El mundo destina cada vez más dinero a causas caritativas, pero casi nadie piensa en invertir en los demás como si invirtiera para sí mismo. La inversión de impacto intenta cambiar eso.

 

Post invitado, por James Lee Sorenson*

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Las donaciones caritativas han alcanzado un máximo histórico en Estados Unidos; las donaciones domésticas, caritativas y de fundaciones van al alza. En 2014, los estadounidenses dieron más de 350 millones de dólares (mdd) a obras de caridad, lo que representa más del 2% del PIB del país. Entre 70% y 90% de los hogares estadounidenses donan a alguna causa cada año, y la donación familiar promedio asciende a cerca de 3,000 dólares. Los estudios demuestran que los individuos y las familias son más propensas a dar durante la época navideña que en cualquier otra época del año.

Todos estos son logros notables, pero la conversación debe enfocarse en la sustentabilidad y el impacto general de la donación, no sólo en cuánto se donó. Si lo piensas bien, la forma tradicional de donaciones, en la que se abre la chequera, es una forma bastante limitada de dar, 350,000 mdd en donaciones suena a muchísimo dinero, pero en relación con la magnitud de los desafíos que enfrentamos, es una gota en el mar.

La filantropía tampoco hace un muy buen trabajo midiendo el impacto real de todos esos dólares duramente ganados. Se han destinado billones a tratar de solucionar los principales problemas sociales, sin embargo, bajo muchos indicadores, aún estamos atrapados en ese pantano. Desde la década de 1970, por ejemplo, la educación básica y el rendimiento en matemáticas se han mantenido estancados; la tasa de pobreza en Estados Unidos se ha mantenido en torno al 15%; y el ingreso promedio anual del 40% inferior de los hogares estadounidenses apenas ha cambiado.

En el futuro, ¿cómo podríamos esperar algo diferente si seguimos haciendo lo mismo de siempre? Una debida diligencia es tan necesaria para las donaciones caritativas como lo es para los demás aspectos de tus finanzas personales. Es hora de que apliquemos la lógica de mercado a nuestras donaciones filantrópicas.

Y es aquí donde hace su entrada la inversión de impacto.

La inversión de impacto es uno de desarrollos más emocionantes derivados del movimiento “impacto social” que busca medir con más precisión los resultados del sector social y una comprensión más completa de la relación entre las entradas (tu dinero) y los resultados obtenidos. La inversión de impacto, el aprovechamiento de capital privado para el bien social, está jugando un papel clave.

En primer lugar, los inversionistas de impacto están motivados por la misión y el grado de impacto social de una organización. Sin embargo, es importante destacar que los inversionistas de impacto están motivados por las oportunidades de duplicar o incluso triplicar los beneficios finales para obtener un rendimiento financiero y al mismo tiempo hacer algo bueno por la sociedad. Asegurar un rendimiento financiero ayuda a garantizar que la organización genere un impacto medible que sea escalable y auto sustentable en el tiempo.

La escala potencial de inversión de impacto es impresionante, considera esto: Se espera que unos 41 billones (sí, 12 ceros) de dólares sean transferidos de los baby boomers a la generación del milenio en las próximas décadas. Y los estudios y las encuestas indican que el impacto social es la prioridad número uno para estos inversionistas millennials, aún por encima de los retornos financieros. Las oportunidades de impacto emergen como una nueva clase de activo prometedor para estos inversionistas con conciencia social.

La importancia de la inversión de impacto se me ocurrió hace varios años, cuando dirigía un negocio de tecnología destinado a ayudar a las personas sordas a comunicarse más eficazmente entre ellas y con el resto del mundo a través del servicio de video. Debido a que el negocio era sustentable y rentable, fuimos capaces de escalar mucho más rápido para impactar positivamente las vidas de millones de personas en todo Estados Unidos. Si sólo hubiéramos contado con donaciones caritativas, nos habríamos limitado por la cantidad de fondos de los donantes que podríamos haber recaudado.

En 2013, reconociendo la necesidad de una mayor capacidad de impacto y educación, fundé la Devid Eccles School of Business en la Universidad de Utah, para que fuera un centro de excelencia en el campo del impacto social emergente y ayudara a facilitar la inversión de impacto. La misión del Centro es proporcionar una educación experiencial a una nueva generación de inversionistas, responsables políticos, proveedores de servicios y empresarios que están comprometidos con el desarrollo de soluciones bien pensadas e innovadoras a problemas sociales y de salud pública en todo el mundo. Los estudiantes proporcionan valiosos servicios para los inversionistas de impacto etapa temprana, fundaciones, oficinas familiares y grandes patrimonios familiares a través del análisis de casos, la conducción diligente, la realización de estudios de mercado y la suscripción de inversiones de impacto.

Los empresarios y el libre mercado son la columna vertebral de Estados Unidos. Usemos la capacidad productiva del sector con fines de lucro y canalicémoslo hacia el bien social y ambiental.

En el mercado comercial, los inversionistas de capital de riesgo reconocen que no todas las inversiones pueden funcionar financieramente. Estos riesgos se calculan y tocan todo el espectro de inversiones realizadas, crean un mercado eficiente que ha construido grandes economías y elevado el nivel de vida que disfrutamos. Con el fin de trasladar el enfoque del capital de riesgo a la filantropía o al “filantrocapitalismo”, como se le ha llamado, tenemos que ser más estratégico y emprendedores en nuestras donaciones o inversiones caritativas. Tenemos que estar preparados para encontrar y facilitar empresas sociales escalables y potencialmente auto sustentables, dotarles subvenciones o inversiones de impacto en fase inicial y luego medir su éxito o fracaso, en función del impacto social que produzcan al igual que su retorno financiero. Toda inversión puede fracasar, pero existe el potencial de que unos pocos generen retornos financieros de gran tamaño, cambiando radicalmente la sociedad en general.

Mientras reflexionamos sobre el año nuevo, profundicemos en la forma como gastamos en los demás y hagámoslo igual que como lo hacemos para nosotros mismos. La inversión de impacto proporciona un mecanismo para hacer precisamente eso.

 

*James Lee Sorenson es un líder reconocido y empresario que ayudó a desarrollar varias categorías nuevas de la industria. En sus esfuerzos filantrópicos, Jim creó la James Lee Sorenson Family Foundation y la Sorenson Impact Foundation, que apoya causas que maximizan el impacto positivo en la vida y las sociedades que tocan.

 

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