El régimen iraní podría intentar hacerse de los pozos petroleros de Irak, Arabia Saudita y Yemen, con ayuda de Putin.

 

Por Steve Forbes

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En 1976, un banquero de inversión convertido en novelista de aventuras, Paul Erdman, escribió una novela de suspenso que se convirtió en bestseller, The Crash of ‘79. El centro de la trama era el sha de Irán apropiándose de los campos petroleros del Medio Oriente árabe, con un ejército bien armado, gracias al aumento de los precios del petróleo. Por supuesto, apenas 24 meses después, el sha fue derrocado por los islamistas radicales, que posteriormente desangraron al país durante una sangrienta e inútil guerra de ocho años con Irak. Los precios del petróleo cayeron después de que Ronald Reagan asumió la presidencia, y toda idea de una versión iraní de una guerra estilo nazi desapareció.

Bueno, si Erdman estuviera vivo (murió en 2007) podría escribir una versión muy plausible actualizada de su novela, con la terrible posibilidad de que esta vez la ficción se convierta en realidad.

Irán no posee el mismo número de panzers ni tiene una Luftwaffe asesina a su disposición, pero ahora tiene los medios para emprender acciones para controlar los inmensos yacimientos de petróleo de Arabia Saudita, Kuwait y, obviamente, Irak, donde sus milicias están ganando fuerza. Los grupos militares bajo control iraní pueden alcanzar los objetivos imperiales de Teherán casi tan bien como las fuerzas armadas al estilo de la Segunda Guerra Mundial.

En la novela actualizada de Erdman, un papel destacado iría al hombre fuerte de Rusia, Vladimir Putin, cuya economía ha sido devastada por las sanciones y los bajos precios del petróleo. Putin se aliaría en estrecha colaboración con los mulás asesinos de Teherán, ya que ambos tienen un deseo desesperado por el petróleo.

¡Oh, esperen! ¿En el mundo real Putin no anunció que aun cuando las sanciones contra Irán siguen vigentes, Rusia vendería a los clérigos ensangrentados un sistema de misiles de defensa aérea muy sofisticado, haciendo de un ataque israelí contra el floreciente programa de armas nucleares de Irán algo aún más problemático?

Miren el mapa de Arabia Saudita y tengan en cuenta que la mayoría de los musulmanes ahí son sunitas y la minoría, chií. Al sur se encuentra Yemen. Los lectores recordarán a Yemen como el país en que el presidente Barack Obama proclamó una historia de éxito contra las fuerzas terroristas no hace muchos meses. ¡Ups! Las milicias terroristas pro iraníes están ahora en ascenso en Yemen, un sitio en que las fuerzas de ISIS también gozan de una gran presencia. Allí, los temerosos saudíes han llevado a cabo ataques aéreos para tratar de frenar esta marea adversa.

Al norte se encuentran Arabia e Irak, donde Irán ejerce más y más control. No ayuda a tranqulizar a los saudíes el hecho de que la mayor parte de sus activos petrolíferos se encuentren en un área del reino en que los chiítas son mayoría. Los mulás chiítas de Irán creen que éste es un territorio propicio para la soberanía iraní y sienten que no tienen nada que temer de las fuerzas terrestres saudíes.

No hace falta ser un gran teórico militar para ver que Irán está desarrollando un movimiento contra Arabia Saudita. Mientras el mundo se concentra en las negociaciones del programa nuclear de Irán con Estados Unidos, los mulás –y Putin– tienen sus ojos puestos en la presa más inmediata e inmensamente más jugosa. Ellos creen que, a pesar del despliegue de buques de la Armada estadounidense que se dirigieron a Irán a dar marcha atrás a un convoy naval iraní la semana pasada, Obama no hará nada eficaz.

Lo que nos lleva a la pregunta ¿qué se verá obligado a hacer Israel para garantizar su propia seguridad y la del mundo civilizado?

 

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