En el texto anterior, se vio cómo hay países dispuestos a ejercer en alto grado un “mi nación primero” y en otros casos, “la cooperación primero.” Cabe destacar que considerar a un país como nacionalista o multilateralista no es una postura absoluta, sino que describe una tendencia dominante. Aquí daré cuenta de casos específicos:

Países con acciones nacionalistas

Estados Unidos: Donald Trump rompió con la Organización Mundial de la Salud (OMS), compró a Gilead casi toda la existencia mundial del antiviral Remdesivir, lanzó la operación “Warp Speed” —una asociación público-privada para invertir en el desarrollo de vacuna y coordinar la disposición de cientos de millones de dosis en EE.UU. para fin de año, si fuera posible—, inyectó dinero a institutos y compró por adelantado dosis a Pfizer-BioNTech y Johnson & Johnson. Además, el CEO de Sanofi dijo en meses pasados que “EE.UU. tiene derecho a hacer el mayor pedido anticipado” por su aportación al proyecto.

China: Luego de que China controlara su pandemia, su relación con la OMS ha sido menos dinámica. Después de que China publicara la secuencia genética del virus SARS-CoV-2, el presidente Xi instruyó a funcionarios de su gobierno a que los datos de la pandemia “deben estar abiertos y compartidos con la comunidad científica y tecnológica en China”. Los medios chinos con presencia internacional han dejado claro que el país no confía en Europa ni EE.UU., por lo que permanecerá principalmente solo. También, hay farmacéuticas chinas con avances mayores de cara a las vacunas, que serían tratadas como “propiedad para la humanidad.” Y el gobierno comenzó una “Diplomacia de Vacunas”: anunció USD$2 mil millones de apoyo a países en desarrollo y mil millones en préstamos para América Latina. Finalmente, se han tomado la carrera por la vacuna vía una farmacéutica china como una dimensión en la cual vencer a EE.UU., sumándola a aspectos como Inteligencia Artificial, satélites, patentes tecnológicas, entre otras.

Gran Bretaña (GB): Desde abril, el Secretario de Salud de GB apuntó que buscarían ganar la carrera por las vacunas, dada la “gran ventaja” para el primero que la desarrollara. A la fecha, el gobierno de Boris Johnson ha invertido en la vacuna de ARN del Imperial College London y en la vacuna de la Universidad de Oxford, además de que la institución firmó un acuerdo con AstraZeneca para manufacturar 100 millones de dosis. En julio pasado, el gobierno abandonó específicamente el programa de procura de la vacuna de la Unión Europea —que impulsa la celebración de acuerdos de compra anticipada con los productores de vacunas— aunque se mostró abierto a otras posibles colaboraciones. Interesantemente, la Universidad de Oxford es de las instituciones más conectadas a nivel mundial para el frente de vacunación.

Rusia: El país gobernado por Putin ha puesto mucho empeño mediático para ganar la carrera. El Ministro de Salud, quien apenas lleva un año en el cargo, ha sido muy activo en esta etapa, lo mismo pronunciándose por el acceso universal de la vacuna, que apretando a los tensos investigadores, que ampliando una clásica campaña de propaganda gubernamental. Ha decidido aislarse de la órbita de la OMS, primero rechazando unirse al Acelerador de Herramientas de Acceso a Covid-19 y después, Putin anunció de que Sputnik V, la vacuna desarrollada en el Instituto Gamaleya, había pasado las verificaciones necesarias. La mayoría de los científicos occidentales recibieron la noticia con cautela, especialmente porque el instituto no había divulgado información detallada sobre seguridad e inmunidad, y se había saltado la Fase 3 de ensayos clínicos.

India: El nacionalista gobierno de la India ha tenido mucha incidencia lidiando con el Covid-19, pero menor con las vacunas. Sin embargo, el Consejo Indio de Investigación Médica (ICMR) y el Instituto Nacional de Virología están trabajando con fabricantes de medicamentos como Bharat Biotech y Biocon Limit para acelerar pruebas y llegar rápidamente a producción. El Instituto Serum, el productor de vacunas más grande del mundo, es el as bajo la manga: firmó un acuerdo con la Universidad de Oxford y corrió el riesgo de empezar a producir vacunas que habían pasado la Fase 2 en masa, aún sin tener garantizado su versión final. Su director ha tenido posiciones de que primero asegurará la venta en India, o máximo, colocará a partes iguales vacunas en la India y en otros países.

Países y organismos con acciones multilaterales

Un diferenciador para el multilateralismo es la presencia de organismos y asociaciones internacionales, entre las que destacan algunas con presencia hace medio siglo como la OMS, y otras más recientes como la Fundación Bill y Melinda Gates (B&MGF), así como la Alianza para la Vacunación (GAVI), que busca incrementar el acceso de países pobres a inmunizaciones, así como la Coalición para las Innovaciones en la Preparación ante Epidemias (CEPI).

Dichas multilaterales no están exentas de polémica. Por ejemplo, la OMS ha sido criticada por su percibida tibieza ante China cuando el brote aún no era pandemia, por el tiempo en actualizar sus recomendaciones ante nueva información y por la poca capacidad vinculante de las mismas.

En cambio, la B&MGF y GAVI han sido criticadas por la influencia que la primera tiene sobre la segunda, así como la inyección ‘filantrópica’ tan grande en el sector, de forma que puede tener gran peso sobre las prioridades en la agenda, disminuir la auto crítica y defender el actual sistema de patentes de vacunas y fármacos, valuado en magnitudes del primer mundo.

Sobre los países y bloques con actuar multilateral están:

Unión Europea (UE): La Comisión Europea ha estrechado su vínculo con la OMS y con COVAX, utilizando y cocreando herramientas de las multilaterales, y recientemente anunció que recolectó €7.4 mil millones entre sus países miembros para vacunas y tratamientos, y que un objetivo es el acceso equitativo para sus países más pobres.

Alemania: Ha influido en mantener el espíritu de cooperación de la UE, además de que será uno de los países con mayor capacidad para manufacturar la vacuna, al grado que EE.UU. y Rusia han planteado que algunos millones de sus dosis de vacunas se produzcan en el territorio. Su postura multilateralista habría quedado muy clara cuando, según una especulación de marzo pasado, Trump le habría propuesto a CureVac comprar derechos exclusivos sobre su vacuna, a lo que la mano derecha de Merkel declaró: “Alemania no está en venta.”

Francia: Es con Alemania el gran pilar de multilateralidad en la UE. Luego de la polémica por la preferencia que Sanofi le daría a EE.UU., el gobierno y la población franceses presionaron a la empresa, que se retractó de negociar derechos prioritarios. Macron apuntilló que será un “bien público mundial”, donde la vacuna no pertenezca a nadie, se le dé acceso a personas de todo el mundo y quienes las desarrollen reciban un pago justo.

Noruega: El gobierno de Erna Solberg sobresale por su importante compromiso con financiar y coordinar: comprometió US$1 mil millones en vacunas contra el coronavirus, participa en el Fondo Fiduciario para la Respuesta y Recuperación del Covid-19 de la ONU y en el programa de desarrollo de dicho organismo.

A través de la pandemia se han impulsado bloques de países, como la Alianza de Vacuna Inclusiva —integrado por Alemania, Francia, Italia y los Países Bajos, con el objetivo de manufacturar vacunas en Europa—, además de la reactivación del Fondo Rotatorio de la Organización Panamericana de la Salud —nacido hace 35 años y que agrupa a 41 países y territorios en Latinoamérica y el Caribe—. En un plano más informal, países como Filipinas, EAU, Cuba y Nicaragua entablan conversaciones con el gobierno ruso a fin de realizar ensayos clínicos y pruebas ne sus respectivos países.

De entre todos, la alianza más grande es COVAX, la Instalación de Acceso Global a la Vacuna para COVID-19, que es una iniciativa específica alrededor GAVI que también es codirigida por la OMS y la Coalición CEPI. Tendría hasta 150 países interesados en participar. A través de su principal herramienta, el Acelerador de Acceso a Herramientas Covid-19 (ACT), tiene objetivos como garantizar dosis para al menos el 20% de la población de los países, entrega rápida de las vacunas, apoyar en terminar las fases agudas de la pandemia y reconstruir economías. Para ello, administraría unas 2 mil millones de dosis para finales de 2021.

México: Ha planteado tres estrategias principales:

   1. Activismo a nivel internacional – Lo que comenzó con una propuesta de resolución impulsada por México ante la ONU para fortalecer el acceso global y equitativo a medicamentos, vacunas y equipo médico —respaldada por 160 países—, ha seguido con la participación del país en COVAX coordinándose con GAVI y CEPI, así con el Fondo Rotatorio de la OPS.

   2. Comunicación bilateral con países que están desarrollando la vacuna – Tales como EE.UU., China, Francia y otros países de la Unión Europea. Sus gobiernos también funcionan como enlace con las farmacéuticas que buscan la vacuna.

   3. Acercamiento con la industria farmacéutica – Incluye empresas como Sanofi, AstraZeneca, Moderna y CureVac; el objetivo es tener buena relación con quienes pudieran tener la vacuna, así como ofrecerles al país para realizar pruebas, y en algún caso, manufacturar los fármacos.

A pesar de estas acciones, en el plano internacional llegaría a tener más peso en la obtención de la vacuna la aportación económica y la capacidad tecnológica, que la hiperactividad diplomática.

Conclusión

De acuerdo con la B&MGF, luego de ya tener el desarrollo de la vacuna, el costo de vacunar contra la Covid-19 a todas las personas sobre la Tierra sería de unos USD$25 mil millones, unas dos horas del PIB global. De acuerdo con el Instituto de Investigación e Innovación Farmacéutica (INEFAM), México, suponiendo que el costo de la vacuna fuera de unos 230 pesos por vacuna, se requerirían unos 26,000 millones de pesos para vacunar al 70% de la población —la proporción necesaria para lograr cierta inmunidad de rebaño—, más el costo de despliegue.

Como se ha visto aquí, existen tantas fuerzas y circunstancias en acción que veremos países con líneas multilateralistas y nacionalistas. Los científicos han dado el ejemplo pero, ¿les seguirán los líderes? La respuesta es de la más alta importancia: si la cooperación no ayuda a resolver esta coyuntura, habrá pocos incentivos para ejercerla cuando aparezcan problemas aún más grandes, como las potenciales catástrofes del cambio climático.

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