La presidenta de la Fed admite, mediante una carta, de forma explícita que de lo que se ha tratado la política de tasas en mínimos históricos y las rondas de inyección de liquidez (QE) no fueron para rescatar a las personas, sino a los bancos.

 

El pasado lunes 23 de noviembre se dio a conocer que la presidenta de la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos, Janet Yellen, respondió en una carta que los ahorradores estadounidenses estarían peor si ese banco central no hubiese bajado las tasas de interés a casi cero por ciento desde 2008. Reiteró que espera que el alza de tasas, cuando llegue, será “gradual”.

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La misiva fue dirigida a un grupo de personas entre las que se encuentra el famoso activista defensor de los consumidores, Ralph Nader, que se quejaron por el bajo rendimiento que los instrumentos financieros tradicionales les están otorgando.

Ante la petición de mayores tipos de interés, Yellen aseguró que “un aumento demasiado agresivo en las tasas cuando mucho beneficiaría a los ahorradores sólo temporalmente”. Para la presidenta de la Fed, la política de tasas de interés en cero por ciento (ZIRP, por sus siglas en inglés) ha protegido a los estadounidenses de una caída dramática en el valor de sus casas y cuentas de retiro.

Apuntó que “muchos de estos ahorradores indudablemente habrían perdido sus empleos o pensiones (o enfrentado un incremento en la carga de mantener hijos y nietos desempleados)”, si la institución que ahora dirige no hubiese actuado como lo hizo. Añadió que la reducción del costo del crédito ayudó a hacer más accesibles las compras de consumidores estadounidenses y a crear “millones de empleos”.

Lo anterior, no olvidemos, se da en el marco de la especulación sobre un posible incremento de tipos en la próxima reunión del Comité de Mercado Abierto (FOMC) de la Fed. Aquí hemos resaltado que dicha escalada de hecho DEBERÍA ocurrir, y debió hace mucho.

El punto es que la carta de Yellen es histórica. Es la admisión explícita, su “confesión” de que –en última instancia-, de lo que se ha tratado la ZIRP y las rondas de inyección de liquidez conocidas como “flexibilización cuantitativa” (QE), es de inflar de forma artificial los precios de los activos, como los bienes raíces. No ha sido para rescatar a las personas, sino a los bancos en cuyas hojas de balance aparecen esos activos.

Dichos activos por cierto, que antes la misma Fed ya había inflado con políticas análogas de tasas bajas luego de la recesión de 2001, y que cuando reventaron en la crisis de 2008-2009, su “solución” fue insuflar de nueva cuenta en ellos como nunca antes.

O sea que el banco central de Estados Unidos justifica el sacrificio de los ahorradores de ese país –y del mundo-, “por su propio bien”.

El tema es que la Fed no ha impedido de ninguna manera que el valor de esos activos aludidos se desplome por los suelos, sino que sólo lo ha pospuesto.

Veamos. Al decir Yellen que un alza de tasas traería solo beneficios temporales a los ahorradores, de forma implícita dice que el beneficio de largo plazo por mantenerlas en cero más que lo compensa. Pero esa teoría parte de un supuesto falso: los precios de los activos se caen “solos”, por causas “desconocidas”, por “desconfianza” temporal, etc. es decir, sin justificación alguna. No admiten lo que es en realidad: culpa de una inflación artificial previa provocada por el mismo banco central.

Los precios de nada son fijos, nunca, y tampoco tienen por qué ir al alza siempre. Si así fuera, la acción de la Fed se justificaría, pero eso es un absurdo.

La Fed no ve –o mejor dicho, no quiere ver y menos confesar-, que el ciclo de auge y depresiones crecientes es originado… ¡por ella misma!

Cuando el mercado alcanza el punto en que no puede absorber más deuda/crédito –como le está ocurriendo a China con la burbuja crediticia que hinchó también desde 2008-, el castillo de naipes de los precios encarecidos por la manipulación del banco central se desploma hacia su verdadero valor.

Repetir el ciclo inflacionario en activos que antes fracasó, sólo puede tener el mismo resultado cada vez: el colapso.

Nadie quiere ser culpado por pararse junto al precipicio y empujar a la víctima y justo por ello aquí estamos escépticos respecto a la “inminente” alza de tasas. Sí, debieron comenzar a subir hace mucho justo para pinchar las burbujas y tomar de una vez la amarga medicina. De una nueva Gran Depresión ya no es posible salvarse, pero sí se puede evitar que los costos se sigan agravando: entre más se cargue la bomba peor será la explosión.

Por desgracia, en este espacio no somos optimistas. Si la Fed sube los tipos en diciembre no importará, pues cuando llegue la siguiente recesión a Estados Unidos, recurrirá de manera desesperada a cualquier herramienta para repetir la locura de reinflar burbujas. En esa baraja no descarte tasas negativas y/o un QE4. El “juicio final” llegará por la fuerza cuando el sistema entero se venga abajo y el oro sea el último gigante de pie.

Lo anterior debería ser suficiente para entender que basar el crecimiento económico en el consumo sólo puede tener un destino fatal. Es la acumulación de ahorro –piedra angular del capital generador de riqueza-, la base del crecimiento sostenido. Claro, ahorrar significa SACRIFICAR consumo presente en aras de uno mayor en el futuro y eso no gusta a los políticos. Pero aplastar a los ahorradores es un “pecado” económico mortal que no sólo pagarán ellos, sino toda la humanidad.

No, señora Yellen, no nos hace ningún favor.

 

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