Apoyado por una atmósfera asfixiante y misteriosa, Denis Villeneuve teje un thriller sobre los laberintos de la mente humana, uno donde no hay héroes y villanos, sólo víctimas.

Los personajes de Intriga (Prisoners, 2013) viven recluidos, su prisión quizá no sea física pero les es imposible abandonarla. Sus obsesiones y miedos les impiden vivir plenamente, ésa es su cárcel.

Keller Dover (Hugh Jackman) es un devoto padre de familia, lleva años preparándose para lo peor y rezando por los favores del Señor. En su sótano acomoda víveres y material de supervivencia a la espera de sobrevivir un cataclismo, cuando su hija desaparece después de una cena con sus vecinos, su vida colapsa irremediablemente.

El detective Loki (Jake Gyllenhaal) es un recio agente de la ley con un récord perfecto, ha resuelto todos los casos de su corta carrera. El caso de los Dover podría ser la primera mancha que cargue en su conciencia.

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Apoyado por una atmósfera asfixiante y misteriosa –usada de manera similar a la de Insomnia (2002) o Zodiac (2007)–, el quebequense Denis Villeneuve (Incendies) teje un thriller sobre los laberintos de la mente humana, uno donde no hay héroes y villanos, sólo víctimas.

Conforme el guión de Aaron Guzikowski y la cinta avanzan se hace notar que los personajes sufren sin saberlo. Dover vive atormentado por el recuerdo de un padre duro que se quitó la vida, su impulso es mantener a salvo a su familia bajo cualquier circunstancia. Loki viene de un pasado tumultuoso marcado por visitas a correccionales y un sólo objetivo: ser el mejor en su trabajo. Cuando las fallas aparecen, la represa cede ante las grietas. Llevando a los personajes al límite.

En este punto las actuaciones de todo el elenco son claves, Jackman y Gyllenhaal cargan con el mayor peso sin duda, pero los actores secundarios también lucen: como Viola Davis y su interpretación de una madre vegetariana de tendencias liberales que acepta traicionar sus creencias y aprueba la violencia con tal de ver regresar a su niña a casa, aun cuando las dudas flotan en el aire.

La misma historia en manos de un director chambeador hollywoodense –no tiene nada de malo ser uno, por cierto– daría como resultado una película de ritmo trepidante, donde las vueltas de tuerca se amontonan y el final se apresura. Villeneuve opta por desarrollar a sus personajes,  darles tiempo de mostrarse, de verse envueltos por ese clima desolador.

¿Hasta dónde nos controlan nuestras obsesiones? ¿Qué seríamos capaces de hacer para mantener la ilusión de control? Aunque intangibles, las barreras de nuestra mente nos dirigen. Forman laberinto que luce infranqueable, la verdadera pregunta es ¿cómo escapar de él?

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