El rey de los metales no es una mercancía más, sino la materia prima dinero.

 

La reforma hacendaria presentada por el presidente Enrique Peña Nieto al Congreso, plantea la propuesta de eliminar el tratamiento de tasa del 0% que prevé la Ley del Impuesto al Valor Agregado (IVA), en la enajenación de oro, joyería, orfebrería, piezas artísticas u ornamentales y lingotes, cuyo contenido mínimo de dicho material sea del 80%, siempre que su enajenación no se efectúe en ventas al menudeo con el público en general.

El argumento principal de la propuesta es que se considera que la adquisición de estos bienes, aun cuando sea en las etapas previas al consumidor final, debe estar afecta al pago del impuesto como cualquier otra enajenación.

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Según el proyecto, estas operaciones reflejan “capacidad contributiva” de las personas que los adquieren y, en consecuencia, se trata de “manifestaciones de riqueza que deben ser gravadas”.

Se derogaría así el inciso h) de la fracción I del artículo 2o.-A de la citada ley.

Sin embargo, la iniciativa exhibe tanto errores como un total desconocimiento de las autoridades hacendarias respecto a cómo funciona el muy peculiar mercado del oro.

El rey de los metales no es una mercancía más, sino la materia prima dinero.

La misma Ley Monetaria de nuestro país así lo reconoce al dar categoría de moneda de curso legal a las onzas de oro y plata, que tienen poder liberatorio por el equivalente en pesos de su cotización diaria, establecida por el Banco de México con base en el precio internacional del metal fino contenido en ellas.

Con la reforma como está, Hacienda daría un tratamiento diferenciado a este metal precioso monetario, pues quedarían sin el gravamen las operaciones en lingotes con contenido de 99% de oro puro al menudeo, las monedas áureas que hayan tenido antes el carácter de moneda nacional o extranjera y las onzas troy (conocidas como “Libertad”).

Esto porque se dejan intactas las fracciones VI y VII del Artículo 9o. de la Ley del IVA, que señalan respectivamente que no se pagará el impuesto en la enajenación de “Moneda nacional y moneda extranjera, así como las piezas de oro o de plata que hubieran tenido tal carácter y las piezas denominadas ´onza troy”. Tampoco, en “Lingotes de oro con un contenido mínimo de 99% de dicho material, siempre que su enajenación se efectúe en ventas al menudeo con el público en general.”

Esto quiere decir que la Casa de Moneda de México, responsable de acuñar las monedas de oro de curso legal que son libres del impuesto, al adquirir el insumo tendrá que pagar IVA.

Luis Liñero, socio especialista del Área de Impuestos Internacionales de Deloitte México, señaló en entrevista que con la propuesta, “lo que pasaría es que ese IVA se le quedaría como costo. La Casa de Moneda tendrá un costo mayor”.

En definitiva la Casa de Moneda no sacrificará su beneficio a causa de ese aumento de costos, por lo que éste se reflejará por fuerza en una subida de precios para el consumidor final. El resultado es que con la reforma, se impondría de facto un “impuesto al dinero”.

Por lo que toca a los lingotes con contenido mínimo de 99% de oro, la reforma daría un incentivo a la informalidad porque la compra de estos al menudeo permitiría darle la vuelta al IVA.

Nadie querrá comprar un oro más caro del precio que se paga en los mercados internacionales.

Para decirlo con todas sus letras, Hacienda pretende que exista un precio del oro más alto para el sector formal, algo que no se aceptará en la práctica del mercado. La existencia de un “tipo de cambio” para el oro con IVA, y otro sin él, será un rotundo fracaso.

Dicho de otra forma, una cotización más cara significa una devaluación del peso mexicano en 16% (la tasa del IVA) para transacciones formales en oro, para las que se requiere una factura (mayoreo).

Pongamos un ejemplo simplificado al día contemplando un precio por onza troy de oro en $1,328 dólares (London PM Fix del jueves 12 de septiembre, 2013), y un tipo de cambio peso/dólar de 13.08 pesos (Fix de Banxico a la misma fecha).

Si se compraran 100 mil pesos en oro (7,645.26 dólares en el ejemplo) al menudeo, es decir sin factura, eso alcanzaría para 5.76 onzas aproximadamente. Pero si con esos mismos 100 mil pesos se pagara el IVA, sólo se podría comprar el metal con $86,206.90 (6,590.74 dólares), ya que el restante de $13,793.1 se iría como impuesto. El oro adquirido sería de 4.96 onzas. El peso en la práctica valdría menos en México.

Para que los pesos de los residentes en el país siguieran teniendo su poder de compra al 100%, las empresas tendrían que adquirir su metal en el extranjero.

Luis Liñero explicó que en la propia Ley del IVA se señala que las importaciones de oro están exentas, siempre que el contenido mínimo de dicho material sea del 80%. Tampoco se propusieron cambios a la fracción correspondiente de la mencionada ley.

Entre las implicaciones del IVA al oro, también está que casi la totalidad de su producción minera estaría condenada a exportarse, para tampoco pagarlo.

“Podría darse que el oro se refine en el extranjero y regrese importado con la exención”, explicó Liñero.

De este modo, las empresas mexicanas podrían terminar importando oro que fue extraído del subsuelo nacional, solo para darle la vuelta al fisco.

No cabe duda que Hacienda va a aprender a la mala que no es tan sencillo lidiar con el oro como creía, pensando que así no afectaba “el poder adquisitivo de la población menos favorecida”. Vaya error.

Para lograr su propósito de gravar con IVA el oro tendría que hacerse con todas las operaciones posibles, pero para eso tendría que haber propuesto muchas más modificaciones legales de las que pensó, y llegar incluso hasta la misma Ley Monetaria. Si está dispuesto debió hacerlo bien, pero antes, debe conocer los costes que deberá asumir al adentrarse en esas “arenas movedizas”.

Debería saber que meterse con el oro no es cualquier cosa. Es imposible combatirlo sin salir “quemado”: subir su precio por decreto, implicaría la devaluación del peso en la misma proporción como ya se explicó, el colapso de su mercado interno formal y el banderazo de salida para el contrabando masivo y la informalidad.

India es el mejor ejemplo. En ese país, el principal consumidor de oro del mundo, se ha elevado en tres ocasiones este año el arancel a las importaciones del metal, hasta un récord de 10 por ciento, y el impuesto especial al consumo de barras a 8 por ciento. La intención declarada del gobierno es la de contener la demanda para aliviar la presión que tienen sobre su déficit de cuenta corriente, pero no han tenido los resultados esperados. El contrabando, se volvió incontenible y de todos modos, el valor de la rupia india se ha desplomado.

La Iniciativa presidencial no detalla cuánto piensa que podría recaudar por la eliminación de la tasa cero pretendida, pero lo cierto es que los costos son superiores por mucho a los beneficios que se obtendrían.

El “balón” ya está en la cancha de la Cámara de Diputados, por lo que tienen en sus manos la responsabilidad de arreglar éste que sería un innecesario y costoso error, entre muchos otros incluidos en la Reforma Hacendaria.

El gobierno antes que pensar en expandir su gasto y la deuda, debería ajustarse el cinturón y dejar que sean los ciudadanos los que decidan en qué gastan el poco dinero que les cuesta tanto ganar.

El contexto internacional es de crisis en la economía y no acabará pronto, por lo que bien haría en tomar medidas pensadas en el futuro y no solo en el corto plazo.

 

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