Esta entrevista fue publicada originalmente el 14 de julio de 2015

Jorge Vergara nos cita en un salón del Club de Industriales en la Ciudad de México, después de cancelar en varias ocasiones la entrevista, que ya estaba pactada en Guadalajara. Llega de corbata, algo raro en él. La acaba de comprar, pues no podía entrar sin una a este lugar.

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“La historia de Omnilife comenzó por tres razones: porque estaba gordo, quebrado y enfermo”, recuerda Vergara. “Me independizo cuando me despiden de… Bueno, me independizan cuando me despiden de Grupo Alfa, en la crisis del 81-82, y me pongo a buscar trabajo y no encuentro. No era fácil en aquél tiempo con la crisis. Descubro que no era tan bueno como yo pensaba, yo creí que era de los buenos. En Casolar, yo trabajo para Casolar, en aquella época en que se hizo el desarrollo en Manzanillo, en Las Hadas, llegué a subdirector de Bienes Raíces en el centro y el sur del país, la mitad del país. (…) Cuando descubro que no era tan bueno como creía, también descubro que más valía depender de uno mismo que de una empresa o de una crisis para tener éxito hacia adelante.”

Puso su propio negocio con un amigo estadounidense, un empresario que vivía en Guadalajara que le dijo que debía buscar lo que le apasionaba, lo que le hubiera gustado ser. En aquél entonces le gustaba mucho cocinar. Por eso, puso una freidora de carnitas de cerdo, para surtir a los que venden tortas ahogadas.

“Yo supuse que si yo les entregaba la carne a domicilio era más eficiente que si ellos tenían que ir por ella a los mercados. Pongo la freidora y luego pongo un expendio de carnitas; yo no vendía tacos, vendía carnitas. Trabajo de 4 de la mañana a las 12 todos los días. Porque a las 4 hay que preparar la carne, para que esté lista para los borrachos en la madrugada”, recuerda.

Después se asoció para abrir un restaurante italiano y poco después lo vendió.

“Engordo y me enfermo, por trabajar de 4 de la mañana a 12 de la noche, por comer el mugrero que comía, por supuesto. Imagínate comer grasa de puerco todo el día y luego en la noche pasta, pues no era muy sano. Empiezo a investigar cómo estar sano y saludable, y ahí empieza la historia de mi incursión en Herbalife como distribuidor, cuando abre en México, por invitación de un amigo.

“Soy exitoso como distribuidor, me va bastante bien, me toca la decisión de abrir Francia, después España con ellos, y aprendo mucho. Después, regreso a México y les ayudo. Por coincidencia me voy al Paso, Texas; me convierto en uno de los tres mejores distribuidores de Herbalife. Pero llega un momento en que me cansa tomar tanta tableta, y unos amigos y yo nos juntamos y propusimos al dueño cambiar las fórmulas de nuestros productos. Nos dijo que estábamos locos, que eso no funcionaba. Que para qué cambiar las cosas que funcionaban. De ahí nos nace la idea de fundar Omnilife, que en ese entonces se llamaba Omnitrition.”

Su hobbie era cocinar, no era su pasión. Recuerda que cocinar carnitas no tiene nada de apasionante ni emocionante. “Es una friega de perro bailarín. Lo más difícil es lavar los cazos, más que cocinar. Ahí descubro que una cosa es el hobbie y otra la pasión. Mi pasión nace de estar sano y ayudar a la gente estar sana.”

‘Paciencia y salivita’

Jorge Vergara recuerda que el modelo de Omnilife fue pensado en los latinoamericanos, no en los estadounidenses, porque los sueños y las necesidades son diferentes. Aquí, dice, la gente no es emprendedora, por consiguiente, recibir los pagos cada mes era muy difícil. Optaron por pagar cada 15 días. Les enseñaron también a perseguir resultados, no dinero. Y a cubrir necesidades, no a comprar coches ni prendas costosas. México tiene necesidades, recuerda.

“Nos dedicamos a la base de la pirámide. Los multiniveles buscan siempre la clase media; nosotros siempre hemos buscado la clase más abajo, la de menos oportunidades, teniendo en cuenta que al final es la más trabajadora y con más necesidad de perseguir oportunidades como éstas.”

Dice que ahora es moda, pero cuando empezaron hace casi 24 años esto era algo poco atendido. La base de la pirámide era su objetivo. Hoy 30% de la gente que está en Omnilife no sabe leer ni escribir, y 11% son indígenas, tanto en México como en Sudamérica.

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