El debate presidencial del martes 29 de septiembre entre Donald Trump y Joe Biden, mostró lo que ya se esperaba de cada candidato. En el caso de Trump, se le vio como un personaje con poco respeto por el adversario, de corte xenófobo, mentiroso en la exposición de cifras y logros, así como violento en las constantes interrupciones que tuvo, mientras que Biden fue un candidato que jamás perdió la cabeza, además de mostrar sensatez en casi en todo momento.

La violenta y absurda forma de discutir de Trump, impactó directamente en la calidad del debate, ya que el todavía Presidente de Estados Unidos no se caracteriza por ser un gran orador e hilar ideas de manera adecuada; su estrategia siempre ha sido violenta, en el sentido de abrumar y acosar al rival, gritar cifras y hechos que no son necesariamente ciertos, buscando la desesperación del contrincante y exhibirlo de esa manera.

Joe Biden sabía que esa sería la estrategia de Trump y que sin duda afectaría el nivel de discusión, por lo que la única forma de salir bien librado del encuentro, era ser tolerante, empático y jamás caer en las provocaciones, lo cual puede generar un impacto positivo en los votantes indecisos y que ya se vio reflejado en las encuestas hechas en Estados Unidos sobre quien ganó el debate.

El promedio de todas las encuestas hechas en Estados Unidos posterior al debate, señalan que el 60% de los televidentes considera a Biden ganador, mientras que tan sólo el 28% observaron a Trump victorioso en el intercambio de ideas.

Otro elemento a destacar, es que, a diferencia de hace cuatro años, hoy Trump no puede repetir constantemente el discurso de volver grande a América otra vez, así como cobijar a la mano de obra afectada por los tratados de comercio libre con México y Canadá, debido a que, en su administración, de acuerdo a palabras de él, ese problema ya se corrigió, lo cual de nueva cuenta lo lleva a gritar, mentir en cifras y acosar a Biden para desesperarlo, ya que existen pocos elementos que puedan ser presumidos como logros reales en su administración.

Ante un momento complicado en Estados Unidos en materia de división social, el partido demócrata sabe que la mejor estrategia es la sensatez, cordura y empatía, ya que el discurso y forma de gobernar de Trump ha dividido a obreros a lo largo del país, a familias de afro estadounidenses con el resto de Estados Unidos, además de señalar a los migrantes de casi cualquier parte del mundo como un problema social y económico para la nación que gobierna.

Trump siempre ha mencionado en sus libros que una gran estrategia para negociar es debilitar al rival, cansarlo y después de eso, fijar condiciones y reglas que le será difícil no aceptar. Esa misma estrategia la ha aplicado a lo largo de Estados Unidos, generando una gran división social.

Debido a ese descompuesto escenario social de Estados Unidos, es muy probable que los siguientes debates sean muy similares que el primero, es decir, un Donald Trump agresivo, en el que buscará siempre desesperar a su rival, pero sin ofrecer ninguna estrategia de mediano plazo que pueda resolver problemas de corte sanitario y económico.

Por su parte, Biden se seguirá mostrando como un candidato sereno y ajeno a las formas de gobernar del candidato republicano, ya que eso le garantiza ser visto como un mandatario más cercano a la unidad y con posibilidades de reducir esa polarización social.

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El autor es Docente de economía en la UNAM, coordinador del Programa Único de Especializaciones en Economía (Posgrado, UNAM). Corredor y fotógrafo amateur en los ratos libres.*

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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