El 14 de enero, el actor Jimmy Morales deberá dejar la pantalla para dar paso a un papel que la gente le ha signado en las urnas: ser el próximo mandatario de Guatemala. Él asegura que a partir de ese momento se acabará la ficción en el gobierno de su país.

 

Cuando el bulli­cio dominaba en la plaza central de un poblado de Gua­temala, Neto, un hombre de bigote abundante, sombrero de cuero, camisa con rayas de colores y pan­talones de mezclilla visiblemente desgastados, preguntó a su hermano Nito, de apariencia similar, por qué tanto alboroto.

Nito le respondió que se trataba de un mitin; “de esos cuando viene un político, da un discurso y dice lo que va a hacer”.

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¿Y tú por quién vas a votar?—, reviró Nito. Fíjate que creo que no voy a votar, yo nunca he votado… yo no le hallo chiste ni gracia—, respondió Neto, quien fue más allá: “Es que mira, primero vienen, te empiezan a decir un puño de cosas que van a hacer, llegan a tu casa y te abrazan, ni te conocen, luego dices: ‘mi gran cuate es’, ganan las elecciones y des­pués ni te saludan ni te cumplen na­nai de todo lo que te prometieron”.

Tanto Nito como Neto son personajes de la película “Un pre­sidente de a sombrero”, producida por Moralejas Film. El primero es protagonizado por Sammy Morales y el segundo por su hermano Jimmy, presidente electo de Guatemala, después de vencer el 25 de octubre en segunda vuelta a la exprimera dama Sandra Torres, de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE).

Hasta finales de los años 2000, Jimmy era reconocido en Guate­mala por la forma satírica en que abordaba en sus actuaciones el tema de la política, la manera de condu­cirse de la élite local y las carencias de gran parte de la población. Fue hasta 2011 que compitió por la alcal­día de Mixco, que Jimmy dio un giro a su carrera profesional cimentada más en la actuación y dirección de programas de TV.

A diferencia de su personaje Neto, Jimmy hoy está convencido de que la democracia electoral puede ser la vía para modificar el estado de las cosas en Guate­mala, pues asegura: “No llego con compromisos, soy un candidato independiente, no vengo de la vieja clase política”. Esto, pese a que sus detractores han insistido en relacionarlo con exmilitares de alto rango que fundaron el partido que lo candidateó a la Presidencia, el Frente de Convergencia Nacional (FCN).

Uno de los aspec­tos que presume Jimmy es que su campaña se gestó en las redes sociales y no en los medios tradicionales de comu­nicación, lo que derivó no sólo en la posibilidad de poder interactuar con un segmento de la población joven “en busca de cambio”, sino en un gasto electoral con un diferencial muy importante respecto a sus competidores.

Aunado a sus 22,500 segui­dores en Twitter y 650,000 en Facebook, el presidente electo se vio favorecido por la llamada “Primavera Guatemalteca”, que fue motivada por el descontento contra el gobierno del expresidente Otto Pérez Molina por supuestos actos de corrupción en el sistema aduanero del país, que dio como resultado el enjuiciamiento contra el mandatario y piezas clave de su gobierno, después de múltiples movilizaciones que, en un hecho inusitado, lograron unir a empresa­rios, organizaciones civiles y a los segmentos medio y bajo de la población.

El autodenomi­nado candidato independiente no sólo se ha acercado a distintos secto­res de la población guatemalteca (como los empresarios) para intentar generar alianzas, también ha acudido a personajes internacionales que, dice, le han dado consejos.

Uno de ellos es Jaime Rodrí­guez Calderón, “El Bronco”, quien es el primer candidato sin partido en México en ganar una guber­natura, en este caso la de Nuevo León, gracias en buena medida al fenómeno de las redes sociales. “‘Nos vemos de nuevo cuando seas presidente’, me dijo “El Bronco” durante el proceso electoral”, co­menta Jimmy.

En entrevista con Forbes, Jimmy Morales dice cómo visualiza la reestructuración de las instituciones guatemaltecas, su estrategia para detonar la economía y los negocios; así como si la proyección que le dio su carrera como actor es suficiente para gobernar un país de 15 millo­nes de habitantes, marcado por la violencia y la corrupción.

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Foto: Gretta Hernández. 

¿Te imaginaste alguna vez en la política?

Mi mamá decía que de niño quería ser bombero. En mis años de estudio quería ser un excelente administra­dor de empresas con especialización en finanzas. Posteriormente me ima­giné siendo un gran doctor en teo­logía. Y mi tema con la Presidencia comenzó en 2004, cuando dije: ‘Creo que Guatemala está atravesando por problemas y me gustaría llegar a la Presidencia para poder generar lo que el país necesita’; una figura pre­sidencial que según nuestra ley sea símbolo de la unidad nacional.

 

¿Cómo te ha proyectado tu carrera acto­ral en la administración pública?

Totalmente. Es una de las plataformas que hemos utilizado para poder generar todo lo que es el conocimiento de persona, porque casi todos en Guatemala hablan de la comedia que nosotros hacemos, de la interpretación, pero pocos hablan precisamente de esos temas moralistas, positivos e inspiradores, que es precisamente lo que le pone el nombre al programa (Moralejas). Mucha gente que nos para en la calle nos dice: ‘mire, lo que más nos gusta es la moraleja’. ¿Por qué? Por­que en el país enfrentamos muchos problemas de carácter moral y sociales. Y, además, tengo un respaldo académico que tam­bién me ha permitido ejercer la docencia universitaria. Creo que ha sido una combinación de varias cosas.

 

¿Qué te motivó a competir por la Presi­dencia con una campaña austera, poco tradicional?

Creo que el clamor popular de Guatemala es precisamente eso, el repudio a esas campañas millona­rias cuando hay tanta miseria. No es correcto, aun cuando se tenga el dinero, gastar cientos de millones de quetzales en exhibir un rostro, cuando en Guatemala el año pasado murieron más de 150 niños literalmente de hambre por desnutrición aguda. Tenemos una desnutrición crónica de 50%, eso quiere decir que por cada tres niños uno está desnutrido. El problema es que esas campañas millonarias que son financiadas por intereses económi­cos, lo que pretenden es ostentar el poder para poder hacerse de presupuestos más grandes.

 

¿Cuál fue la estrategia en redes sociales para llegar a un segmento cercano a la tecnología?

Con mensajes sencillos, de con­ciencia. Yo egresé de la Universi­dad de San Carlos. Ahí nos hacían mucho énfasis sobre la concien­cia social, no es más que tratar de ponerse en los zapatos de otros. Les hablamos con mensajes o frases como: ‘Quieres una Guatemala dife­rente, deja ser tú indiferente’. Creo que el joven guatemalteco ha perdido el miedo de generaciones pasadas de conflicto armado, está harto de que las cosas no se hagan y que el país no esté bien. Mi discurso es: ‘Tú puedes, tú tienes una responsabilidad; miren muchachos hagamos algo’.

 

¿Cómo te retroalimentarás de las perso­nas que no cuentan con un dispositivo para conectarse a redes sociales, en su mayoría gente pobre?

En campaña lo hicimos. Llegamos a los municipios un poco más lejanos a través de caravanas con el lema “Volando pata por todos lados”. Quisiera poner en primer lugar la educación, pero hay que anteponer la salud, una política de seguridad alimentaria y nutricional que me garantice que la madre embaraza­da y el niño de 0 a 5 años tienen prioridad en alimentación, y en ese orden ancianos, mujeres y hombres en extrema pobre­za. Para erradicarla, lo único que podemos hacer es gene­rar empleo, porque se nos han ido 2 millones de guatemal­tecos en busca de él, no han ido a buscar una bolsa de alimentos a EU, ni han ido a buscar una lámina, han ido a buscar oportunidades y han enviado suficiente dinero para construir casas de cinco o 10 pisos. Capacidad, hay.

 

¿En qué consiste tu propuesta para incentivar el desarrollo empresarial?

Antes de la seguridad legal, hay un tema fundamental y es un sistema de seguros para la protección de los negocios. Guatemala tiene un alto porcentaje de personas que se dedican a la agricultura y 85% está en la informalidad, no tributa, no tiene empresa. Guatemala es el 4° país que tiene más problemas por el calentamiento global, tenemos 11 tipos de catástrofes que aten­tan contra la vida y la propiedad (inundaciones, sequías, terremotos, erupciones, tormentas tropicales). Otro factor a atender es la desburo­cratización. Yo soy empresario. Con un microempresa vendemos pláta­nos en el mercado, ayudando a mi abuelo. Con la mediana empresa he­mos logrado que nuestro programa de televisión se vea en EU, que las películas tengan una participación a nivel mundial ganando algunos premios. Como empresario que ha transitado de la informa­lidad a la formalidad veo la necesidad de que el Estado facilite ese tipo de situaciones.

 

La corrupción ya hizo caer a un gobierno. ¿Cuentas con una estrategia para hacerle frente?

Es el fundamento de nuestra pro­puesta. Estamos dibujando el fron­tispicio del Partenón griego, donde está la base y los tres pilares. La base le hemos llamado “Cero tolerancia a la corrupción”. Lo que plantea es una serie de acciones que nos permitan disminuir lo más pronto posible actos de corrupción que atenten contra la seguridad nacional, compras, contra­taciones de servicios para infraes­tructura, un sistema de licitaciones completamente viciado. Estamos planteando que toda compra, toda contratación se haga a puerta abierta. Esto nos va a garantizar que haya una auditoría social y quede registro de quién compró, quién vendió, qué procedimiento se utilizó, el precio y calidad que ofreció.

 

Guatemala está dentro del top ten de muertes por violencia a nivel mundial. ¿Cuál es tu plan para erradicarla?

Tres cosas: prevenir, luchar en encontrar y mitigar. Se ha luchado en condiciones dispares. El narco­tráfico tiene autos último modelo, tiene lanchas de máxima capacidad, helicópteros, avionetas, mientras nuestras fuerzas policiales tienen una pistola. Hay que modernizarnos en el tema de armamento y depurar los cuerpos policiacos, porque están infiltrados hasta más no poder. Hay que reconocer algunas cosas: en 2009 había 45 homicidios por cada 100,000 habitantes; en 2014, 30 homicidios. Ha disminuido a 15, que es un 33%, aun así sigue siendo una cifra escandalosa.

La prevención es fundamental. Una buena parte de sicarios de Guatemala está entre los 12 y 17 años, es un tema perverso pues como a ellos no se les puede pe­nalizar de acuerdo al código penal guatemalteco, los utilizan para ejecutar crímenes.

La ONU plantea que hay tres causas fundamentales de la genera­ción del delito: el desorden urbano; segundo, la desintegración fami­liar. Se nos han ido 2 millones de guatemaltecos y tenemos 3 millones de hogares, lo que quiere decir que tenemos 66% de hogares que pudo haber sufrido una desintegración, pongámosle un 30 o 40%. Los niños están siendo educados a distancia o con un sentimiento de que el padre o la madre se fue. Tercer elemento: la poca educación. Tenemos un abandono escolar de primaria fuerte y entre 8 y 15% de analfabetismo.

 

¿Está en tu agenda impulsar la anhelada integración Centroamericana?

Guatemala siempre ha tenido una unión unionista. Por lo menos en el imaginario de política exterior siempre hemos querido tener una unidad. Ningún presidente ha teni­do la capacidad de generar un lide­razgo regional que realmente pueda realizar una unidad económica.

 

¿Qué sectores económicos impulsarás?

El sector turístico más explotable hoy por hoy es el Caribe. Tenemos río, lago, la oportunidad de acercarnos rápido al tema precolombino, maya. Si a eso le sumamos la posibilidad de los aeropuertos que están casi en el abandono dentro del país, podríamos rápidamente conectar el altiplano con los pueblos mayas vivos. El otro sector que puede ayudar es el de la manufactura artesanal. Nos per­mitiría dar algún tipo de comercio cultural. También tenemos un textil fabuloso.

 

¿Es la reforma fiscal actual la que se necesita para recaudar?

Si hablamos del tema fiscal es vol­ver a generar la desconfianza que a mi criterio fue el primer fracaso del gobierno anterior. De entrada su primera propuesta fue el paquetazo fiscal que afectó.

Habría que buscarle una solución salomónica a los temas, pero hay que invitar a los informales a que se vuelvan formales por medio del acceso al crédito. En los mercados dan prestamos al 10% diario, eso es el 3,600% anual. ¿Qué empresa se va a desarrollar así? En Guatemala no tenemos un sistema financiero, lo que tenemos es un sistema ban­cario. Los que tienen los prestamos son los bancos y te prestan a intere­ses que no precisamente son renta­bles y no hay capital de riesgo para incentivar este tipo de proyectos. Ya estamos viendo bancos que estén en condiciones de trabajar el tema de los seguros y el crédito bancario.

 

¿Qué harías en los primeros días de gobierno?

Reduciría al mínimo los gastos de alimentación de la casa presiden­cial. No se puede comer bien en la casa presidencial cuando afuera la gente se está muriendo hambre. No soluciona los problemas del país, pero la gente va a ver un hecho, y un hecho vale más que mil palabras.

 

¿No les temes a los grupos de interés políticos y económicos?

Sí les tengo miedo. Me dicen que no me meta en política porque me voy a embarrar, que voy a echar a perder mi reputación. Ya confesé que tengo miedo, pero la decisión no me la tomé en un día, me tomé cuatro años para tomar la decisión y dije: ‘quiero ser presidente de Guate­mala porque amo a mi país y estoy dispuesto incluso a dar mi vida por él’. No es que quiera ser un mártir. Si los que tienen que testificar no lo hacen, las piedras tendrán que hablar. Moraleja: si los políticos no hacen su trabajo, otros tendremos que estar dispuestos a hacerlo.

 

¿Cuál es la moraleja con la que vives?

“Lo que uno siembra es lo que uno cosecha”. Moraleja: siembra bien y vas a cosechar el bien.

 

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