En las discusiones de directorio, no sólo son claves los conocimientos de los miembros de las juntas directivas, sino también la puntualidad, el compromiso y cero chat.

 

 

Con curiosidad he encontrado que cuando facilitamos la evaluación de juntas directivas en empresas latinoamericanas, es constante la queja de los directores respecto del irrespeto de sus colegas que llegan tarde, se van temprano y chatean durante la reunión.

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Juan es posiblemente uno de los miembros insignia de la junta directiva, tiene el respaldo del accionista mayoritario (quien lo nombró), y cuenta con el conocimiento y experiencia para hacer un gran papel. Sin embargo, los problemas con Juan comienzan desde las mismas convocatorias a las reuniones. Su agenda está muy ocupada y buscar un espacio para que asista es un drama entre la asistente del presidente de la junta directiva, la secretaria del secretario general y la asistente de Juan.

“Cada mes tenemos la misma situación”, esgrime Roberto, secretario de la junta. Una práctica bastante sencilla, pero efectiva, le dio punto final a la situación: definir una fecha fija de reuniones para todos los meses del año. Desde hace un año hacemos todas las reuniones los segundos miércoles del mes de 8:00 11:00 horas. Esta situación había resuelto el problema de agenda con Juan.

Sin embargo, el problema hoy crece: no llega, y cuando lo hace, llega tarde, chatea de forma compulsiva y se retira durante las reuniones para hablar por celular.

La verdad, Juan es muy importante, nos aporta mucho prestigio y su conocimiento de la industria es impecable, pero sin duda debemos prescindir de él, me decía el presidente de la junta.

Definitivamente, las juntas directivas requieren no sólo conocimiento, sino particularmente de compromiso, interés e incluso un poco de pasión de sus miembros. Sin compromiso e interés para preparar, asistir, concentrarse y aportar, la dinámica y funcionamiento de una junta directiva se hace ineficiente.

El problema es, entonces, que como un virus que se propaga rápidamente, la indisciplina toma al resto de los miembros de la junta directiva. Si el presidente del directorio no pone orden, la situación termina por mermar drásticamente el valor de la discusión y, consecuentemente, la calidad de las decisiones.

Las juntas directivas deberían tener una regla “en modo avión”, de tal forma que:

  1. Sean precedidas de su inclusión en la agenda, buena información y planeación logística por parte del equipo de gerencia.
  2. Requieran la llegada a tiempo de todos los miembros.
  3. No se permita el Internet, los chats, ni las llamadas durante las reuniones.
  4. Los miembros se retiren sólo cuando la reunión termina.

Como en los aviones, por más que vayas en clase ejecutiva, la hora de llegada, de salida y las restricciones en pro de la seguridad aplican para todos los pasajeros.

En las juntas, todos los miembros son igualmente importantes y todos merecen respeto. O Juan trabaja en función del equipo o no nos sirve porque retrasa el avión.

 

 

Contacto:

Twitter: @andresbernal

 

 

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