Sentirse enamorado es una sensación especial. La adrenalina, la expectación, el contacto físico, las miradas, todo se conjuga para provocarnos un golpe de emociones en el cuerpo. Conectar con otra persona (a niveles más allá de lo superficial) nos coloca en un espacio diferente. El rush a veces dura poco, pero la memoria de ese impulso sensorial perdura.

Por eso, al tenerlo, no queremos separarnos de él: es dañino, pero no importa. Es mío/tuyo/nuestro. Esos son los temas que explora Amor mío (Mon roi, 2015), tercer largometraje de la realizadora francesa Maïwen y segundo que presentó en la Selección Oficial del Festival de Cannes, donde obtuvo el premio a Mejor Actriz.

Tony (la realizadora Emmanuelle Bercot) se encuentra de vacaciones esquiando con su pequeño hijo, pierde el control en una de las pendientes y termina con una rodilla lastimada. Al mismo tiempo que la vemos rehabilitando su articulación, la película nos transportará a los años en que ella conoció al amor de su vida, Georgio (Vincent Cassel, casanova irresistible), padre del niño y dueño de su corazón, a pesar de las peleas.

Ésos son los dos carriles sobre los que la directora Maïwen (la alien azul del Quinto elemento) hará avanzar su película. La rodilla no será sino la metáfora de la mente de Tony y la necesidad de sanar para poder seguir con su vida. Suena a psicología de autoayuda, lo es; sin embargo, la buena mano de Maïwen para el melodrama impide que esto se transforme en un capítulo más de Lo que callamos las mujeres.

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De ahí que resulte más apropiado el título en francés, Mon roi (Mi rey): él manda aun cuando no sea de manera consciente. La dinámica de los personajes claramente muestra la manera en que Tony subyuga su vida y sus deseos a los de Georgio, de manera voluntaria, claro, porque así es el estar enamorado (“Tu vagina es como la boca de una mujer vieja”, Georgio dixit). La atracción y la necesidad de estar juntos es intensa, fluye en ambos sentidos.  Él no puede evitarlo, también se siente enganchado con ella.

Al exterior, es claro que su relación es una mala idea; las señales de marea picada están presentes, claras e imposibles de ignorar. El hermano de Tony funciona constantemente como el representante de dichas ideas. Desde el día que su hermana se reencuentra con el playboy restaurantero su expresión facial lo denota. “Nunca me cayó bien.” Sin embargo es imposible detener el choque; la gravitación entre ambos es de extrema urgencia.

La irracionalidad con que los dos personajes se vinculan se ve correspondida de manera estética con una cámara que juega en terreno casi noticioso, desde el frente de batalla, mientras los gritos, las explosiones de emoción y los automóviles chocan para expresar que inundan la pantalla. Maïwen no está buscando descubrir nada nuevo dentro del género melodramático; su intención está más cercana a la identificación, al reflejo del público con la pantalla.

Gran parte de la efectividad de la película recae en su pareja de actores principales. Bercot dando salida a toda su miseria e impotencia, mientras Cassel le da un poco de profundidad al clásico papel de encantador conquistador. El magnetismo es palpable en sus escenas, incluso en esa última secuencia en que Tony es incapaz de abstraerse de los encantos de su donjuán. La cámara nos pone al nivel de su mirada, recorriendo el cuello, el cabello, los poros, respirando el encanto de Georgio en cada fotograma. Su relación podrá haber terminado, no así el efecto de la droga favorita sobre el cerebro.

Amor mío es un retrato de la locura que se desata al enamorarse y lo doloroso que es alejarse. De manera similar, aunque dos pasos atrás, a Abdellatif Kechiche en La vida de Adèle (La vie d’Adèle – Chapitres 1 et 2, 2013), o en la faceta más absurda de The Lobster (2015, del griego Yorgos Lanthimos). Enamorarse es un acto irracional, quizá nadie debería hacerlo. Y, sin embargo…

Ya lo decía Woody Allen en Annie Hall: “…eso es más o menos lo que pienso sobre las relaciones humanas, ¿sabe? Son totalmente irracionales, locas y absurdas, pero supongo que seguimos con ellas porque la mayoría necesitamos los huevos.”

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