A nivel mundial se cuestiona esta política antiterrorista y se exhibe de paso la poca eficiencia de los cuerpos de seguridad para prevenir o liberar rehenes sin negociar.

 

Recientemente supimos de la aterradora toma de rehenes en un centro comercial de Kenia, por parte de yihadistas  del grupo criminal Al Shabab que ocasionaron  más de 61 muertos entre rehenes, fuerzas de seguridad y terroristas.

Este grupo atacó a civiles en represión a la presencia de milicias kenianas combatiendo al sur del territorio Somalí y a que Kenia brinda refugio a cientos de somalíes en su territorio.

Al respecto el presidente de Kenia Uhuru Kenyatta fue contundente al señalar entre otras cosas que “Hemos humillado y derrotado a nuestros atacantes (…) atacantes que querían destruir el carácter esencial de nuestra sociedad”, en referencia a la composición multiétnica de Kenia, que cuenta con el 12% de población musulmana.

El terrorismo se desató en la forma que hoy observamos a partir de la década de los 60 con la piratería aérea, sin embargo pese a los esfuerzos de la comunidad internacional por crear un concepto unívoco, éste no se ha logrado y ha quedado a la determinación de las legislaciones penales de cada estado.

Los estados han ido construyendo el tipo penal del terrorismo a través de lo que ya existe en el derecho internacional público, y que nace para reprimir los actos terroristas a través de trece convenios y protocolos, de los cuales destacan: el Convenio sobre las aeronaves, el Convenio sobre la aviación civil, la Convención sobre los agentes diplomáticos, la Convención sobre la toma de rehenes, la Convención sobre la navegación marítima, la Convención sobre los atentados terroristas cometidos con bombas y la Convención sobre el terrorismo nuclear.

El episodio vivido en el centro comercial de Kenia, donde el presidente muestra la no negociación con terroristas, nos recuerda la decisión de Vladimir Putin el 3 de septiembre del 2004, ante la tragedia de la escuela de Beslán en Osetia del Norte, donde perecieron más de 300 personas, en su mayoría niños, y donde la frase del mandatario en ese entonces fue: “Hemos demostrado debilidad y los débiles pierden”, refiriéndose a que los cuerpos de élite de seguridad habían entrado tarde para impedir el hecho y que habían sido los terroristas quienes habían ocasionado la matanza. Eso mermó su imagen en Rusia, pero Putin aprendió la lección y actuó con mayor rapidez, tal como el presidente keniano, en la desarticulación de la ocupación chechena de un teatro de Moscú en 2002, lo que incluso le valió votos para la presidencia.

A nivel mundial se cuestiona esta política antiterrorista y se exhibe de paso la poca eficiencia de los cuerpos de seguridad para prevenir o liberar rehenes sin negociar, y que es la que al final hacen ambos presidentes, el keniano y el ruso, no negociaron e ingresaron al sitio tomado aún a sabiendas de pérdidas de vida.

El dilema que plantea el terrorismo es ese: negociar o no negociar una salida. Al final hacerlo es acceder a las peticiones  de grupos criminales de terroristas y mostrar la debilidad del Estado, mientras que no hacerlo genera mártires y la percepción de un estado irresponsable incapaz de proveer de seguridad a sus ciudadanos. ¿Qué pueden hacer los estados para no negociar sino gestionar en este tipo de crímenes?

El terrorismo es un flagelo puesto en la agenda internacional, que exhibe la inquina más miserable de los seres humanos por capitalizar decisiones a su favor aún a costa de la vida de inocentes, el estado es a todas luces el responsable de lo que ocurra en su territorio, sino ¿Para qué sirve la soberanía?

 

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