De múltiples maneras se ha buscado hacer coincidir los propósitos de los emprendedores con los de la academia, pero hay un gran ausente en estas posibilidades de propiciar una sociedad mejor: el de la cultura cívica que debe dar sustento a una democracia y una economía eficiente en un marco de estado de derecho funcional.

 

 

 

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Por Germán Martínez Martínez, académico del Departamento de Estudios Internacionales de la Universidad Iberoamericana

 

 

Imagino que un lector promedio de Forbes está interesado tanto en los asuntos de negocios, como en aquellos que rodean a las posibilidades de emprender, que con frecuencia no parecen directamente vinculados. Como todo empresario competente descubre en sus tareas, hay mucho, casi demasiado, que puede incidir, para bien y para mal, en los proyectos económicos.

Por otra parte, a los científicos sociales, desde la academia, nos suele interesar el análisis y la comprensión de por qué los acontecimientos en una sociedad ocurren de la manera en que lo hacen. De múltiples maneras se ha buscado hacer coincidir los propósitos de los emprendedores con los de la academia: desde intentos de aprovechar el conocimiento en favor del rendimiento empresarial, hasta colaboraciones sin fines de lucro. De esta manera se ha buscado, por mencionar vetas populares, vincular la actividad académica con el combate a la pobreza o con potenciar reformas económicas y políticas que puedan crear entornos empresariales más favorables. Por ello, en México no faltan, y acaso hasta sobran, centros e institutos, parte o no de universidades, dedicados, por ejemplo, a la transición democrática y a cuestiones de marginación social.

Sin embargo, hay un gran ausente en estas posibilidades de propiciar una sociedad mejor: el de la cultura cívica que debe dar sustento a una democracia y una economía eficiente en un marco de estado de derecho funcional.

Me refiero a la cultura que llanamente hace que la vida cotidiana sea civilizada y que hace que una sociedad procese de forma efectiva sus problemas. Esto empieza con la posibilidad de caminar por una banqueta sin que los vecinos crean que ese espacio les pertenece y que por tanto pueden utilizarlo para estacionar su vehículo, ni para que su perro defeque o que salte encima de uno; ni, tampoco, para la circulación de motocicletas o de esa nueva plaga de incivilidad que son muchos de los ciclistas recientes de la ciudad de México. Tiene que ver con que uno pueda cruzar una calle con la confianza de que si el semáforo está en rojo para los vehículos, los conductores no continuarán su camino, al tiempo que hablan por teléfono, pues de hacerlo la autoridad vial los multará por cada una de las faltas cometidas. Por supuesto, ese es el problema: no sólo la policía no aplica el reglamento de tránsito, sino que quienes manejan muestran, en la práctica, que ni siquiera conciben que deben dar prioridad y estar atentos a los peatones, ¡y los peatones asumen que deben cuidarse de los coches más que reprobar el comportamiento de sus conciudadanos! Cuando así ocurre más que una expresión de sano pragmatismo estamos ante la derrota de la vida civilizada, del respeto mutuo, y propio, que da cohesión y viabilidad a una sociedad. Porque esto es sólo el andar de un peatón, cuando revisamos otras dimensiones, llegamos a los puntos que hacen que nuestro aparato de justicia no funcione bien, porque tenemos individuos más interesados en despachar asuntos que en cumplir la alta responsabilidad de hacer cumplir la ley; empresarios que no pueden triunfar porque sus proveedores suelen quedarles mal, porque la autoridad les pone trabas para obtener algún soborno o porque los mismos empresarios prefieren la facilidad de la mordida al cumplimiento cabal, creyendo que hay lógica económica en ello, sin alcanzar la claridad de que la perversión de los negocios siempre será más costosa que el seguimiento de las normas. La civilidad, en todos los niveles de nuestro actuar social, es una de las mejores recetas para contribuir al desarrollo de México y hacer más disfrutable nuestra vida cotidiana.

Ante esta realidad, con la colaboración inicial del Dr. Carlos Cordourier y el Dr. Armando Román, estamos fundando un centro de investigación y difusión (think tank) independiente y multidisciplinario: CIVILIDAD. Queremos investigar, reflexionar y actuar en torno a lo que hace que la vida en nuestro país tenga dificultades que podemos superar con la promoción de una cultura diferente. Es decir, nuestro énfasis no serán los reclamos al gobierno o los políticos, sino lo que necesitamos hacer cada uno de nosotros para que esta sociedad sea diferente. En este mismo espíritu, y por el carácter liberal y cosmopolita de esta institución, preferiremos la financiación privada y estaremos abiertos a las colaboraciones más allá de este país.

Piénsese, para continuar con el ejemplo vial, cuánto tráfico podría reducirse simplemente con que el conjunto de los conductores respetase las normas que ya existen. Y así como se puede hacer que esto suceda, los alcances de una cultura cívica adecuada, no corrompida como la que ahora padecemos y ejercemos, puede tener consecuencias extraordinarias. Por eso nuestra intención es entender que resulta disfuncional para alcanzar los objetivos que decimos tener y que el sentido común nos indica como deseables, para también colaborar en la superación de dichas taras. En nuestro laboratorio de ideas (think tank) no nos hacemos ilusiones, abordaremos los asuntos con realismo: la cultura de una sociedad no cambia en unos meses, ni por campañas bobaliconas o foros con figuras internacionales. Se trata de una tarea a largo plazo, pero hay ejemplos contemporáneos, de diversos países, que nos muestras que unas cuantas décadas pueden resultar en una transformación significativa, al tiempo que algunos resultados son observables en, relativamente, poco tiempo. Así pues, esperamos que el surgimiento de CIVILIDAD sea una contribución importante para que usted, lector de Forbes, y el resto de quienes aquí vivimos, vislumbremos cómo nuestra vida diaria, política y de negocios puede llevarse de una manera mucho más satisfactoria.

 

 

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*Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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