La situación de la economía mexicana es algo que ya ha dejado de cuestionarse. Que la principal economía de toda Latinoamérica ha paralizado su crecimiento es un hecho. La economía mexicana se encuentra en un escenario bastante negativo, donde las previsiones del gobierno, han quedado en nada. Unas previsiones que dotaban al país de un, a priori, gran crecimiento, pero que, ante la situación real y la tasa de crecimiento cosechada, se han quedado en un duro estancamiento de una economía que trata de paliar con una tendencia negativa cada vez más acechante.

Y es que, pese a que la economía se desacelere, los planes que planteaba el presidente AMLO eran bastante confusos. Y digo confusos por la sencilla razón de que se trataba de un conglomerado de políticas que, ante un baño de realidad como el ahora visto, tienen un alto grado de incapacidad por la forma de ejecutar los presupuestos, haciendo política ficción con ingresos que, en una situación como la actual, no se ajustan a los previstos; ya que estos, por el diagnóstico inicial, se adaptaban a un ritmo de crecimiento más acelerado que, por el contrario, el visto en última instancia.

Mientras las previsiones atendían a un 2% como tasa de crecimiento real para la economía mexicana, las revisiones del 3er trimestre dejan un sabor agridulce para los analistas que, ya en su día, predijeron tal crecimiento. De acuerdo con la lectura, la economía mexicana durante el 3er trimestre continuó en la misma línea de estancamiento que lo hacía en el trimestre pasado, registrando un muy escaso crecimiento del 0,1%. Un crecimiento que, visto por otro lado y ajustando a la estacionalidad, muestra una contracción del 0,4% para la economía mexicana, incidiendo aún más en la importancia de realizar diagnósticos realistas.

Unos datos que muestran la incapacidad del país mexicano a caer en la autocomplacencia. Y hablo de la autocomplacencia, pues en una situación como la actual, las políticas que, a priori, se contemplaban, donde no crecían los impuestos, donde se iba a mantener una política de austeridad, así como un incremento en el gasto para política social, en un escenario donde el cuestionamiento de los ingresos ante la caída que está experimentando la economía es cada vez mayor, podríamos estar ante la necesidad de reformar esas políticas presupuestarias, adaptándolas a la situación vigente.

Una adaptación más que necesaria, pues mientras se esperaba recaudar tal capital; ahora, y ante lo ocurrido, tendrán que medir de donde se obtendrá el capital para seguir invirtiendo en las políticas sociales que el mismo AMLO vaticinó, pero que, ante una caída en los ingresos por la menor actividad económica del país, podría llegar obligar al presidente a incumplir su programa; ya sea por el recorte en materia de política social, o, por otro lado, un incremento fiscal a las empresas, obligándole a recaudar más dinero público para financiar su programa de gobierno. Una situación que afecta, como es de esperar, a todos los ciudadanos en el país.

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La situación económica a nivel global se está deteriorando. El balance de riesgos que compone a la economía está cada vez más deteriorado, mientras que el Fondo Monetario Internacional (FMI), ante el consenso de analistas y los resultados que arrojan las revisiones de crecimiento de los países, anunciaban lo que ellos llaman como “desaceleración sincronizada”. Ante una situación como esta, no contemplada en su política de gobierno, el presidente de México debe tratar de aportar soluciones para revertir una situación cada vez más debilitada para la economía azteca.

Esto, en un momento donde las economías emergentes presentan una mayor vulnerabilidad a la hora de captar inversión extranjera, ha llevado a que esos niveles de inversión caigan por debajo de lo esperado, provocando con ello que se merme la actividad económica en el país. Las tensiones que sacuden a la economía global nos están llevando a una complicada situación, donde los inversores se muestran cautelosos, a la espera de que vuelva la normalidad al escenario político y económico, volviendo con ello la garantía de que los flujos de inversión, esta vez, no caerán en saco roto.

Para enfocarlo hacia el punto de vista de los ciudadanos, y aunque la situación se siga presentando favorable para el país, podría repercutir en grandes problemas a la sociedad civil; pues en un escenario en el no exista capacidad de abordar determinadas políticas de impacto, podríamos ver cómo, ante una desaceleración más profunda y por cuestiones de Ley de Okun, la economía mexicana podría comenzar a destruir, con su decremento, empleo en el país. Es decir, de entrar en un entorno recesivo, podríamos ver como las empresas aztecas, ante la desaceleración económica, comienzan a reducir sus inversiones, así como su actividad; mostrando una mayor cautela para no correr riesgos.

Esto tiene un claro impacto en la economía mexicana, que, ante los riesgos que atraviesa el país, podría ver cómo el consumo de los hogares, ante un contexto desfavorable, se ve afectado. La cautela es un factor a tener muy en cuenta en escenarios recesivos, pues ningún empresario acomete inversiones en un contexto en el que la incertidumbre prima sobre todos los aspectos. Un escenario que, a diferencia de otros, posee un alto grado de complejidad, ya que los factores son más externos que internos y, por ende, la capacidad de resolución es más limitada.

Los ciudadanos del país deberían mostrar una actitud, como poco, cautelosa. Y con cautelosa me refiero a una actitud austera, sin incurrir en gastos superfluos y excesivos, ante las curvas que se avecinan para la economía mexicana y que podrían derivar en una situación de insolvencia -tal y como podría ocurrir en el país, ante el incumplimiento de las previsiones-.

En un escenario como el actual, ni el empleo, ni el consumo está garantizado. Tampoco la política social o la fiscalidad en el país. Estamos ante una situación preocupante para el país, así como para su economía; la cual se encuentra muy debilitada y vulnerable. Una economía que podría poner en serios riesgos a los ciudadanos en el país, engañados por unas promesas que no son más que eso; promesas.

 

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