Cuando innoves, no olvides las tradiciones de los clientes, la historia de la ciudad o el inventor, los mitos alrededor del producto o espacio.

 

 

 

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Recientemente viví la experiencia del Mercado San Miguel en Madrid, un mercado que data de épocas medievales, que estuvo a punto de morir a mediados del siglo pasado, pero que fue rescatado gracias a un proceso innovador que logró conjuntar modernidad y tradiciones. Quedé fascinado, enamorado.

No, no fueron las copas de vino que me tomé ahí mientras deambulaba extasiado degustando tapas, aceitunas, paellas, gazpachos y helados: fue la grata sorpresa de darme cuenta que es posible innovar sin deshacerse de las tradiciones, al contrario, fortaleciéndolas.

Siempre he sido un fiel defensor de todo aquello que agrega valor, en este caso, y estoy seguro que en muchos otros, lo que se mantiene, lo que se respeta, lo que ya es costumbre agrega muchísimo valor, no sólo a propios sino a extraños, yo entre estos últimos.

Nuestros antepasados no estaban errados en todo; al contrario, acertaban en mucho, entonces ¿por qué cambiarlo? Sus sentidos disfrutaban tanto como lo hacen los nuestros al ver productos frescos llenos de vida, al degustar todo aquello que en buena lid los comerciantes/expertos te ponen casi casi en tu boca; ellos necesitaban aprender a cocinar mejores platillos tanto para sus familias como paras sus clientes, igual que nosotros; ellos necesitaban descontaminarse de la ciudad refugiándose en una zona sensorialmente abundante y naturalmente sabrosa, lo mismo nosotros; ellos, madrileños o turistas, necesitaban socializar y convivir mientras llenaban sus barrigas y sus corazones, igualito que nosotros.

Reinaugurado en mayo del 2009, gracias al esfuerzo de un grupo de comerciantes, el Mercado de San Miguel mantiene su estructura de hierro de principios del Siglo XX, pero recubierto con una estructura de cristal modernísima que llama, que atrae como un oasis a quienes navegan sedientos en el desierto; la tecnología se reconoce en los muebles, las cafeteras, los enfriadores, la iluminación; pero la saturación, la frescura, el trato, los platillos, la ceremoniosidad con que te abordan los marchantes le recuerda a cualquier abuelo su juventud.

Sí, sí se puede innovar rescatando, incluso potencializando, tradiciones; fui testigo de ello y ahora soy un promotor de ello. Cuando innoves, no olvides las tradiciones de los clientes, la historia de la ciudad o el inventor, los mitos alrededor del producto o espacio, estoy seguro que podrás encontrar valores agregados que hagan de lo tuyo algo mucho más valorado, incluso que alguno que otro loco escriba un blog sobre ello…

 

 

Contacto:

Facebook: Ricardo Perret FB

Twitter: @ricardopeer

email: [email protected]

web: www.ricardoperret.com

www.mindcode.com

 

 

 

*Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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