DW.- Donald Trump es el tercer presidente de EU en enfrentarse a un juicio político, después de Andrew Johnson, en 1868, y Bill Clinton, en 1998. Contra él pesan dos cargos: abuso de poder y obstrucción al Congreso. Por un lado, se trata de las supuestas conversaciones y presiones que el presidente estadounidense y otros cargos ejercieron sobre las autoridades ucranianas y el presidente de ese país, Volodimir Zelenski, con el fin de investigar y perjudicar a su rival político, Joe Biden, y, por otro lado, por dificultar la investigación sobre este caso.

¿Más comparecencias y testigos?

La acusación está formada por siete miembros de la Cámara de Representantes, quienes pueden airear y explicar sus acusaciones durante dos días. Los defensores de Trump tienen el mismo tiempo. Por cierto, uno de ellos es Kenneth Starr, cuyo informe de investigación en 1998 condujo al procedimiento de juicio político contra Bill Clinton. El presidente del Tribunal Supremo, John Roberts, es el encargado de presidir el juicio.

Probablemente la cuestión más controvertida de este juicio es si la Fiscalía puede convocar a otros testigos que puedan continuar incriminando a Trump. Además de los demócratas, algunos senadores moderados del Partido Republicano no quieren ser acusados de impedir un juicio justo. Los senadores tomarán la decisión sobre nuevas comparecencias. Al final, votarán si consideran al presidente culpable de los cargos atribuidos.

Los demócratas tienen una lista de cuatro testigos que les gustaría convocar para que declaren ante el Senado. Probablemente la persona más conocida es el exasesor de seguridad de Trump, John Bolton, que ya ha dicho públicamente que está listo para testificar. El Jefe de Gabinete de la Casa Blanca, Mick Mulvaney, también se encuentra entre los testigos que los demócratas quisieran citar.

Los republicanos, por su parte, coquetean con citar a Hunter Biden. Por él se dio a conocer el caso de Ucrania. Si saliera a la luz material incriminatorio sobre su negocio en ese país, distraería la atención sobre la acusación de los demócratas de que las maniobras de Trump solo querían perjudicar a Joe Biden.

¿Comparecerá el presidente estadounidense?

El propio Trump ha declarado en Twitter que está considerando “seriamente” hacer una declaración, en persona o por escrito. Sin embargo, sus abogados también tienen algo que decir al respecto: durante la investigación de la trama rusa sobre Trump del investigador especial Robert Mueller persuadieron al presidente de que se expresara con un texto escrito y jurídicamente pulido. Si Trump apareciera en persona en el Senado, obtendría un punto de ventaja histórico: los dos presidentes anteriores, que también tuvieron que soportar un juicio político, Andrew Johnson y Bill Clinton, se mantuvieron alejados durante el proceso.

Otro punto de interés: si el Senado retirara a Trump de su cargo, el vicepresidente Mike Pence se convertiría en presidente interino. Se espera que Pence se abstenga en la votación final, porque se hallaría en medio de un conflicto de intereses, laboralmente hablando.

Las ventajas de Trump

No hay que olvidar que este juicio es político y no jurídico, aunque los senadores se hayan comprometido oficialmente a actuar como jurado imparcial. Las dos demandas anteriores contra Johnson y Clinton terminaron en absoluciones. A Trump posiblemente le suceda lo mismo, porque los republicanos cuentan con 53 de los 100 escaños del Senado. Un presidente solo puede ser destituido de su cargo con 67 votos; es difícil de creer que haya tantos republicanos apoyando la solicitud de los demócratas.

Solo habría una posibilidad para que sus senadores votasen en su contra: que la opinión pública cambiase radicalmente su manera de pensar sobre su presidente. Entonces sus senadores lo dejarían caer.

Sin embargo, la opinión pública no parece muy impresionada con las revelaciones de los últimos meses. Según la página web RealClearPolitics, el 47% de los encuestados votó a favor de que Trump sea destituido de su cargo y el 47.4%, en contra. El sitio “FiveThirtyEight” calculó, con un método similar, una ligera mayoría del 49.4 a favor de la destitución. Ambos valores apenas han cambiado desde septiembre de 2019, cuando la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, anunció la investigación para llevar a cabo un juicio político.

La actitud de los ciudadanos hacia la destitución del presidente está principalmente relacionada con el partido con el que simpatizan: cuatro de cada cinco estadounidenses partidarios de los demócratas quieren que Trump sea expulsado de su cargo; entre los republicanos, sin embargo, es menos del 10%. Esta tendencia ha permanecido estable en los últimos meses.

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