La compra por parte de Facebook de la aplicación reina de las fotografías en 1,000 millones de dólares, hizo de Kevin Systrom el último héroe de culto en Silicon Valley. Esto ocurrió, simplemente, porque Systrom eligió la universidad en lugar de unirse a la empresa que fundó Zuckerberg.

 

Por Steven Bertoni

Fotografías: Fernando Luna 

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Para ser un millonario geek no es necesario abandonar la universidad y dejarlo todo por un startup, la historia de Instagram demuestra que el mundo tecnológico tiene espacio para todo tipo de genios, incluso los graduados.

Kevin Systrom fue invitado por  Zuckerberg a cenar a Zao Noodle Bar, en University Avenue, y le pidió que desertara del último año en Stanford para desarrollar un servicio de fotografías en su naciente red social, Facebook. Systrom rechazó la oferta. En ese momento Facebook valía 500 millones de dólares y llegaba a cientos de titulares en el periódico. Systrom, en cambio, hacía capuchinos.

“Le dije: ‘No, no quiero trabajar en esto’, y ahí me tenías haciendo cafés,” comenta Systrom, quien tiene 28 años. Al optar por permanecer en Stanford, rechazó lo que seguramente le habría granjeado decenas de miles de dólares en Facebook. “Trabajar en una compañía que comienza para hacer mucho dinero nunca había sido una opción, por eso decidí quedarme a terminar la escuela. Eso era mucho más importante para mí,” dice Systrom.

En el caso de Systrom, el lugar donde terminó es exactamente lo que rechazó: Facebook. Sin embargo, gracias a su desvío en Stanford, en vez de un cheque de ocho cifras, Systrom, a su manera, pues su red social de fotografías Instagram, se coloca sobre la cifra de 1,000 millones. El precio de compra, que hace de Systrom dueño del 40%, aproximadamente, y que equivale a 400 millones de dólares, es lo más impactante, dado que comenzó con cero ingresos y sin modelo de negocios alguno. Instagram, con tan sólo poco más de dos años de existencia, aún cuenta con los mismos 14 empleados.

Con lo que Instagram también cuenta es estar en la boca de todos, amén de en una plataforma móvil que ha incitado a más de 85 millones de usuarios a compartir 4,000 millones de fotos, y a la cual ingresan seis nuevos miembros a cada segundo.

Mientras que los grandes de la web tratan de trasladar sus productos en aplicaciones móviles como si fueran una maleta atascada en el compartimiento de equipajes de un avión, Instagram fue parte del jet-set desde el principio: rápida, elegante y con estilo.

En el caso de Systrom su buena suerte se puede rastrear directamente desde Stanford. Fue ahí donde  se vio inmiscuido por primera vez en el mundo de la tecnología y el capital de riesgo: su primera pasantía en una compañía que comenzaba y su primer trabajo en Google tuvieron lugar en ese tiempo. Gracias a un programa de la Universidad de Stanford en el extranjero descubrió su amor por la fotografía vintage, al tiempo que conoció a Mark Zuckerberg y su joven equipo en una fiesta universitaria.

“No concuerdo con la gente que dice que la universidad no vale la pena y pagar todo ese dinero no vale la pena,” afirma Systrom. “Creo que esas experiencias y esas clases que no necesariamente aplican en el momento terminan sirviéndote tiempo después”.

Como parte un programa de la universidad, Systrom viajó a Florencia donde aplicó en el Programa elite de Stanford: Myfield Fellows. Un seminario de trabajo que proyectaba a 12 estudiantes a incursionar en nuevas empresas mientras formaban parejas con empresarios y mentores en capitales de riesgo

Por medio del programa Mayfield, Systrom consiguió una pasantía de verano en Odeo, una compañía de Podcasts fundada por Evan Williams, quien tiempo después daría vida a Twitter. Durante su pasantía, Systrom creó aplicaciones con un joven ingeniero llamado Jack Dorsey, quien pronto iniciaría Twitter y la compañía de pagos Square.

Fue una conexión clave: los dos no veganos de toda la oficina se hicieron rápidamente amigos puesto que a la hora de la comida eran los únicos que consumían sándwiches deli. Dorsey tiempo después ayudaría a Instagram a arrancar: creó una notable demanda por sus fotos con filtro, al subir imágenes en su muy concurrida y visitada cuenta de Twitter.

Systrom encontró con el tiempo algo que deseaba crear: un sitio en el que combinaría su pasión por la fotografía, en el que el usuario se podría registrar en lugares y juegos en línea, imitando así a los entonces nacientes Foursquare y Zynga, respectivamente.

Hizo pública su idea, que en ese tiempo tenía el nombre de Burbn y la llamó así en honor a su coctel favorito en una junta sobre capital de riesgo en Madrone Art Bar, y captó la atención de Steve Anderson de Baseline Ventures, quien le  ofreció 250,000 dólares  para lanzar la compañía (y Andreessen Horowitz igualó esa cantidad) con una condición: Systrom debía encontrar a un cofundador.

Mike Kireger, un brasileño que se graduó del programa Mayfield de Stanford dos años después de Systrom, estaba trabajando por su cuenta en la creación de aplicaciones. Se había graduado en el Programa de Sistemas Simbólicos y en ese momento desarrollaba el sitio de chat Meebo. En una ocasión, Systrom permitió a Krieger descargar su nueva aplicación para registrarse en determinados sitios.

Sin embargo, el primer día de trabajo de Krieger Systrom declaró que Burbn no funcionaría porque Foursquare era una atracción demasiado grande. Debían desarrollar algo nuevo y decidieron reestructurar Burbn como un servicio enfocado a dispositivos móviles exclusivo para fotografías.

El prototipo era una aplicación de cámara para iPhone con funciones sociales y a la que se le podían agregar comentarios. Ninguno de los dos estaba demasiado emocionado por lo que acababan de crear. Frustrado, Systrom decidió que necesitaba un descanso.

Rentó una casa barata en Baja California, México, mientras caminaba por la playa, su novia le preguntó cómo era que uno de sus amigos había subido fotos tan increíbles a través de la aplicación. ¿La respuesta? Filtros. De pronto Systrom recordó su experiencia con aquella cámara barata en Florencia. Pasó el resto del día acostado en una hamaca, con una lata cerveza Modelo transpirando a su lado, mientras escribía en su laptop e investigaba y diseñaba el primer filtro de Instagram que después se convertiría en el X-Pro II.

De regreso en San Francisco pronto aparecieron nuevos filtros: Hefe (nombrado en honor a la cerveza hefeweizen que Systrom bebía mientras lo diseñaba) y Toaster (en honor a un perro mestizo, cruza de labrador y doodle, propiedad de Kevin Rose, el dueño de Digg). Renombraron el producto como Instagram y le dieron la nueva aplicación a sus amigos —muchos de ellos gente influyente en la tecnología, como Jack Dorsey, de Twitter— quien muy pronto comenzó a subir sus fotos con filtros en sus redes sociales. Repentinamente comenzó a existir mucho ruido alrededor de la aplicación.

Instagram les da onda a las fotografías de baja calidad que se toman con la cámara del celular: una sensación retro. Con un toquecito en la pantalla táctil, un atardecer promedio se convierte en una postal tropical, una vieja bicicleta adquiere un toque de nostalgia y una hamburguesa a medio comer se vuelve algo relevante. “Imagina que Twitter tuviera un botón divertido o Tumblr un botón inteligente”, plantea Systrom.

“La mayoría de las aplicaciones de fotografía en el pasado le pedían algo a los usuarios a cambio. Algo así como que produjeses, actuases y trabajases. El mensaje de Instagram era: ‘déjanos encargarnos de la receta secreta’”.

Con esa receta en mano, Systrom y Krieger lanzaron Instagram en la tienda de aplicaciones de Apple a la media noche del 6 de octubre de 2010. Los usuarios llegaron pronto y Systrom y Krieger corrieron a los Laboratorios Dogpatch para mantener los servidores estables. A las 06:00 horas los portales de medios como Bits Blog y TechCrunch publicaron historias sobre el debut. Los servidores colapsaron. Systrom y Krieger trabajaron 24 horas sin parar para mantener la aplicación corriendo (en ese lapso 25,000 usuarios de iPhone descargaron el servicio gratuito).

“A partir de ese día nuestra vida no volvió a ser la misma,” comenta Systrom. Llamaron a Adam D’Angelo en Quora, a quien Systrom había conocido junto con Zuckerberg en una fiesta en Stanford, y quien ayudó a que Instagram llegara a los servidores de Amazon.com y escalara la plataforma. Después de un mes Instagram tenía un millón de usuarios. Pronto Systrom se encontró en la cuarta fila de los temas más concurridos de Apple y viendo cómo Steve Jobs mostraba su aplicación ante la multitud; habían logrado llegar al escenario principal de la tecnología. Sin embargo, mantener los servidores de Instagram funcionando mientras los usuarios llegaban por millones aún representaba un reto importante.

“Es nuestro bebé,” dice Systrom. “Nos mantiene despiertos durante la noche y nos despierta en las mañanas.” Las políticas de la compañía requieren que los ingenieros tengan una laptop con ellos a todas horas. Estas computadoras han aparecido durante fiestas de cumpleaños, citas románticas y recepciones de bodas. Una vez, Krieger estaba cenando en un lugar de productos orgánicos cuando el sistema colapsó. Buscó como loco por todos lados para encontrar una conexión inalámbrica hasta que finalmente encontró una… dentro de un gallinero.

Systrom dice que no le emociona hablar a detalle del pacto con Facebook, sin embargo, asegura que la compra ocurrió durante una semana de locura en abril pasado, poco después de que regresó de unas vacaciones en el Reino Unido. Ese miércoles Instagram recibió 50 millones de dólares en una ronda de capital de riesgo. Un sábado Zuckerberg invitó a Systrom a su casa en Palo Alto. Esta vez Systrom tomó la oferta de Zuck. Para el lunes, se había cerrado el trato de 1,000 millones, 300 de ellos en efectivo.

El hecho de que Facebook comprara Instagram —una compañía que aún no ha ganado ni un dólar— provocó que mucha gente del medio gritara: “¡Qué robo!” Al mismo tiempo, algunas personas con información privilegiada susurraban: “¡Qué ganga!”.

Por lo general, cuando ocurren este tipo de negociaciones significa que el juego ha terminado para los fundadores, sin embargo, es probable que con Instagram Systrom y Krieger apenas estén comenzando con su primer trimestre. A diferencia de otras compañías que Facebook ha absorbido, Zuckerberg le dio su palabra a Systrom de dejarlo llevar Instagram de forma independiente. Systrom y Krieger pueden usar la infraestructura de Facebook para hacer crecer y formar a Instagram con un servicio mucho más sustancial. Su objetivo: transformar Instagram de una aplicación de fotos en la que se comparten retratos de mascotas y pizzas, en una compañía que se comunica a través de imágenes.

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