Ciudades y países que organizan juegos internacionales los promueven como imanes de desarrollo, pero lo que suele quedar al final son pesadas deudas. ¿Eso le depara a la ciudad de Toronto con la inminente celebración de los Juegos Panamericanos? Al tiempo.

 

Por Ivan Pérez

Jean Drapeau fue alcalde de Montreal por casi 30 años, y cuando murió, en 1999, los contri­buyentes no habían terminado de pagar los Juegos Olímpicos de 1976, el gran proyecto de este célebre abogado.

Aquella justa de los años 70 en Montreal fue proyectada con un costo de 124 millones de dólares (mdd), pero la ciudad contrajo una deuda de 2,400 mdd que se tardó tres décadas en pagar. Según un estudio de la Universidad de Oxford, los Juegos Olímpicos de Montreal tuvieron un sobrecosto de 796%, el más alto de la historia.

Con errores de cálculo, ¿por qué una ciudad se empeña en tener uno de estos grandes eventos?, ¿por qué Toronto decidió recibir los Juegos Panamericanos este verano?

Los sobrecostos parecen ser la norma. La última sede de estos juegos, Guadalajara, aún tiene una deuda de 320 mdd relacionada con el evento deportivo, en la que gastó 1,343 mdd.

Según cifras de la Organización Deportiva Panamericana, la instan­cia encargada de regir el deporte en el Continente, Toronto invertirá este año 1,145 mdd aproximada­mente y Canadá, como todas las naciones y todas las ciudades que son sede de un mega evento de esta naturaleza, se ha empeñado en sólo hablar de las bondades que, asegu­ra, traerá la justa deportiva.

De acuerdo con la Universidad de Oxford, los beneficios pueden clasificarse en dos tipos. Los tangi­bles: venta de boletos, generación de empleos, turismo, y los intan­gibles: promoción de la ciudad, orgullo, promoción del deporte, intercambio cultural.

Desde 2002, el país de la hoja de maple cuenta con una herramien­ta para medir la repercusión que tienen estas justas internacionales en las localidades que las organizan. Se llama: STEAM (Sport Tourism Economic Assessment Model), un sistema diseñado para analizar el impacto económico. A decir de Rick Traer, CEO de Canadian Sport Tou­rism Alliance (CSTA, la dependencia que ha desarrollado esta herramienta), el software ayudó para que diferentes ciudades canadienses recibieran 4,000 mdd por turismo.

Ni Montreal 1976, ni Vancouver 2010, tuvieron la posibilidad de contar con algún tipo de ayuda ex­terna que sirviera de semáforo para prever los sobreprecios, ni para ase­gurar los beneficios financieros que podrían obtenerse. “Es un modelo que se hizo para calcular el retorno de inversión ante altos costos de los eventos”, comenta Traer al explicar qué es STEAM.

El sistema requiere de ciertos datos para dar su resultado, como el gasto de visitantes, el presupuesto del comité organizador e inversión en infraestructura (cifras que se ob­tienen de los números oficiales del gobierno canadiense y de los orga­nizadores de las justas deportivas). Con esos datos, la herramienta es capaz de arrojar conclusiones como: cuál es la contribución que tendrá el evento deportivo para el PIB local y su impacto económico en la ciudad, pero también da la posibilidad de conocer números de generación de empleos.

Pero STEAM no toma en cuen­ta algo que siempre ocurre en la organización de mega eventos y que sí analiza el estudio Will the Toronto 2015 Pan Am Games really benefit public health? (¿Beneficiarían real­mente los Juegos Panamericanos la salud de las finanzas públicas?), rea­lizado por la Universidad de Toronto este año: el aumento del costos.

El documento afirma que, en promedio, los cifras han aumentado 179% de 1984 a la fecha, tanto en Juegos Olímpicos como en Juegos Panamericanos. Sin ese renglón, ¿podrá STEAM evitar otra catástrofe como Montreal 1976?

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La teoría de firmar un cheque en blanco

Rick Traer ha tenido, además de su puesto actual en la CSTA, partici­pación en dependencias como la vicepresidencia de FIBA Américas (organismo de basquetbol regional).

Y también tiene presente lo que sucedió hace 40 años, cuando su país organizó los Juegos Olímpicos de Montreal. “Tenemos 50 eventos in­ternacionales al año y somos hones­tos con ellos (los administradores de ciudades sede) sobre las consecuen­cias y expectativas de la justa cuando aplicamos el modelo”, comenta.

Pero la responsabilidad no es algo que sea común en las nacio­nes que reciben un mega evento deportivo. “El simple hecho de que las ciudades estén interesadas y hagan la presentación de una candidatura para unos Juegos Olímpicos puede costar hasta 100 mdd”, relata el especialista en negocios deportivos, Andrew Zimbalist, profesor de economía en Smith College.

Mauricio Hernández Lodoño, experto en dirección deportiva de la Escuela Nacional de Deporte en Cali, Colombia, reflexiona que “una candidatura es lo mismo que firmar un cheque en blanco, desde el co­mienzo se sabe que el valor (costo) total será mucho mayor al acordado en la negociación”.

Los 1,343 mdd que teórica­mente costarán los juegos de este año, según detalla el diario Toronto Sun, terminarán en una cifra cercana a 2,570 mdd, lo que convertirá a estos juegos en los Panamericanos más costosos de todos los tiempos.

Algunas naciones o ciudades organizan este tipo de eventos con la finalidad de desarrollar indus­trias, como el turismo en el caso de Canadá. O, por ejemplo, Turquía, que quizá lo haga con el interés de mostrarse como una nación abierta al mundo y ser integrada a la Unión Europea, comenta Traer.

Pero en muchas ocasiones el deseo de ser el foco del mundo, al menos por unos días, tiene conse­cuencias letales. Por ejemplo, para los Juegos Olímpicos de Atenas en 2004 se tenía proyectado que el evento tuviera un costo de 1,600 mdd aproximadamente, sin embar­go la cifra final fue de 16,000 mdd, de acuerdo con el reporte final del Comité Organizador. Cuatro años más tarde, la ciudad de Beijing, en China, se lanzó al ruedo con un proyecto que supuestamente le costaría 1,600 mdd, pero que le ter­minó costando 40,000 mdd.

Peor aún, en ocasiones los mis­mos organizadores o el gobierno terminan por reconocer que hicieron un gasto en instalaciones que ya no serán útiles después de las competencias. Para los Juegos Olímpicos de Invierno en 2006, el gobierno de Turín destinó 108 mdd para una pista de tri­neo y la propia vicepresidenta de la justa, Evalina Christillin, le dijo al diario estadounidense The Wall Street Journal: “No puedo mentirle, obviamente la pista de trineo no se va a utilizar para nada más, es puro costo”.

También está el caso del ex pronosticador del Tesoro Federal de Australia, Graham Matthews, quien comentó sobre los Juegos Olímpicos de Sídney 2000: “Si bien el haber sido sede olímpica nos llenó de orgullo y optimismo, realmente es difícil determinar si esa breve burbuja publicitaria pro­dujo un efecto favorable y durade­ro para el turismo.”

Algunas instalaciones como el Cubo de Agua, que fue señalada como una de las mejores obras de arquitectura de la modernidad y donde se desarrollaron las pruebas de natación en los Juegos Olímpicos de China en 2008, es “subutilizada”.

Por casos como esos, el eco­nomista especialista en deporte Andrew Zimbalist lanza una alerta: “Los planificadores de los mega eventos deben de diseñar infraes­tructura que sea utilizada durante mucho tiempo y que se integre constructivamente a la ciudad o la región sede”.

El estudio del departamento de Economía de la Universidad de Chile, Lecciones para organizar los Juegos Panamericanos, redac­ta como una de sus conclusiones principales lo siguiente: “Los costos de los grandes eventos deportivos superan los beneficios económicos tradicionales y en algunas oportu­nidades el déficit ha sido conside­rable para el país, como ocurrió en Montreal 1976 y Atenas 2004”.

El caso de Guadalajara, hace cuatro años, es el más importante en cuanto a endeudamiento para unos juegos regionales. Este 2015, la ciudad renunció a organizar el Mundial de Natación del 2017 como una lección de los Panamericanos del 2011, donde el estado todavía sigue pagando la justa continental.

“Todavía estamos resolviendo los pendientes de las deudas de los Juegos Panamericanos. Uste­des saben de aquel crédito de más de 1,200 millones de pesos (mdp) para pagar a proveedores, tengo el problema todavía de la inversión de las Villas Panamericanas porque no se previó y hubo mala planeación. Ese es dinero de los jaliscienses”, comentó el gobernador de la enti­dad, Aristóteles Sandoval el 18 de febrero pasado en un acto público para dar a conocer la cancelación del evento de natación.

Con todos estos antecedentes, se le pregunta a Rick Traer si STEAM puede ayudar a Toronto con los sobrecostos de los Panamericanos y ayudar para que la ciudad tenga un evento financiero sano: “Te puedo decir que ahora las ciudades canadienses somos responsables”. Así defiende un proyecto y software que presume le ha dejado a su país 4,000 mdd como derrama por el turismo deportivo.

 

Sólo suposiciones

Toronto promete un legado en instalaciones deportivas como el centro Acuático, la Unidad depor­tiva Panamericana, el velódromo y el estadio Panamericano, según el documento oficial del evento. Pero además se anticipa la asistencia de al menos 250 mil visitantes durante los juegos, con una derrama econó­mica de más de 250 mdd.

Pero los beneficios que puede tener la justa deportiva más impor­tante en el Continente, previo a los Juegos Olímpicos de Brasil en 2016, son motivo de debate en el país sede.

El estudio de la Universidad de Toronto, Will the Toronto 2015 Pan Am Games…? describe las ventajas, pero también las desventajas de organizar los juegos. “Hay datos contradictorios sobre las aportacio­nes que pueden dejar”, indica.

Por ejemplo, detalla que entre los ‘beneficios’ están la ocupación de las instalaciones deportivas y que los juegos impulsarán la actividad física en la región. “Pero no hay datos concretos de que un evento pueda provocar mayor activación física de la población y en las instalaciones deportivas no tienen acceso todos, además están en una zona donde no hay acceso para todos en la región”, advierte.

Rick Traer comenta que lo ideal es que un mega evento “tenga la po­sibilidad de transformar una ciudad, como ocurrió en los Juegos Olímpi­cos de Barcelona en 1992”. Y agrega que el proyecto que él encabeza “entiende los riesgos financieros que tiene un evento de esa magnitud (Panamericanos) y ayudamos a que el riesgo sea mucho menor”.

La conclusión del estudio de la Universidad de Toronto indica que “el legado de los Panamericanos no precisamente tiene que benefi­ciar a toda la población, por eso es necesario un proceso de planeación y organización para que tenga un impacto a largo plazo y no sólo un gasto innecesario”.

Jean Drapeau, quien fuera alcalde de Montreal por casi 30 años, lleva consigo la etiqueta del “Gran Error”, que es como se conoce al Estadio Olímpico de 1976, que terminó por costar 1,500 mdd, el segundo más caro de todos los tiempos, sólo superado por el nuevo Estadio de Wembley (en Inglaterra).

El político que presumía que sus gestiones estaban libres de corrup­ción y burocracia y que estaban dedicadas a la gente, terminó por contraer una deuda que se terminó de pagar en 2006.

Al final de los Panamericanos de Toronto se sabrá si, esta vez, la ciudad sede llegó a la meta.

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