El problema no es que la gente viva lejos del centro de la ciudad; el problema clave es que vive lejos de su trabajo.

 

 

Entre las nuevas políticas del gobierno, una que ha tenido gran impacto es el llamado a una mayor densificación. El razonamiento básico es que al vivir en una ciudad todo está cerca. En el momento que la vivienda queda por la orilla o fuera de la ciudad, la vida urbana pierde ese sentido. La legendaria salida en la mañana de la periferia hacia el centro, en la oscuridad matutina, muchas veces en un microbús atascado de gente, hombro a hombro, dormidos, es emblemático de este fenómeno.

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Es obvio que hay un enorme desperdicio de tiempo y dinero en este proceso. Pero es una realidad dictada por la pobreza de los pobladores; a fin de cuentas comprar un terreno cerca del centro de la ciudad es mucho más caro que comprar un terreno en la orilla. Si uno sólo gana 4,000 pesos al mes, obviamente será muy difícil alcanzar ese sueño. Para tener una idea, vi un anuncio de venta de terrenos por Los Reyes con un enganche de 8,000 pesos y mensualidades de 1,200 pesos. Entonces, mientras la mayoría de los mexicanos no gane más dinero, tampoco será posible ofrecerles vivienda más cercana a la ciudad a precios competitivos sin subvenciones importantes.

Al momento que uno entiende las causas por las cuales la gente está tan lejos de la ciudad, también entiende porqué el llamado a una mayor densificación, en sí, es más probable que no vaya a funcionar. Existe la idea de que por medio de normas y sanciones se puede cambiar el orden urbano. Sin embargo, siempre ha habido normas y sanciones. El punto es que no funcionan, y esto es algo que va mucho más allá de la vivienda, y que requiere un cambio profundo en como funciona la sociedad mexicana.

En lugar de enfocar el ordenamiento territorial en la ubicación de la vivienda, probablemente sería más factible enfocarlo en las empresas donde trabaja la gente. En este momento es muy común que los habitantes del Valle de México vivan muy lejos de su trabajo y el tiempo que inviertan en sus desplazamientos sea de hasta cuatro horas. El problema no es que la gente viva lejos del centro; el problema clave es que vive lejos de su trabajo. Y eso no sólo es problema de la periferia; mucha gente que reside dentro de la ciudad también hace largos recorridos para llegar a su empleo con todo lo que esto implica en tiempo muerto y sobrecarga de infraestructura. Entonces una política de vivienda sensata debe atacar este problema.

En esta política de vivienda, las empresas inevitablemente deben asumir un papel primordial por ser los sitios del empleo. La cantidad de viajes que genera una empresa para que sus trabajadores lleguen a su empleo, en fin, es una externalidad de las empresas. Si esta externalidad fuera reconocida en términos económicos, las empresas tendrían un incentivo para estar cerca de sus trabajadores.

Para usar un ejemplo muy simple: si las empresas tuvieran que pagar viáticos a sus trabajadores por kilometro recorrido probablemente darían preferencia a contratar gente que vive cerca o mover sus operaciones a donde hay muchos potenciales trabajadores viviendo cerca. O uno podría imaginar un esquema en que el gobierno dé incentivos a las empresas por contratar personal en la zona donde está ubicado su centro de producción y operaciones, o por ayudarlos a encontrar vivienda cerca de sus instalaciones. Tal vez ayudaría si sacaran sus procesos productivos de las zonas céntricas de las ciudades y ofrecerles incentivos por moverlas las hacia las orillas, donde generalmente hay una mejor ubicación logística a nivel regional. A su vez, se podrían usar los espacios liberados para vivienda u otros servicios.

Cabe mencionar que en China es muy común que la gente viva al lado de su trabajo y, por ende, no pierden cuatro horas diarias en el tráfico, como es el caso del trabajador en la orilla de la Zona Conurbada del Valle de México.

Hasta podría ser una oportunidad para que el sector privado mejorara la productividad de sus trabajadores, ya que el desgaste causado por los largas viajes es enorme. Políticas activas dentro de las empresas para ayudar a empleados a mudarse cerca podrían ser vistas como parte de sus programas de responsabilidad social.

Más allá de uno u otro esquema de reubicación, lo importante es empezar a pensar en términos de la ubicación exacta de los empleos, y no sólo el lugar donde habitan los empleados. El error de las grandes empresas de vivienda no era construir lejos de las ciudades, más bien era hacerlo lejos de los empleos. Visto desde esta perspectiva, la prioridad es poner en un mapa la ubicación del trabajo. Finalmente, cualquier esquema de reordenamiento territorial debe partir de este punto.

 

 

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