Por María Teresa Arnal*

Soy Ingeniera Industrial. Estoy acostumbrada desde la universidad a que no haya muchas mujeres a mi alrededor. El resto de mi carrera, en tecnología, lo mismo. También en los momentos y lugares donde he estado presente para la toma de decisiones. Por eso entiendo a la brecha tecnológica como un proceso que va de la mano de la brecha de género.

Y sé que cada día que pasa sin que atendamos esto, dejamos pasar miles de oportunidades. Oportunidades para mujeres que buscan escapar de un entorno de necesidad y para un país que quiere levantar su perfil y bien podría aprovechar el impulso de la siguiente ola tecnológica (la Inteligencia Artificial y el aprendizaje automático de las máquinas).

Las profesiones en Tecnologías Informáticas representan el 38% en la demanda total de habilidades en América Latina (CISCO) y según el IDB, para 2025, se necesitarán más de 1.25 millones de desarrolladores. ¡Estamos hablando de sólo 8 años!

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También, diferentes estudios señalan que menos del 10% de las mujeres ocupan posiciones en la industria de la tecnología en América Latina. Y, sin importar en dónde nos encontremos, los porcentajes de participación son similares. Este es un fenómeno global y debemos entender inmediatamente que, aumentar el interés de las chicas por STEM (acrónimo en inglés para educación en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas) y lograr la igualdad de piso en cuanto a oportunidades de crecimiento, es un proceso con metas a corto, mediano y largo plazo.

Al interior de Google, globalmente, en 2016, las mujeres en puestos de tecnología y de liderazgo crecieron un punto porcentual, de 19 a 20% y de 24 a 25%, respectivamente. Es el cuarto año consecutivo en el que nuestros esfuerzos, poco a poco, han movido un poco la aguja hacia el crecimiento (Datos de enero 2016).

Nuestra estrategia en México, que se alimenta de esfuerzos en otros países y del intercambio de buenas prácticas de los equipos de Google, tiene un enfoque especial en estimular el interés por las Ciencias de Computación en mujeres, desde una edad temprana. También realizamos investigaciones para llegar al fondo del problema, aumentamos el acceso y exposición de estudiantes de primaria y secundaria e invertimos en estudiantes brillantes a través de becas.

Empresas como Google pueden dar pasos contundentes, pero aliados con sociedad civil y gobiernos, podemos acelerar el paso. Acá dos ejemplos: El pasado Día Internacional de la Mujer -estaba recién llegada a Google México- anunciamos un apoyo de Google.org, nuestro brazo filantrópico, de $1.1 millones de dólares para apoyar la educación en habilidades digitales de niñas y mujeres de América Latina. Dos organizaciones (Laboratoria y Sulá Batsú) nos ayudarán a inspirar a niñas y mujeres de bajos recursos en la región para que sigan una carrera en tecnología. También les darán acceso a educación de calidad y buscarán insertarlas laboralmente en el sector tecnológico:

Laboratoria -una ONG con presencia en México, Chile y Perú- tiene un 76% de éxito en la inserción laboral de sus graduadas, y les permite acceder a un salario promedio 2.2 veces mayor al que originalmente tenían (3.5 veces en el caso de México). Esperamos que para 2019, un total de 2,000 mujeres en los tres países completen los cursos presenciales.

También, vía Google.org, en 2016 donamos 2.1 millones de dólares a ÚNETE –organización sin fines de lucro — apoyando el desarrollo de habilidades digitales en maestros de 10 estados de la república a través de la integración de tecnología en aulas, del acercamiento de materiales de calidad -emplearán la plataforma Kolibri de contenidos educativos- y del asesoramiento especializado por parte de Google. Nos da gusto ver que estos recursos, a través de Únete, impactarán positivamente la iniciativa Aprende.MX del Gobierno Federal. También que el proyecto entusiasmó a Samsung, a donar equipos para aprovisionar tecnológicamente a algunas de las escuelas participantes.

Esta colaboración permite ver que, cuando se trata de educación y tecnología, todos queremos ayudar a dar el siguiente paso.

Hoy, como nunca antes, debemos usar el poder igualador de la tecnología para impactar positivamente a la mayor cantidad de mujeres posible, este proceso logrará sus objetivos en un menor tiempo si lo entendemos como una responsabilidad compartida. Las empresas debemos ser más capaces y responsables, el sector público generar normas que promuevan la competencia y el ingreso en los mercados. Diseñar programas que fomenten educación en STEM y generen oportunidades para las generaciones futuras. Los padres entusiasmar a nuestras hijas e hijos a ser innovadores.

Las nuevas ideas diversifican la economía, generan nuevos mercados y renuevan el tejido empresarial. Aún nos falta camino para llegar a donde queremos, lo que no debe faltarnos son ganas para seguir avanzando.

*Directora general de Google México

 

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