Comunicarse con la organización adecuadamente, es una habilidad directiva que necesita entrenamiento y sensibilidad humana para tener éxito. Los procesos de comunicación son dinámicos por naturaleza, más aún hoy en entornos digitales, con una población de millenials creciente en mandos medios. Por lo que la interpretación incorrecta de nuestro mensaje puede alcanzar una escala inimaginable en cuestión de suspiros.

Cuidar que la interpretación de nuestro mensaje sea la correcta, es en nuestro propio interés, ya que impacta nuestra imagen ejecutiva. Mensajes bien interpretados, inspiran equipos y ayudan a alcanzar resultados como consecuencia. Lamentablemente, con frecuencia transferimos sin darnos cuenta, la responsabilidad sobre la interpretación de nuestro mensaje al receptor.

Adicionalmente, nos olvidamos de que, hasta los procesos más simples de comunicación, se ven estresados por ruido. Y con ruido me refiero a, todo aquello que entorpece la comunicación y que puede influir la interpretación del mensaje, ej. diferencias de leguaje (aún en el mismo idioma), contexto, estilo, cultura.

Probablemente todos conocemos algún problema causado por:

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  • Partir de un mismo concepto, pero con distinta interpretación.
  • Partir de distintos conceptos, pero con una misma interpretación.

Cuidar la interpretación que da el receptor a nuestro mensaje, va más allá de tener un discurso armado, ensayado y revisado. Tiene que ver más con saber sintetizar ideas, simplificar conceptos, y validar definiciones.

Hay tres cosas muy simples a considerar:

  1. Alinear el entendimiento de conceptos de las partes,
  2. Mantener una escucha activa durante cualquier proceso de comunicación, y
  3. Verificar la interpretación del mensaje.

La responsabilidad, y carga de la interpretación del mensaje, la lleva el emisor.

 

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