El lunes 29 de octubre, dos monedas amanecieron con el peor desempeño en el ranking de monedas en América latina y de país emergentes, ellas fueron la de México, impactada por la decisión de cancelar el proyecto para la construcción del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, mientras que la otra moneda fue el real brasileño quien resultó impactada por la elección el domingo de Jair Bolsonaro, como nuevo presidente de ese país.

El triunfo de Jair Bolsonaro en la segunda vuelta, demuestra el avance que ha tenido no únicamente la derecha, sino un conjunto de grupos con muy diversas posiciones a lo largo del mundo, pero cuyo común denominador es que han sacado provecho de los errores de quienes se asumen como políticos profesionales o, en el peor de los casos, políticos tradicionales.

Tal vez el caso más emblemático haya sido el de Donald Trump sin embargo podemos ver esta nueva ola de políticos que se presentan como antipolíticos, pero cuyas posiciones son atractivas, debido a la crisis que diversos espacios de la política tradicional enfrenta.

En varios países de América Latina estas corrientes, donde se encuentran derechas e izquierdas, han sacado provecho de las promesas incumplidas de los gobiernos de partidos tradicionales de izquierda o de centro, que habían mantenido control de sus gobiernos durante los últimos años, particularmente en Sudamérica.

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Es por ello que el caso de Brasil es emblemático, porque después de haber tenido un gobierno representado por Lula Da Silva, cuyos avances en términos de desarrollo social fueron relevantes y, para muchos incuestionables, se han enfrentado a casos relevantes de corrupción que, no únicamente han sido aprovechados por diversos actores, sino que han planteado la ineficacia de esos líderes para demostrar no únicamente su posible inocencia, sino fundamentalmente su eficacia en el gobierno, durante sus gestiones.

Uno de los aspectos importantes, es que estos nuevos gobiernos han sido electos por amplias mayorías en elecciones usualmente democráticas. Diversos analistas han señalado que podría estarse replicando una condición similar a la que llevó al gobierno a diversas corrientes con pensamiento radical, que generaron en el siglo XX conflictos importantes, en el contexto de las economías internas y las relaciones internacionales.

La capacidad irruptiva de estos liderazgos en el orden establecido, se ha visto no únicamente por el ejemplo de Donald Trump, sino también por la presencia de líderes como Putin o Erdogan, cuya característica autoritaria les hace extrapolar los riesgos en la forma en la que toman decisiones, cuyos costos pueden ser altos, pero son controlables a través de esquemas autoritarios.

El ejemplo de Jair Bolsonaro nos muestra, no únicamente la consolidación de estas corrientes en el contexto del desprestigio claramente inducido de los políticos tradicionales, pero no se ha calculado en términos reales el impacto que estas políticas podrán tener para un orden internacional y regional, cuyos referentes han desaparecido en los años recientes.

En México, no somos ajenos a tal condición, el ímpetu generado por la elección de Andrés Manuel López Obrador, donde se ha construido un contexto de toma de decisiones donde el gobernante se hace uno mismo con el pueblo, se han comenzado a generar propuestas, basados en esa omnipotencia, como la posibilidad de usar las reservas internacionales o el mismo ejemplo reciente del aeropuerto.

 

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