La autenticidad en la imagen de Trump

La falta de consistencia entre imagen, discurso y actuar, de un candidato, dan como resultado la percepción de falta de autenticidad. La esencia de la persona también necesita permanecer.

Donald Trump durante un acto de campaña en Carolina del Norte (Reuters).

Hace unas semanas vi un video que la revista GQ hizo sobre un potencial make-over al presidente Trump. En él, básicamente se transforma la imagen visual del presidente Trump, a los estereotipos tradicionales que de cómo, un presidente debiera de verse. El video me hizo pensar mucho, porque parto de que el presidente Trump tiene acceso a extraordinarios sastres que harían trajes impecables a la medida, y que el acceso que tiene a estilistas y dermatólogos que harían de su comentado peinado y color de piel, unos con menos potencial a la sátira. Lo cierto es que cuesta trabajo imaginar que una persona con una claridad del valor “marca personal” dejaría completamente olvidado su look; al contrario.

Personalmente, creo que es parte de la estrategia del ahora presidente Trump, el aparente descuido y desconocimiento del porte y talla correcta de su ropa. Si vemos fotografías anteriores a la campaña, hay un “mayor” cuidado y armonía visual de sus atuendos; lo vemos hasta en la fotografía que utiliza en su cuenta de Twitter (@realDonaldTrump).

Hoy, hace sentido la forma en que el presidente Trump se muestra al mundo, pues concuerda la imagen que vemos, con su forma de actuar. Funciona porque se muestra y vende como un antagonista político que no conoce ni le interesa el protocolo ni la gestión tradicional diplomática. Hace sentido y hay consistencia entre su retórica y su imagen.

En las carreras presidenciales alrededor del mundo, uno de los primeros consejos que con frecuencia reciben los candidatos es la creación y/o ajuste de su imagen personal. Y sí, definitivamente es parte del paquete que visualmente los votantes “compraremos” o no. Lo crítico en estas consultorías, es asegurarse que la esencia de la persona permanezca. No dudo que haya personas que sepan mantenerse en un rol 24/7 y cuiden hasta el más mínimo detalle para mantenerse en él. Lo mismo aplica en el mundo de los negocios.

Sin embargo, lo que escuchamos una y otra vez de los millennials es la importancia que la autenticidad tiene para ellos. Un grupo de edad que hoy influye el voto, y con ello el futuro de los países. Un grupo de edad que influye también en la cultura organizacional alrededor del mundo.

La autenticidad de las personas necesita estar ahí para conquistar corazones, llámense campañas electorales o posiciones de alta jerarquía en las organizaciones, para movilizar entonces: mentes. ¿Cuántas veces hemos escuchado que un movimiento X es irracional? Y en muchos casos lo es, y funciona y moviliza gente por el simple hecho que son los corazones los que siguen los afectos en común. Las elecciones de EU fueron una muestra de movilización de afectos comunes, de lo que era políticamente incorrecto manifestar. Visualmente y retóricamente, concordaban imagen, con discurso con el entonces candidato Trump.

La imagen personal envía mensajes, y consistentemente debe de apoyar el discurso. Un error común es cuando se trabajan imagen y discurso de forma aisladas o se trabaja en orden inverso, ya que se percibe como falta de autenticidad o una contradicción.

La autenticidad, la percibimos inconscientemente en el balance del cómo nos vemos, cómo hablamos, y cómo actuamos. Recordemos que mostrar algo que no somos, eventualmente se cae, y es aquí en donde la escancia de la persona en todo el proceso se necesita mantener y salir a relucir.

Al trasladar a las organizaciones estos conceptos, vemos organizaciones que parecieran relajadas en sus códigos y cultura, pero lo son sólo en papel, ya que, en algunos casos, al momento de ver y escuchar a sus líderes, los percibimos encajonados. En el caso contrario, con líderes visualmente muy relajados, dentro de culturas laborales muy cuadradas, hay inconsistencia. La consecuencia en cualquiera de los dos casos, son potencialmente resultados de encuestas de ambiente laboral con poca confianza en sus mandos directivos. La desconfianza está alimentada en muchos casos por la falta de autenticidad, y/o falta de consistencia.

En México estamos cerca de iniciar campañas por la carrera presidencial, y en algunos casos estamos ya viendo ajustes de los potenciales candidatos en su imagen personal. Veremos si logran mantener consistencia entre lo que vemos, nos dicen, y percibimos actúan, y por ende enviar mensajes de autenticidad.

 

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