El Pew Research Center, un centro de estudios asociado a Los Angeles Times, ha publicado un interesante estudio sobre cómo será el internet del futuro. Esto lo hizo a través de un panel de expertos que describían cómo iba a afectar los negocios, la política y los medios de comunicación.

Sin embargo, uno de los puntos señalaba que a pesar de todos los despuntes tecnológicos que pueda tener internet, éste no nos hará más tolerantes a la diversidad; por el contrario, nos hará mucho más proclives a condenar las diferencias de opiniones.

El estudio señala que la población será capaz de conocer diferentes puntos de vista y más que nunca estará expuesto a diversidad de opiniones debido a la gran amplitud de mensajes y posturas que circulan por la red; sin embargo, esto no significa que nos hagamos más tolerantes. Por el contrario, pareciera que ahora tendremos más opiniones que rechazar.

Los abusadores digitales y la cero tolerancia irán creciendo, porque –señala el estudio literalmente– son parte de la naturaleza humana, y ésta no ha cambiado ni cambiará. Por el contrario, crecerán tanto como crezca la red. Ello dependerá de las habilidades de quienes emitan estos mensajes de odio o acoso, y de cómo, en su caso, hacerlos mucho más atractivos.

 

Todas las opiniones son válidas

El pasado 9 de julio falleció el torero español Víctor Barrio. Tenía 29 años y murió a causa de una terrible cornada recibida durante una corrida de toros en Teruel, España. Su muerte desató una serie de mensajes de odio gigantesca que alcanzó números inusitados y que prácticamente dividió a España en una discusión sobre toros, derechos de los animales y los que apoyan la fiesta brava. Todo, a través de redes sociales.

Los mensajes de odio que llegaban principalmente de defensores de animales, iban subiendo de tono y degradaban contundentemente a la figura del torero, a sus compañeros y a su familia, lo que provocó que la Fundación del Toro de Lidia tomara cartas en el asunto, demandando legalmente a todas las personas que hubieran emitido este tipo de mensajes.

Hasta el momento, la fundación cuenta con un compilado de insultos lanzados a través de redes sociales que tiene una extensión de aproximadamente 77 páginas y ha demandado legalmente a 7 personas.

Mientras tanto, la fiscalía general de estado en España está estudiando el caso para determinar si se procede legalmente en contra de los tuiteros o bien se trata de un asunto de libertad de expresión, si bien no de manera ética, pero no ilegalmente. Y aquí se abre otra discusión: abrir la puerta para prohibir lo que fuera en internet es abrirla para prohibir todo.

Incluso la guardia civil ha escrito a través de su cuenta de Twitter que “Desear o alegrarse de la muerte de alguien no es delito, pero denota mezquindad”.

Y es que en ese sentido debemos hacer algunas consideraciones.

Si bien las corridas de toros pueden no gustarle a algunas personas, mientras no sean ilegales o estén prohibidas cualquiera puede verlas y disfrutarlas. De la misma manera, cualquier persona puede decir abiertamente que no le gustan. A favor o en contra, todas las opiniones son válidas.

Por otra parte, a final de cuentas una vida humana es tan valiosa como cualquier otra. Defender el derecho de los animales celebrando la muerte de otros, no es ilegal, pero tampoco es ético. La discusión puede tomar todos los matices y a final de cuentas es bienvenida y necesaria.

 

Por una autogestión social

En México conocemos perfectamente el tema. La intolerancia está ligada a las posturas políticas de toda índole que se despliegan tanto en las redes sociales como en internet en general. Además, son muy populares las cuentas de trolls que, sin motivo alguno, deciden atacar a personas sólo porque les parece divertido.

Por ello es relativamente común que de cuando en cuando aparezcan tendencias que inviten al odio de clase, racial, de género, religioso o cualquier otro. Las plataformas sociales abren una posibilidad para que salgan todas esas fobias e intolerancia social que, lejos de crear comunidad, ponen en evidencia sus diferencias.

Sin embargo, si la red y los medios sociales quieren mantener su neutralidad, autoridades y gobiernos deberían mantener fuera cualquier intento de regulación y apostar por una autogestión social que imponga sus propias leyes y límites. Internet implica la multitud de opiniones; no obstante, simplemente no podemos censurar o limitar todo lo que no nos guste.

 

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