Remote places to stay es una inspiración para explorar el mundo desde la perspectiva de la lejanía, desconectarnos de nuestra vida cotidiana para conectarnos con nosotros mismos y con la naturaleza.

 

Dentro de algunas semanas emprendo una travesía un tanto distinta de las que acostumbro, inspirada, en cierta medida, en un libro con el que tuve la fortuna de encontrarme a fines del año pasado: Remote places to stay.

Ya llevaba un tiempo repensando lo que para mí significa viajar, cómo sacar más provecho de los lugares que visito, cómo abrir mejor los ojos, estar más dispuesta y, de alguna forma, volver a ese momento de la vida en el que todo iba más lento; no sólo recorrer distancias físicas sino viajar en el tiempo, estar presente donde estás, sin sentirte culpable por no revisar la bandeja de entrada o por la llamada perdida que te mira acusadora desde el celular.

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Remote places to stay, editado por Lannoo, presenta una selección de 22 hoteles remotos realizada por Debbie Pappyn y David De Vleeschauwer, una pareja de periodistas belgas y consultores en viajes de lujo que lleva una década recorriendo el planeta tres cuartas partes del año.

La presentación del libro, por Pico Iyer, reconocido escritor de viajes, conferenciante de TED, nos recuerda el poder que tiene sobre nosotros el espacio vacío, lo esencial que se vuelve el silencio en la sociedad del ruido; la importancia de una pausa para ser, así, sin estar conectados.

“Mientras más espacio tienes a tu alrededor, más espacio descubres dentro de ti”, dice Iyer. “Lo remoto nos ofrece la mejor recompensa de todas: recordarnos lo que es importante para nosotros, dentro, y mostrarnos cómo y dónde encontrarlo”, concluye.

De Islandia a Botsuana, pasando por Italia, Estados Unidos y Canadá, Pappyn y De Vleeschauwer nos proponen una veintena de sus lugares remotos favoritos con espléndidas imágenes que no sólo nos trasladan a la fantasía del vacío (el paraíso del detox digital), sino a la paz interior que esta lejanía del “mundo” conlleva, al reencuentro con la naturaleza.

“[Viajar a un lugar remoto] tiene que ver con lujos básicos. Viajar en busca de espacio, silencio, soledad, aire limpio y fresco. El sentimiento de ser el único ahí, tener el lujo de enfocarte en las cosas pequeñas y esenciales que son ignoradas en la vida normal”, explica Pappyn en entrevista.

Y si de la vista nace el amor, no hay problema; cada lugar tiene una guía puntual para dejar de soñar y emprender la travesía, decidirte a ir más allá, pasar contigo unos días, cambiar de perspectiva.

“Un lugar lejano significa que puedes salirte del mapa por un rato, te da la sensación de que está bien ya no estar conectado con el mundo”, comparte Pappyn.

En la era de la aceleración, como dice Iyer, el lujo a veces radica en las cosas simples, en ir más despacio, estar más presentes. Hay encuentros que sólo pueden darse alejándose, emprendiendo el viaje.

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Remote places to stay
Lannoo, 2014
Edición en neerlandés (Benelux) y en inglés (venta mundial vía Amazon, Barnes & Noble y librerías selectas en varias ciudades del mundo).
Pasta dura, 312 páginas
Texto: Debbie Pappyn
Fotografías: David De Vleeschauwer
Presentación: Pico Iyer

Web: Finding Remote.

 

 

Trotamundos profesionales
Debbie Pappyn y David De Vleeschauwer son fundadores del blog Classe Touriste, colaboradores en publicaciones como Monocle y Centurion, además de consultores en viajes de lujo.

 

Contacto:

Correo: [email protected]

Twitter: @BombonInsolente

Instagram: @BombonInsolente

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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