Por Felivia Mejía | Fotografía: Alejandro Núñez

En su portafo­lio de empre­sas tiene la re­presentación de una de las marcas de autos más vendidas en el mundo, pero también el antiséptico de mayor tradición en República Dominicana, pues ¿qué dominicano no conoce el “be­rrón” Constanza? El Grupo Najri es así de diverso y exitoso en todos los sectores en los que invierte. Aglu­tina empresas ligadas a productos farmacéuticos y de cosmética, fertilizantes químicos, automotriz, turismo, deporte y hasta una libre­ría de textos cristianos.

José Antonio Najri Cesaní, presidente del grupo, nos cuenta cómo han ido creciendo, reunidos en su despacho de las instalaciones de la Delta Comercial, distribui­dores de las marcas de vehículos japoneses Toyota y Lexus.

Delta Comercial, una de las empresas de mayor movimiento económico del conglomerado Najri, cerró 2015 con alrededor de 4,000 unidades de autos vendidas, que representaron un total que ronda los 7,000 millones de pesos de República Dominicana (a un tipo de cambio de 45 pesos de RD por dólar).

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“Aunque ahora no somos el número uno en ventas por uni­dades porque hay muchos carros pequeñitos con los que nosotros no podemos competir, carros de dos pasajeros, sí somos la compa­ñía que más factura del mercado porque nuestras ventas son de vehículos más caros”, sostiene don José Antonio.

El Grupo Najri ha tenido un éxito sorprendente en el mercado de vehículos, pero los orígenes de los negocios familiares están ligados al sector textil. Don José Antonio deta­lla que su abuelo, de origen libanés, era un comerciante de camisas y su papá fundó en 1959 la industria tex­til más grande del país, denominada La Algodonera CxA.

Esa industria llegó a producir todo el algodón que se requería en República Dominicana. Era una fábrica integrada donde se elabora­ban desde telas hasta productos terminados.

Antes del éxito en los negocios de su padre, su familia vivió en San Pedro de Macorís momentos muy difíciles, porque tras enfermar su abuelo de cáncer, invirtieron todos sus recursos económicos en procu­rar su salud.

“Hay historias de no tener con qué comprar la comida del día y de atrasarse con el pago de los alqui­leres. Entonces mi papá, que dejó sus estudios de medicina y se hizo cargo de la familia con apenas 20 años, decidió mudarse a la capital con todos”, cuenta.

Después de la muerte del dicta­dor Rafael Leonidas Trujillo, a don José Antonio lo enviaron a estudiar a la Universidad de Filadelfia, de don­de egresó con el título de licenciado en administración de empresas con una concentración en finanzas.

En 1969 regresó al país y en vez de trabajar junto a su padre en La Algodonera, se encontró con que administraría su propio negocio, con apenas 21 años. “Para evitar el choque generacional, mi papá compró lo que se llamaba Figueroa y Socías, que era una representante de Volkswagen y Studabaker para la República Dominicana. Ahí comienza nuestra relación con el sector automotriz”, relata.

Esa empresa más adelante cambia su nombre a Safari Motor, que actualmente funciona como el ‘holding company’ del Grupo Najri.

El padre de don José Antonio antes había sido socio de lo que ahora se llama Viamar, pero que en aquella época se denominaba Del Río y Compañía, y era accionista de lo que era la Ford Motor Com­pany en el país.

“Cuando mi padre me entregó las llaves me dijo: ‘José, tú abres y tú cierras. Trabaja. Si fracasas pierdes la garantía de tu vejez y si triunfas tienes todo el futuro por delante’”, recuerda.

Esa frase ha sido el motor de su vida. Aunque ahora físicamente no le es posible abrir y cerrar porque son muchos negocios, el consejo sigue siendo válido. “Abrir y cerrar significa mantenerte en tu negocio desde temprano, dando el ejemplo, hasta tarde. Manteniéndote en control, la autoridad y la austeridad también son clave en el éxito de un negocio”, sostiene.

Para don José Antonio, la edu­cación es muy importante; de ahí que se interese en capacitar con regularidad a quienes trabajan en sus compañías.

En un muro de su despacho cuelgan los títulos universitarios que han obtenido sus hijos y una parte de los muchos reconocimien­tos que él ha recibido, tanto por su trayectoria empresarial como por su trabajo en la política.

Don José Antonio, de 67 años, es muy organizado y preciso en su discurso. Continúa contando que mientras estuvo al frente de Safari Motor le visitó una familia panameña que tenía a su cargo la distribución para el Caribe y Centroamérica de vehículos rusos. Dice que con ellos inició una rela­ción comercial que les valió ser ga­lardonados por su buen desempe­ño. Para la venta de esos vehículos rusos fundaron la compañía Volga CxA, que hoy ya no existe.

“Mi hermano Marcial, que ya había regresado de estudiar en el extranjero, pasó a regentear a Volga, mientras que yo estaba al frente de la Volkswagen. Llegamos a romper récord de ventas con esas dos marcas”, dice.

Najri tiene una sonrisa franca que regala de manera espontánea duran­te toda la conversación, eso hace que el diálogo sea aun más agradable.

Continúa su relato con entusias­mo y señala que en 1983 se les acercó Marcelino San Miguel, que era el propietario de Fertilizantes Quími­cos Dominicanos (Ferquido), para proponerle la venta de su negocio. De una vez aceptó la propuesta.

Hace la salvedad que no participó en el cierre de esas negociaciones porque para esa época lo nombraron secretario de Industria y Comercio (lo que ahora es un ministro), por lo que su hermano Marcial se hizo cargo de esa empresa.

Ferquido se dedica a la venta de fertilizantes y de semillas, así como fungicidas y yerbicidas. Tam­bién el Grupo Najri es propietario de Coferca, que produce químicos para todo el sector agrícola.

“Ferquido se ha convertido en un gran líder no solo en la parte de control de mercado; lo que ha hecho que Ferquido sea una de las industrias más modernas del país ha sido su capacidad para darle al agricultor dominicano una de las semillas de clase mundial más importantes que existen, semillas para la agricultura como es la del arroz”, indica con orgullo.

Su laboratorio agrícola, localiza­do en el muelle de San Pedro de Ma­corís, ha ganado reconocimientos internacionales y tiene capacidad

para producir 200,000 toneladas al año de fertilizantes. Ferquido tiene exportaciones a Cuba, Haití y algunas islas como San Martín. “No­sotros hemos desarrollado nuestras propias semillas, de mayor renta­bilidad, que tienen una protección contra las grandes plagas; semillas que han sido desarrolladas con téc­nicos de Taiwán que hemos traído al país”, puntualiza.

A fin de evitar que Ferquido dependiera de envases elaborados por terceros, crean la empresa Textiles Titán, que hoy día fabrica alrededor de 20 millones de sacos anuales. Sus volúmenes de ventas no dependen totalmente de Fer­quido, aunque esa compañía les significa un cliente importante.

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Expansión

La década de los años 80 fue tras­cendente para el Grupo Najri, pues fue en esa época cuando adquirió varias empresas que hasta hoy se mantienen exitosas.

Después de haber transcurrido casi cuatro años de gestión como secretario de Estado en Industria y Comercio, don José Antonio regre­só en 1986 a los negocios retoman­do la parte automotriz de su grupo de compañías.

Es en ese año, comenta, que inician las conversaciones para la adquisición de Gomep (Máximo Gómez P. CxA), una empresa líder en la distribución de productos farmacéuticos y de cuidado per­sonal en el país. Posteriormente, también adquirió Laboratorios Collado, también ligado a los pro­ductos farmacéuticos. Las ventas de esas dos empresas sobrepasan los 1,200 millones de pesos de República Dominicana (a un tipo de cambio de 45 pesos de RD por dólar). al año. Más adelante adquirió Sebastian del Caribe, líder en el país de produc­tos profesionales de belleza.

Otro hecho importante fue que en 1986 vendieron la línea y los activos de la Volkswagen para dos años más tarde adquirir la Delta Comercial, que era propiedad del político y exvicepresidente de la República, Jacinto Peynado.

Cuenta que antes de adqui­rir esa empresa, lo consultó con Peynado, porque lo consideraba su hermano y “a un hermano no se le compra por la espalda”.

Para Najri, la lealtad tiene un sig­nificado muy fuerte, por eso él dice que sufrió mucho en su trayectoria política porque en ese ámbito no existe esa virtud.

“Yo tengo un concepto de la amistad y la lealtad que viene de herencia de mi padre, que fue un hombre que hasta pagó económi­camente la lealtad a sus amigos y yo heredé una parte de eso, no tanto como él”, afirma.

Y agrega: “Yo soy incapaz de quitarle un negocio a un amigo sin consultarle. Yo sé que la mayoría de los empresarios no son así y en política menos, eso ahí es una jungla completa”.

La Delta Comercial ha estado siempre entre los primeros lugares de venta en el mercado. Toyota y Lexus han tenido una historia de amor con el consumidor domini­cano desde hace mucho tiempo. Actualmente tienen el 16% del mercado automotriz de la Repúbli­ca Dominicana. “Algo importante en Toyota es que sus carros son mucho más caros que los que vie­nen de Corea o de China o de Es­tados Unidos. Sus precios son más elevados, pero el público los paga por la calidad que ofrece y puedo asegurarte que nuestro sistema de servicio no tiene comparación en el país”, expresa. A eso añade que: “No existe otro taller que tenga el nivel científico de aplicación de todos los procedimientos de fábrica que nosotros tenemos, eso hace que nuestros clientes tengan un grado de 98 y 99% satisfacción, por encuestas hechas por la casa de Japón”, asegura.

 

El político

Tres décadas de su vida dedicó don José Antonio Najri al queha­cer político como activo militante del Partido Revolucionario Domi­nicano (PRD). En el periodo 1998- 2002 fue senador por la capital. Ondeó la bandera blanca, a pesar de que su padre era un reformista muy amigo del líder del partido rojo, doctor Joaquín Balaguer. “Yo me fui en contra de la preferencia política de mi tío y mi papá. Y no me arrepentí nunca. Pasé los mejores 30 años de mi vida en el PRD, no ayudando económica­mente simplemente, sino como un militante del partido. Encabecé la capital, gané todas mis elecciones en la capital, mientras fui pre­sidente del Distrito Nacional”, recuerda Najri, que fue vice­presidente nacional del partido que lideró el extinto doctor José Francisco Peña Gómez, su gran amigo personal.

Hablar de su paso por la política le desagrada. Aunque se siente orgulloso de los logros obtenidos. Cuando tocamos ese tema, sus respuestas son breves y su actitud cortante. “Llegué hasta donde tenía que llegar y vino después lo que fue mi gran frustración, mi desilusión con la política”, dice.

Rehúsa opinar sobre la actuali­dad del PRD y apunta que prefiere mantener eso en el cajón de sus recuerdos. “La política requiere de un estómago especial y el mío lamentablemente ya no está en condiciones”, dice, sin perder nun­ca su amplia sonrisa.

Si alguno de sus hijos quisiera entrar a la política, él lo apoyaría, pero prefiere que ellos se manten­gan en los negocios y ayuden al país desde una mentalidad moderna de producción y de apoyo social, donde el capital tenga una función social. “Creo mucho que el capital no debe simplemente ser un capita­lismo cruel, sino tener un contenido social para que la democracia real­mente tenga una base de fortaleza. Este capitalismo actual, tanto mun­dial como el que practicamos en mi país, es cuchillo para la garganta tarde o temprano”, opina.

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El piloto

Don José Antonio Najri es también un experimentado piloto de aviones jet. En su despacho tiene una foto­grafía de su primer jet, un Lear 35. “Jacinto (Peynado) y Cuqui (Marte) se dedicaron a volar, comenzaron con aviones a control remoto, aero­modelismo, y eso nos llevó a todos a coger clases de aviación. Comen­zamos a ser pilotos. En la medida en que avanzaba en mis estudios me daba cuenta de la necesidad de profesionalizarme y terminé yendo a Estados Unidos a especializarme”.

Ya no recuerda la última vez que pilotó. Fue quizás en el año 2000. Sí tiene claro que para esa época en la que disfrutaba la estupenda sensación de libertad que provoca “volar”, no utilizaba los servicios de líneas aéreas, sino que se transpor­taba por sus propios medios. Tuvo sus propios aviones y los pilotaba. Afirma que antes le encantaba reco­rrer a 900 kilómetros por hora en su jet, ahora prefiere pasear a 30 nudos en su yate. “Ando más despacio, ya no quiero la velocidad. Eso se lo he dejado a mi hijo Alfredo que anda corriendo carros aquí en La Cumbre y otros países”, dice.

Alfredo es parte de los cuatro hijos de “la primera camada”, como se denominan ellos mismos. Todos trabajan en las empresas de su papá. Alfredo labora en el área de Ventas de Delta Comercial, mientras que su hermana Charlene se encarga en esa empresa de los departamentos de pre y postservicios. En tanto que su hijo José Antonio está al frente de la textilera y Katherine es ejecu­tiva en Ferquido.

En su segundo matrimonio, don José Antonio procreó a Silvana y Sebastián, que todavía no terminan la edu­cación secundaria. Tiene seis nietos.

Casi al final de la entrevista se acercan al despacho Alfredo y Charlene. Nos encuentran viendo un estante en el que se exhiben pro­ductos farmacéuticos y de cosmética que producen en el Grupo Najri, como la popular Agua Florida. De esa colonia don José Antonio cuenta una anécdota que es leyenda en el llano y que nos hizo reír a todos: “El hombre casado tenía mu­chas ‘libertades’ y a veces para llegar a su casa y que no le olieran el aroma extraño que traía, echarse Agua Florida era la solución. Ese producto es un símbolo del país”.

 

Orgullo

Para Alfredo, trabajar con su papá es “lo máximo”: “Qué mejor que continuar o multiplicar lo que él deje, la responsabilidad de la familia y seguir adelante un pro­yecto que inició mi abuelo. Ellos multiplicaron y ahora nos toca a nosotros”, comenta.

De su lado, Charlene expresa el orgullo que siente por poder formar parte de los proyectos que ha emprendido su padre: “Uno tiene la dicha de pertenecer a algo tan maravilloso y no todo el mundo cuando se integran a las empresas familiares puede decir lo mismo, porque la presión no es solo ser hijo del dueño, sino ser una tercera generación”. Y agrega: “No hay una mañana que no me levante con la contentura de ir a trabajar. Para mí es un orgullo y un honor trabajar a su lado. Todos los días uno aprende de él algo nuevo. Impresionante. No dejo de aprender”.

Don José Antonio, entusiasma­do, quisiera terminar nuestro en­cuentro con una foto con Alfredo y Charlene, pero este par no quiere fotos, alegando que “no están vestidos para la ocasión”.

Convencerlos no fue difícil para su papá. Don José Anto­nio, acompañado de su franca sonrisa, simplemente dijo con firmeza una frase que nos de­mostró sencillez: “El traje no hace al mono”.

Y no se diga más. Todos a la foto, conminados por un exitoso empresario que nos deja la buena impresión de su amabilidad y la determinación para alcanzar las metas que se propone.

 

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