Por Geizel Torres 

Carrady se define a sí mismo como un optimista por naturaleza. Quizá por esto una de las películas que más le gusta, y de las pocas que volvería a ver, es Lo imposible, del español Juan Antonio Bayona, en la que una familia logra reunirse nuevamente después de enfrentar la catástrofe causada por el tsunami en el Océano Índico ocurrido en el año 2004.

Este filme refleja cómo la voluntad y la perseverancia logran recuperar lo que muchos dan por perdido.

Así ha sido la historia de este empresario, quien ha sabido enfrentar los retos del cine en las últimas décadas. Justo cuando se creía que el entretenimiento en casa sería el fin de la industria como la conocemos, hoy los nuevos bríos que han tomado las salas del cine parecen darle vida para largo rato.

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El empeño en mantener y darle valor adicional a su negocio, le valieron a Robert Carrady para ser reconocido con el primer premio del Top Ten de los Principales Líderes Empresariales de Puerto Rico, isla donde su padre Víctor Carrady, un empresario del entretenimiento neoyorkino, fundó Caribbean Cinemas en 1969.

“Yo literalmente nací en este sector. Para la década de los 50 mi padre tenía inversiones en la industria del cine. Cuando yo tenía ocho años, él se independizó y llegamos de Nueva York a Puerto Rico para iniciar un negocio desde cero”, recuerda Carrady.

Desde muy joven Robert se integró al negocio de la familia. Sus fines de semana y sus veranos transcurrieron entre las salas ayudando a su padre con la nómina, hasta llegar a ser gerente durante las tandas infantiles de los domingos. Tareas que desempeñó hasta 1973, año en que partió a los Estados Unidos para ir a estudiar Economía en la Universidad de Tufts, en Boston.

“Cuando me gradué de la universidad, volví a Puerto Rico para involucrarme de lleno en el negocio familiar, yo quería hacer una maestría, pero mi padre dijo: “¡No! Tu maestría será trabajar conmigo”, y así fue durante 30 años.

Él se convirtió en mi maestro y trabajamos juntos hombro a hombro hasta lograr darle forma a la empresa que tenemos hoy”, recuerda el presidente de Caribbean Cinemas.

De muy poco habría valido el título de maestría si Carrady no afinara, a punta de experiencia, las habilidades para manejar un negocio que ha enfrentado muchos retos durante las últimas décadas.

Sin embargo, con sus hijos, Robert ha sido más flexible y hoy están cursando sus postgrados en Estados Unidos. Incluso, uno de ellos ya está trabajando en una empresa que también se dedica al entretenimiento. Así espera que cuando decidan incorporarse al negocio familiar, traigan ideas frescas que le permitan a la empresa mantenerse por muchos años más.

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Un giro en la industria

El rumbo del cine cambió radicalmente en los años 80 con la aparición de los dispositivos de video como el Betamax, el VHS y posteriormente el DVD, que ofrecían la posibilidad de ver películas desde casa.

La llegada de estas nuevas formas de entretenimiento afectó directamente al mercado, pues por primera vez el público tenía la oportunidad de tener en casa películas completas que, aunque no eran estrenos, estaban disponibles para verlas cuando se quería.

“Fue un cambio muy dramático para la industria, pero nos forzó a mejorar. Hubo muchos cines que cayeron en el descuido. Antes la gente se aguantaba porque no tenía más opción, pero la llegada de las videocaseteras nos obligó a innovar”, recuerda.

Fue entonces que Carrady entendió que era hora de cambiar. Poco a poco los cines se transformaron y dejaron atrás aquellas enormes salas para convertirse en algo más práctico.

El desarrollo de los centros comerciales a mediados de la década de los 80 le dio el respiro que necesitaba. Ahora las personas podían dejar su auto en un parqueo, hacer sus compras, ir a un restaurante y acudir a lugares de entretenimiento.

La tecnología también jugó un papel protagónico en el nuevo auge de los cines. “Había que buscar la forma de diferenciar la experiencia. Y fue cuando aparecieron pantallas de alta resolución, IMAX, sonido digital, imágenes en 3D y ahora 4K, además de butacas más cómodas y salas más confortables para que el público pueda sentirse como en casa”.

Al ofrecerle todas estas novedades, el público aumentó la demanda de películas, lo que hizo que los estudios cinematográficos duplicaran y hasta triplicaran sus producciones.

Esto dinamizó la industria cinematográfica y comenzaron a ofrecerse más títulos con mayor frecuencia. Actualmente, hay al menos una película nueva cada semana y en temporada alta pueden ser hasta cuatro estrenos semanales.

Para el empresario, la magia del cine no desaparece porque hay un componente social que está presente: al ser humano le gusta relacionarse con otros.

Quizás la forma en que este empresario supo asumir las amenazas como oportunidades influyó en que la nueva tendencia de la televisión vía streaming no intimide a Caribbean Cinemas; a pesar de que esta modalidad incluye contenidos exclusivos de muy bajo costo a los que el público puede acceder cuando quiera.

Para Carrady, el mantra de la industria debe estar claro: “Tenemos que seguir diferenciando el producto, hemos demostrado que a la gente le gusta ir al cine y sigue llegando a las salas a pesar de tener películas disponibles en casa al alcance de un click, pero entiende que la experiencia es totalmente diferente”. En esto el empresario no se equivoca.

La magia que las salas de cine ejercen en el público deja ganancias de película. Durante 2014 las salas dominicanas reportaron una recaudación de 790 millones de pesos de República Dominicana (a un tipo de cambio de 45 pesos de RD por dólar) en taquillas, unos 15 millones de pesos de República Dominicana (a un tipo de cambio de 45 pesos de RD por dólar) más que en 2013, según cifras de la Dirección General de Cine (DGCINE).

En 2015, Caribbean Cinemas reportó 3.5 millones de admisiones en sus cines de República Dominicana, lo que le significó ingresos por unos 1,000 millones de pesos de República Dominicana (a un tipo de cambio de 45 pesos de RD por dólar).

Otro de los renglones donde les va muy bien es la distribución de películas, pues se han asociado con las principales productoras del mundo, entre las que están Fox, Disney, Warner, DreamWorks, Universal y Paramount Pictures entre otros. De hecho, de las casi 200 películas que se estrenaron en 2015 en Dominicana, el 85% fueron distribuidas por este grupo empresarial.

A nivel regional, la empresa también se hace sentir. Es la mayor cadena de exhibición de cines en el Caribe y la séptima más grande en Estados Unidos y Canadá por número de salas.

En la zona del Caribe, maneja 470 pantallas repartidas en 58 cines que están presentes en 11 mercados distintos (Puerto Rico, República Dominicana, Trinidad, St. Thomas, St. Croix, St. Lucía, St. Maarten, St. Kitts, Antigua, Aruba y Guyana), donde vendieron cerca de 20 millones de taquillas durante 2015.

En los últimos tres años, la empresa apostó por su crecimiento basado en inversiones que superan los 10 millones de dólares (mdd) para la construcción de nuevos complejos de cine.

A ello se suman los 3 mdd invertidos en la digitalización de 100% de sus salas en 2012. Con este cambio las proyecciones no sólo tienen una imagen mucho más nítida y con mejor sonido, sino que además ahorran el costo a los productores de pasar las películas digitales a 35 milímetros, un material que además es muy tóxico e imposible de reciclar.

Y los planes de expansión no se detienen. En los próximos dos años la empresa tiene planificada la apertura de 70 nuevas salas de cine en cuatro nuevos mercados, incluyendo Panamá (con siete salas) y Guadalupe, donde inauguraron su propio edificio de cines el verano pasado.

En esta conquista del Caribe, por supuesto, está Cuba.

Según Carrady, éste es un mercado interesante al que desean llegar. Sin embargo, al ser una empresa norteamericana, para Caribbean Cinemas existen aún muchas restricciones para hacer cualquier acercamiento por ahora. “Estamos estudiando el mercado y recibiendo información, entendemos que lo primero que debe pasar allá es la distribución de productos, después veremos qué pasa.”

Otro de los grandes aciertos de la empresa fue su apuesta por la diversidad. Con la apertura del centro comercial Novocentro, en el corazón de Santo Domingo, surgió una alternativa para los amantes del cine independiente. Fine Arts es un concepto que ya se había puesto en práctica en Puerto Rico desde 1986 y que está dirigido al público que disfruta las producciones no tan comerciales. Estas salas manejan un volumen de 120,000 visitas al año.

Esta visión del negocio le ha permitido encontrar las diferencias entre culturas y gustos particulares de cada segmento de la población en los distintos países donde la firma tiene presencia. “Nos gusta poner una película de la India en Guayana, son territorios donde hay muchos indios inmigrantes; en Aruba pasamos películas de Holanda, en Puerto Rico les gusta mucho más los filmes de terror, y aquí en República Dominicana las comedias locales tienen muy buena aceptación entre el público”.

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Foto: Jochi Fersobe.

Un éxito en taquilla

En febrero de este año la empresa celebró 40 años de su llegada al país. Fue en 1976 cuando su padre inauguró el primer cine multisala dominicano. “Nos gusta República Dominicana para hacer negocios y para operar los cines”. Carrady reconoce el incremento de la actividad económica luego de la crisis que atravesó el país en 2003.

Según él, el crecimiento sostenido de 7% que anunció el Banco Central a principios de este año, sumado a la rebaja en los precios de los combustibles, lograron dinamizar la economía y estimularon el consumo durante 2015.

Una clara señal de la confianza que han puesto en el país son las inversiones recientes. A finales del año pasado abrieron en la provincia de La Romana un cine de siete salas en el centro comercial Multiplaza, desarrollado por el Grupo Ramos.

Pero la apuesta más importante de la compañía está en Santo Domingo, se trata de un centro comercial de tres pisos que mide en total unos 18,000 metros cuadrados (m2) y una torre empresarial de 11 pisos que mide en total 8,000 m2, bautizado como Downtown Center, un proyecto en el que han invertido más de 25 mdd y que esperan inaugurar este verano.

El inmueble ubicado en el sector de Bella Vista contará con locales para comercios y servicios, incluyendo restaurantes, gimnasio, supermercado, lavandería y, claro está, la más avanzada tecnología en las 16 salas de cine que estarán disponibles.

“Estas salas van a cambiar la forma en la que el dominicano ve cine. Estamos utilizando lo último de la tecnología, además de incluir opciones para la gente como salas vip, un menú de comida más variado y sala para eventos.”

Este proyecto se suma al portafolio de bienes raíces comerciales a través del Caribe, con más de 200,000 m2 y 400 inquilinos comerciales y corporativos, incluyendo a Subway, Panda Express, Cold Stone, Burger King, McDonald’s, Chili’s, K-Mart, Office Max, Foot Locker, entre otros.

La Ley de cine (108-10) ha servido como estímulo a este tipo de inversiones, ya que ofrece a los empresarios tener una exoneración del pago del impuesto de la renta (ISR) por los ingresos que se generen durante un periodo de 15 años, si los locales están ubicados en el Distrito Nacional y la provincia de Santiago.

En el caso de los cines fuera de la capital, se aplica el 100% de exoneración del ISR por el mismo periodo.

Además, la ley contempla la exoneración de los impuestos por la importación de los equipos y el mobiliario para operar las salas. Todo este ambiente de dinamización e incentivos en República Dominicana contrasta con la realidad que vive Puerto Rico, isla donde nació Caribbean Cinemas y que sigue representando un mercado muy valioso para la empresa, ya que tiene una población de unos 3.5 millones de habitantes. “Creo que la debilidad más grande es el pesimismo que se palpa en la gente. Cuando todos sienten esa incertidumbre sobre el futuro, tanto los inversionistas como los consumidores frenan el gasto. Ahora la gente en Puerto Rico no sabe exactamente qué va a pasar en un futuro cercano”.

A pesar de esto, Robert es optimista y sabe, por experiencia propia, que no importa qué tan mal vayan las cosas, el trabajo y la perseverancia todo lo pueden. Así como en Lo imposible, donde luego de una de las tragedias más grandes que recuerda la humanidad, hay unfinal feliz.

 

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