciencia básica financiada por el estado, las universidades y las distintas industrias estratégicas para su economía.

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Shimon Peres dio un discurso sobre la importancia de pensar en el futuro y apostar a ideas y tecnologías que tengan el potencial de ser revolucionarias. Dejó en claro que su fortaleza como economía es justamente la capacidad de ser una nación líder en desarrollo científico y tecnológico.

Además de las palabras de Shimon Peres y los comentarios de los hombres de negocio de su delegación; pude disfrutar de la oportunidad de tener una conversación con la doctora Ada Yonath premio Nobel de química en 2009 y directora del instituto Weizmann. Uno de los principales centros de investigación en el mundo.

Con la doctora Yonath la conversación giró en torno a la relevancia de la innovación en el desarrollo de un país. Sobre cómo el fomento de la ciencia y tecnología son pilares fundamentales para resolver muchos de los problemas que enfrentamos y a través de dichas soluciones impulsar el crecimiento económico.

Para ellos el desarrollo de conocimientos ha sido un factor estratégico en su viabilidad como nación y en la forma en que plantean y enfrentan los retos que se presentan a su sociedad. Ejemplo que se ilustra perfectamente en su dominio sobre la biotecnología, nanotecnología y manejo de recursos naturales, permitiéndoles resolver sus problemas de alimentación y escasez del agua.

Durante el 2013 mucho se habla en México justo de estos temas. De la importancia de la innovación y el desarrollo tecnológico para el desarrollo del país. Gran parte de esta discusión quedó enmarcada en el contexto de la agenda reformadora de la actual administración, siendo representada en muchas de las reformas estructurales que ha impulsado.

El propósito en principio es correcto, sin embargo, mucho de lo planteado ha quedado envuelto en la retórica de las distintas reformas. Sin que se vea con claridad el cómo se crearán las condiciones para que estos factores sean realmente parte del motor de crecimiento del país.

El gasto en Investigación y desarrollo como parte del PIB es bajo incluso para estándares de América latina. Existe un gran déficit de innovación, se impulsa el emprendedurismo como panacea de la actividad económica pero sin poner atención que este no genera en la mayoría de los casos innovaciones en procesos, productos o desarrollo y mejora técnicas, solo negocios de baja productividad “changarros” y de escala insuficiente para sobrevivir en el largo plazo.

Gasto en Investigación y Desarrollo como porcentaje del PIB en distintos países y regiones.

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Fuente: Elaboración propia con datos de Conacyt-INEGI, Encuesta sobre Investigación y Desarrollo Experimental, 2010. OECD, Main Science and Technology Indicators 2011-1. RICYT, Indicadores Iberoamericanos de Ciencia y Tecnología, 2010.

Incluso países como Cuba, con una economía de mucho menor tamaño, menor industrialización y menores recursos presupuestales hay una mejor relación GIDE/PIB. México se encuentra en la cola de la distribución incluso en la región, estando por debajo del promedio de la misma.

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Fuente: Elaboración propia con datos de Conacyt-INEGI, Encuesta sobre Investigación y Desarrollo Experimental, 2010.

 

 El gasto en Investigación y Desarrollo Experimental (IDE) ocupa el principal rubro de gasto en ciencia y tecnología en México. Desafortunadamente dicho gasto se concentra en unas pocas instituciones de educación superior. La enseñanza de recursos humanos a nivel posgrado, el gasto en Educación y Enseñanza Científica y Técnica (EECyT) tiene pocos resultados debido a las fuertes fricciones del mercado laboral donde existen pocas plazas para investigadores. Sumado a  una baja vinculación entre la industria y los centros de enseñanza. Este último problema se relaciona con el déficit de innovación que existe en el país, el gasto en innovación es muy pequeño por parte del estado y aún más pequeño en la iniciativa privada.

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Fuente: Elaboración propia con datos de Conacyt-INEGI, Encuesta sobre Investigación y Desarrollo Experimental, 2010.

 

Otro reflejo del pobre estado en que se encuentra el desarrollo científico y tecnológico en México y que muestra la gran disparidad entre las distintas regiones del país es la distribución de miembros del sistema nacional de investigadores (SNI).

La ciudad de México concentra la mayor proporción de miembros del SNI. Presentes en las principales instituciones de educación superior de la ciudad. Esta concentración es una de las razones por las cuales la formación de capital humano en la ciudad es muy superior a la del resto del país y puede ser una de las razones que explique la mayor proporción de innovaciones, desarrollo y capital humano en comparación con el resto del país.

El desarrollo científico y tecnológico también es un factor importante en la búsqueda de una sociedad menos desigual y donde más regiones participen en el impulso al crecimiento del país.

Múltiples ejemplos internacionales existen sobre la importancia del impulso estatal a las actividades de innovación, investigación y desarrollo. No sólo dentro de los países ya desarrollados, cada vez es más común ver que los países en desarrollo concentren sus esfuerzos en la formación de capital humano y en la integración de actividades científicas y tecnológicas en los múltiples sectores de su economía.

Retomando el caso de México no es difícil ver algunas de las razones de su bajo crecimiento en los últimos 30 años. Una muy baja formación de capital humano en particular en áreas relacionadas a la investigación científica. Sumándose a esto, una muy baja inversión en ciencia básica tanto por parte del estado como de la iniciativa privada y una falta de vinculación entre las universidades y la industria terminan por enmarcar uno de los factores que contribuyen más a la baja productividad en muchos de los sectores del país.

Es comprensible que la iniciativa privada no realice grandes inversiones en cuestiones de Investigación y desarrollo pues esta actividad es generalmente considerada un bien público que por su intensidad y relevancia el estado realiza. Sin embargo en el caso mexicano es de llamar la atención la muy baja inversión que se realiza por parte de las empresas quienes son más importadoras de tecnología que desarrolladoras de la misma. Quizá la mayor responsabilidad sea compartida entre el sector público y privado por no incentivar la participación de las universidades en la vital actividad de llevar la ciencia básica a aplicaciones industriales.

El estado mexicano ha renunciado en buena parte a realizar estas actividades. Limitando fuertemente las capacidades para desarrollar tecnología propia y crear condiciones para la creación de valor económico basado en conocimientos. Históricamente los gobiernos en México reconocen de forma retórica su responsabilidad pero no la llevan a cabo y en ese hecho limita la capacidad de crecimiento del país.

En el mundo existen múltiples modelos de innovación y de realización de actividades de investigación y desarrollo. Por ejemplo el de DARPA en Estados Unidos, el modelo de vinculación universidad-industria alemán o el modelo descrito por la doctora Yonath, cualquiera de ellos son buenos ejemplos del potencial de desarrollo y de crecimiento que se puede generar partiendo del impulso a la educación y a la ciencia.

México necesita encontrar su propio modelo y entender  finalmente que si deseamos ser una economía relevante en el mundo y encontrar la forma de generar desarrollo inclusivo para todos, se le debe prestar atención al estado de la ciencia. No es algo que se va lograr haciendo reformas estructurales, ni programas de desarrollo repletos de retórica. Lo que hace falta es el compromiso real de transformar la producción científica del país y dotarlo del capital humano necesario para producir tecnología y no depender de transferencias de esta.

El resultado natural de invertir fuertemente en este tipo de desarrollos es la creación de nuevos mercados y el fortalecimiento de los que ya existen. El incremento de la productividad en los distintos sectores de la industria con su respectivo incremento en salarios. Al final estos cambios lograrían producir un país más parecido al que todos queremos.

 

Contacto:

Twitter:  @DiegoCastaneda

e-mail: [email protected].

 

 

*Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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