Uno de los cuadros más devastadores de Tempestad (2016), el sensible documental de Tatiana Huezo, era aquel donde la protagonista narraba su ingreso a la cárcel (fue inculpada erróneamente). La voz de la joven se quebraba mientras explicaba cómo una de las paredes del recinto carcelario tenía una pinta con la frase que hacía referencia a una famosa cita del Infierno de Dante: “Perded toda esperanza los que entráis aquí”.

Era un retrato desolador de lo que sucede al interior de cualquier centro penitenciario de nuestro país. En su estado ideal, la cárcel es la institución encargada dentro de nuestra sociedad de corregir y encauzar comportamientos criminales, aunque en realidad nunca funcionan de esa forma. Sus dinámicas están más cercanas a la de una escuela del crimen o, dependiendo del caso, a la condensación de un microcosmos de nuestra sociedad en general donde la ley parece haberse extinguido. No es un fenómeno nuevo, como lo intenta mostrar en su centro La 4ª Compañía (2016), de Mitzi Vanessa Arreola & Amir Galván Cervera.

La película tiene como protagonista a Zambrano (Adrián Ladrón), un adolescente que ha pasado su vida en correccionales y ahora “se gradúa” entrando a la grande, como lo narra entre risas al inicio del largometraje. Al interior del penal descubrirá que la vida no es un juego, sino una apuesta de vida o muerte donde las reglas de supervivencia dependen de superiores corruptos y cacicazgos impuestos con abierta violencia.

Ambientada durante una de las décadas más violentas de la historia mexicana, a finales de los años 70, cuando López Portillo era presidente y el “Negro” Durazo era jefe de la policía de la Ciudad de México. El penal de Santa Marta no estaba exento de la corrupción política de aquellos años (que se mantiene hasta nuestros días), Zambrano pronto se topa con La 4ª Compañía, una fuerza de choque conformada por los propios reos y representada por el equipo de futbol americano auspiciado por Durazo: Los Perros.

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De esta manera esta producción mexicana se plantea pronto entre dos polos que parecen lejanos, aunque pertenezcan a un mismo universo: por una parte, la película de deportes carcelaria (The Longest Yard, Escape a la victoria) y, en la cancha de enfrente, cine de denuncia (El apando, Brute Force). Es una entretenida mezcla llena de grumos, claro, con una fuerza interior en lucha en constante por imponerse.

Los directores se enfocan en mostrarnos cómo Zambrano se convierte en una herramienta más en las entrañas de La 4ª Compañía, un peón más en un juego de apariencias al interior y exterior de la cárcel. Mientras el Jefe de Policía presume entre reporteros cómo el tener un equipo deportivo ayuda a la rehabilitación de los presos, mientras los jefes del penal les permiten a los mismos prisioneros salir por las noches para cumplir con la cuota de asaltos impuesta por la jerarquía policíaca.

La mirada de Zambrano se transforma poco a poco mientras lo apoyamos en su proceso de deshumanización, al tiempo que la violencia y sus consecuencias (ajustes de cuentas, cobro de cuotas, palizas, asesinatos, etc.) terminan por eliminar cualquier oportunidad que tenga de rehabilitarse. Como lo indican un par de líneas al final, la vida de Zambrano se vio definida por su entrada y salida de nuestro sistema carcelario. Una vida dedicada al crimen porque no tenía muchas otras opciones de desarrollo.

La 4ª Compañía muestra cómo la espiral de violencia nos captura, nos engulle hasta transformarnos en agentes violentos. Si La libertad del diablo permitía comprobar que los últimos 10 años de guerra contra el narcotráfico tienen tantos culpables que es muy posible que todos estamos inmiscuidos de una manera y otra, el crimen tiene rostro definido y al mismo tiempo es una amalgama de todas nuestras facciones. La 4ª Compañía, aun con todas sus fallas, nos deja ver que, en realidad, el crimen siempre ha estado con nosotros, el fenómeno no es algo nuevo, al contrario, la bacteria nunca nos deja sólo espera la mejor oportunidad para contagiar todo.

¿Cómo erradicar algo que parece tan enraizado en nuestras vidas?

 

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