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Por Jorge Molina Larrondo*

El pasado 10 de mayo, Paul Ryan –líder de la mayoría republicana en la Cámara de Representantes en el Congreso de EU – declaró que los equipos negociadores deberían llegar a un acuerdo, aunque fuera en principio, el jueves 17 de mayo si aspiraban a que el TLCAN fuera ratificado este año por ese Congreso, donde los republicanos tienen mayoría en ambas cámaras. Se espera que la legislatura estadounidense concluya sus trabajos a más tardar el 20 de diciembre.

La declaración del representante Ryan se da en el marco de la ley conocida como Trade Promotion Authority (TPA), que establece los tiempos y requisitos a cumplir por parte del Ejecutivo y Legislativo para la aprobación y ratificación de un tratado de libre comercio (TLC). El TPA otorga al presidente de EU la facultad por tres años de negociar TLCs a partir del 1 de julio de 2015 con la posibilidad de obtener una extensión única por tres años más, la que está en vías de aprobación. Debido a que la Constitución de EU otorga al Congreso la responsabilidad sobre temas comerciales, sin el TPA el Congreso en pleno tendría que negociar cualquier TLC.

Hace unos días, el primer ministro Justin Trudeau declaró que los países se encuentran muy cerca de llegar a un acuerdo, pero la oficina del Representante Comercial de EU (USTR), Robert Lighthizer, emitió un comunicado anunciando que persisten diferencias muy importantes entre las partes quedando mucho trabajo por realizar en reglas de origen, aduanas, propiedad intelectual, acceso a mercados agrícolas, energía, trabajo y denominaciones de origen. A esta lista podemos agregar la cláusula de revisión del tratado cada cinco años, manipulación cambiaria y los mecanismos de solución de controversias.

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Desde entonces, la postura de los republicanos en el Congreso ha sido continuar negociando y llegar a un buen acuerdo, haciendo eco a la postura mexicana. EU promedia 18 meses en la negociación de sus 14 tratados de libre comercio (TLCs), pero ninguno ha sido tan extenso y complejo como la renegociación del TLCAN. Mientras que el TLCAN está compuesto de 22 capítulos, la nueva versión tendrá más de 30, la que será pauta de futuras negociaciones.

Aunque desde el inicio de la renegociación se habló de la necesidad de avanzar de forma expedita para evitar que las elecciones federales en México interfirieran, la renegociación del TLCAN también tiene efectos electorales en EU, lo que hace que este país busque terminar la negociación tan pronto como sea posible. Esto no conviene a México ni a Canadá, cuyo TLC con EU (1988) sigue vigente.

La presión de Trump por anunciar un acuerdo en principio desde mediados de abril refleja su necesidad de mostrar resultados a su base electoral de cara a las elecciones del 6 de noviembre y mantener la mayoría republicana en el Congreso. Entonces se elegirán o reelegirán a los 435 miembros de la Cámara de Representantes y a 35 de los 100 Senadores. Pero las elecciones primarias para determinar a los que serán los candidatos en noviembre iniciaron este mes.

El TPA establece 13 objetivos generales y varios más en 21 áreas específicas, como agricultura, comercio electrónico, empresas propiedad del estado, prácticas regulatorias y manipulación cambiaria con los que debe cumplir cualquier negociación del USTR. Ninguno de ellos se refiere a la eliminación de déficits en la balanza comercial.

En caso de cumplir con esos objetivos, el Congreso se compromete a aprobar el acuerdo sin modificaciones. Ello no ha exentado que en cada uno de los procesos de aprobación de los 14 TLCs vigentes en EU, miembros del Congreso hayan negociado concesiones adicionales a cambio de su voto.

El TLCAN es el primer TLC que EU ha renegociado, lo que ha generado nuevas dudas dentro del complejo proceso de aprobación y ratificación de un TLC en ese país. Además, la actitud dura de Trump y de su equipo de asesores ha ensordecido el proceso.

Primero, el TPA no contempla la posibilidad de actuar sobre “acuerdos en principio.” Establece que una vez que concluya la negociación, el Congreso contará con 180 días calendario para revisar lo acordado y al término de este periodo el presidente podrá firmarlo.

Al llegar a un acuerdo en principio no siempre es posible establecer fechas límite para concluirlo. Y un acuerdo en principio no incluye la revisión legal que se realiza al final de la negociación para asegurar la congruencia y consistencia del texto y que implica negociaciones adicionales.

Treinta días después de la conclusión de las negociaciones, los 17 comités asesores del sector privado norteamericano (ITACs) deben entregar por escrito al Congreso y al USTR su evaluación sobre la negociación. Esta evaluación se realiza en base a los objetivos que estos comités establecieron al inicio de la negociación en áreas como propiedad intelectual, barreras técnicas, servicios financieros, autos, energía y textiles y su opinión no siempre ha sido positiva.

Una vez firmado el acuerdo, la Comisión Internacional de Comercio de EU (ITCUS) cuenta con 105 días para evaluar la negociación. Los comités de Medios y Procedimientos de la Cámara, de Finanzas del Senado y los que éstos a su vez designen para participar en el proceso de ratificación – que dura un máximo de 45 días de sesión en cada cámara – usan los reportes del ITCUS y de los ITACs como evidencia para evaluar los resultados de la negociación.

El proceso de ratificación en el Congreso inicia a partir de la fecha en que el Capitolio recibe de la Casa Blanca la propuesta de ley para la implementación del tratado. Esto ocurre una vez que el Congreso tiene todos los reportes necesarios. No existe una fecha específica para su envío después de la recepción de dichos reportes. Para que un tratado sea ratificado, es necesaria mayoría simple en cada cámara, debiendo votar primero la Cámara de Representantes.

Finalmente, luego de la aprobación del tratado en ambas cámaras, se enviará el documento al presidente para su firma. Cabe entonces la posibilidad de que Trump utilice el tratado como rehén para lograr la aprobación de otro proyecto, lo que implicaría una decidida intervención del sector privado de EU en favor del nuevo TLCAN. No hay una fecha límite para que el presidente firme un tratado que ya ha sido ratificado.

Aun cuando cada cámara puede utilizar un mínimo de esos 45 días de sesión para la discusión del tratado, se vuelve muy difícil considerar que el TLCAN pueda ser ratificado y aprobado este año. Por ello el interés de Trump en conservar una mayoría en ambas cámaras del Congreso ante el escenario de que el TLCAN sea votado el próximo año por la nueva legislatura que tomará posesión la segunda semana de enero de 2019.

*Profesor de Cátedra Negocios Internacionales / Relaciones Internacionales / ITESM / Querétaro

 

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Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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