Por Ricardo Weder*

La movilidad es sin duda una de las principales variables que afectan la calidad de vida de cualquier ciudad. Al ser algo que vivimos cotidianamente no dimensionamos realmente su problemática ni oportunidades de mejora.

Las estadísticas de la Sedema de la CDMX indican que se realizan 22 millones de traslados al día con un promedio de duración de 1.5 horas, tiempo que es impactado por los 5.5 millones de coches circulando en las calles. La CDMX no es un caso aislado; las principales ciudades de Latinoamérica adolecen de los mismos problemas: falta de planeación urbana, de transporte público masivo, de ecosistemas de movilidad multimodal eficientes, crecimiento desmesurado de las urbes, falta de políticas públicas que modernicen e incentiven a los ecosistemas urbanos de movilidad, problemas de seguridad, además de creencias culturales sobre el uso del transporte público y la posesión del automóvil particular exacerbada por el imaginario colectivo en relación al uso compartido del coche particular.

Por ello, a diario perdemos incontables horas en el tráfico que podrían ser aprovechadas en actividades que permitan mejorar nuestra calidad de vida. Es clara la necesidad de impulsar políticas públicas que incentiven principalmente al peatón y al ciclista, desarrollar sistemas de transporte público masivo eficientes, seguros y sostenibles, así como integrar las diversas opciones del ecosistema de movilidad para eficientizar los trayectos multimodales.

PUBLICIDAD

Actualmente la mayor problemática vial se debe a la excesiva congestión de vehículos particulares. Aproximadamente, el 65% de la inversión en la ciudad se utiliza para la infraestructura vial y estacionamientos. Además, 45% del petróleo se utiliza para combustible de vehículos ligeros y es precisamente la contaminación atmosférica el principal riesgo ambiental para la salud en el continente americano según la OMS, la cual también estimó que “cada año mueren cerca de 1.3 millones de personas en las carreteras del mundo entero” e indica que los accidentes viales son una de las principales causas de muerte en el mundo.

Adicional a estos problemas, existe una inmensa área de oportunidad ya que un vehículo particular tiene una tasa de uso de sólo el 4% y en promedio lo abordan sólo 1.2 personas por vehículo mientras la capacidad usual es de 4 a 5 personas.

El verdadero problema de la movilidad urbana actual es que estamos construyendo ciudades alrededor del automóvil particular y no alrededor de las comunidades. Las soluciones reales en esta materia se deben centrar en alternativas eficientes para mover personas, no vehículos. Esto, acompañado de la adecuada generación de políticas y alternativas públicas, del aprovechamiento de la tecnología digital y del Internet que permiten un gran flujo de información en tiempo real y sobre todo del impulso a los emprendedores nos dará la oportunidad de recuperar nuestras ciudades y mejorar su calidad de vida.

De la mano de la revolución digital, la revolución de movilidad inició con las ERTs, que buscan eficientizar el gran problema de subutilización del automóvil al brindar alternativas de transporte que promuevan la reducción de tenencia de vehículos particulares ofreciendo, en cambio, el servicio del transporte en sí mismo. Imaginemos cómo cambiaría el panorama si logramos subir ese 4% a un 50% y aumentar a 3 el número de pasajeros por vehículo.

El uso de la tecnología permite, además, conocer mejor las necesidades de los usuarios, optimizar la alineación entre oferta y demanda, así como conectar en tiempo real las diversas alternativas de transporte público y privado. Otro factor que está acelerando la revolución de movilidad es el cambio en los hábitos de consumo de las nuevas generaciones; los millennials prefieren acceder a servicios que comprar productos.

En la medida en que se reduzca paulatinamente la posesión de vehículos particulares veremos crecer alternativas de movilidad a través de la tecnología hasta llegar a plataformas de movilidad como servicio que integren todas las opciones en una sola plataforma (bicis, taxis, P2P, camiones, scooters, etc.), acompañado del auge de vehículos eléctricos o el impacto potencial que tendrá el vehículo autónomo, entre otras tecnologías a largo plazo.

Estamos viviendo la punta del iceberg de la revolución de la movilidad; en los próximos años veremos cómo cambiará el paradigma en torno a la posesión de un producto para darle paso a una verdadera movilidad como servicio en función de las necesidades de las personas.

*Presidente Global de Cabify.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

Siguientes artículos

Agricultura Urbana: un motor de la resiliencia
Por

El programa de huertos en la ciudad de Quito beneficia a cerca de 4500 personas, especialmente mujeres, que se autoabast...