Los espacios que le dan rienda suelta a los comentarios incómodos son pocos en la barra. Sin embargo, eso no significa que no puedan convertirse en un gran negocio de largo plazo. Por lo pronto, la radio por internet se asoma como una opción colateral.

 

Por Jennifer Juárez y Tania L. Montalvo

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El noticiario matutino de Carmen Aris­tegui todavía estaba al aire en la estación 102.5 de FM cuando su audiencia ya había tomado la decisión de “defenderla” para que no perdiera el espacio en MVS. En la plataforma Change.org inició una carrera #EnDefensaDeAristegui, con la que finalmente se rompió récord de participación con más de 100,000 personas que dieron su firma en menos de 24 horas, para que la voz de la conductora se si­guiera escuchan­do en la radio mexicana.

“Nunca había­mos registrado una interacción como la que se logró con el tema de Carmen Aris­tegui. Hubo una respuesta inmediata de la audiencia y no sólo por la cantidad de firmas (218,000 al finalizar marzo), sino por todo lo que vino después”, explica Alberto Herrera, director de Chan­ge.org en México.

Con ello, se refiere a las movi­lizaciones de protesta frente a las oficinas de MVS en la Ciudad de México, los llamados a boicotear los negocios vinculados a la radiodifu­sora y la creación de una campaña internacional en redes sociales: #MexicoWantsAristeguiBack.

La audiencia se movilizó y, en medio del debate multitemático sobre la libertad de expresión y el conflicto entre particulares, puso so­bre la mesa el tema de sus derechos. “Cuando se cierra un espacio infor­mativo y la audiencia la identifica como una voz que le está aportando algo que no encuentra en otras vo­ces, entonces se está agraviando a la audiencia porque ésta tiene derecho a información plural”, explica Clara Luz Álvarez, especialista en derecho y telecomunicaciones del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Sin embargo, como explica Ga­briel Sosa Plata, ombudsman de MVS y analista de medios de comunicación, al empresario de radio y televisión se le da el regalo de la autorregu­lación: “Puede suceder que estén ahí los derechos (de la audiencia), pero como letra muerta porque no se establecen sanciones. El que debe proteger esos derechos es el defensor de la audiencia y si deter­minado derecho no se cumple, éste no tiene poder de decisión; lo que hace es emitir recomendaciones de incumplimiento, que pueden ser atendibles o no”.

¿Pero por qué “un problema administrativo” —como MVS calificó al conflicto con Aristegui— llevó a la cancelación del programa de noti­cias más popular de la radio?

“Empresarialmente y no em­presarialmente es muy difícil de entender, pero en esto perdimos todos: pierde MVS, pierde Carmen Aristegui y pierde la sociedad”, ex­plica el vicepresidente de Relaciones Institucionales y Comunicación Corporativa de MVS, Felipe Chao. Incluso podría haber un cuarto perdedor: el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, señalado por presuntamente haber influido en la decisión de la radiodifusora.

Pero entre todos los perdedores, la voz que menos se escucha es aquella a la que, paradójicamente, se deben el negocio de la radio y los periodistas: la de la audiencia.

“Las audiencias en México han sido ignoradas durante décadas. No obstante el discurso de las empresas de que cumplen una función social, en realidad es un acto más discursi­vo porque pesan más las relaciones político-económicas de los empresa­rios que las audiencias”, acusa Sosa Plata. “Salvo algunas excepciones, lo que tenemos es que las audiencias han sido maltratadas, subestimadas y engañadas a lo largo de muchas décadas”.

Un caso llama la atención: el de José Gutiérrez Vivó, quien asegura que con su programa “Monitor” mantuvo el puntaje más alto de audiencia en radio de 1974 y hasta su salida en 2008. Según sus números, siete de cada 10 personas que escu­chaban información en la radio en el Valle de México eran capturados por su micrófono.

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Foto: Fernando Luna Arce. 

La mano del gobierno

Junto a la violación al derecho a la pluralidad y a la información, hay otra cosa que se pierde: un buen negocio.

Y es aquí cuando Jorge Fernando Negrete, director general de Media­telecom, una consultoría dedicada al análisis de telecomunicaciones en México, habla del “efecto ancla”, en­tendido éste como el trabajo que un periodista hace para garantizar que la gente permanezca en la estación.

“El modelo del gran periodista es, sin duda, el que concentra los grandes ratings para una estación de radio y es el modelo que también genera los mayores ingresos. Tener a una figura es el ancla que garantiza tu modelo de negocio a lo largo del día. Esta figura implica, en prome­dio, 50% de la facturación de la esta­ción, ya que ésta permite arrastrar el rating al resto de la barra”.

Las cifras de rating y los anun­cios comerciales muestran que, en realidad, un noticiero crítico e independiente en la radio puede ser un gran negocio para el empresario que decide darle un espacio.

“Si el conductor del noticiero se vuelve soso, no critica, esconde noticias, entonces en ese noticiero baja la audiencia y obviamente sus ingresos. Por eso Carmen tenía tanto éxito: porque era muy dura, muy crítica y todo el tiempo estaba agudizando la noticia. Entonces, como empresario, ¿qué hago? Pues dejo que mi locutora diga todo lo que quiera. Porque si no la dejo, mi noticiero se puede caer”, explica Luis Mercader, director general de International Research Associates (Inra), una empresa de medición de audiencias altamente especiali­zada en radio.

¿Qué podría implicar o derivar en “un problema”, para que un programa o noticiero exitoso salga del aire? Según periodistas, hay un factor clave que supera la importancia de la audiencia y del negocio: el gobierno en turno.

Decía Carmen Aristegui el 19 de marzo (cuatro días después de la decisión de MVS de sacarla del aire), que enfrentaba junto con su equipo una batalla por la libertad de expresión, por la li­bertad editorial, por las audiencias, por los ciudadanos, por el derecho a decidir y por el derecho a escuchar.

Ella no es la única que ve la mano del gobierno de Enrique Peña Nieto en su salida. Gutiérrez Vivó, quien involucra a los ex presidentes Vicente Fox y Felipe Calderón en su salida de la radio, dice que un noticiero como el de Carmen no tiene oportunidad de estar al aire en este sexenio. “No la van a reinstalar, como ella busca, mientras no haya un sí de Los Pinos. Los que están al aire están porque al gobierno le con­viene y están aprobados por Presidencia”.

Hay una voz más que se une a esta idea. Pedro Ferriz, quien abandonó el noticiero “Primera Emisión” en 90.5 de FM por una supuesta presión política, lo explica así: “Pienso que Carmen está fuera porque Peña Nieto no le perdonó que sacara lo de la Casa Blanca. Nada más te pongo una salvedad: Carmen hizo su trabajo y seguramente el gobierno se la cobró, pero Carmen podría haber salvado el trabajo si no hubiera hecho algo que agraviara a la organización con una toma de decisiones que le correspondía a MVS, no a ella”.

 

El reparto del mercado

En la radio mexicana no existe una separación entre quien tiene el capi­tal y el que toma las decisiones; ahí inicia la vulnerabilidad del negocio y está la clave de sus problemas, explica Francisco Vidal Bonifaz, periodista, analista de medios de comunicación y autor de Los dueños del cuarto poder (Planeta, 2008).

“Se hace muy poca distinción de dos funciones que tiene el capital: una es poseer las cosas y otra es operar como dueño. El ‘capital pro­piedad’ implica que cada quien sea dueño de lo que quiera. Sin embargo, en los desarrollos más modernos del ejercicio periodístico, el ‘capital función’, o sea la dirección de la empresa, no la ejercen los dueños. En México vemos cómo los dueños se meten hasta la cocina de las deci­siones editoriales”.

Pero además de la necesidad de separar el capital de la dirección editorial, Vidal Bonifaz apunta que también hay un problema en la forma de explotar un bien público: “Tienes muchos espacios con un periodista ancla en donde la publicidad depen­de de éste, no de la cadena. Ahí no in­fluye la audiencia, sino el nombre del periodista. ¿Dónde está el problema? En que es un bien público y se hace negocio de venta de publicidad a través de un tercero, que condiciona el ejercicio periodístico”.

En este punto entra otro tema controversial en México: la publicidad oficial. En 2013, el primer año de gestión de Enrique Peña Nieto, se ejercieron 4,195.076 millones de pesos (mdp) en gastos de publici­dad gubernamental, según datos oficiales que recopiló Fundar Centro de Análisis e Investigación. De ese monto, 13% fue para la radio. Las cadenas radiofónicas reci­bieron 379.5 mdp.

“No estamos en contra de que exista la publicidad oficial. La controversia está en la necesidad de transparentar el gasto y las formas o arreglos bajo los cuales se asignan los recursos. Por la ausencia de criterios claros de cómo se asigna, hay un uso pervertido, desviado, de la publicidad oficial, y un amplio riesgo de que sea una herramienta para que en lugar de alentar la plu­ralidad y hacer efectivo el acceso a la información, sea una herramienta que permita controlar y limitar el flujo de información en el país”, sostiene Justine Dupuy, coordinadora del área de Transparencia y Rendición de Cuentas de Fundar.

Pero de la radio hay otra pieza que pareciera fundamental y que no conocemos: la configu­ración del negocio.

Las cadenas radio­fónicas “son mutables”, explica el consultor de telecomunicaciones Jorge Fernando Negrete: “Se arman y se desarman según los planes de negocio. Haz de cuenta que de repente una cadena necesita para Coca-Cola armar 300 estaciones de radio a nivel nacional; entonces va y las renta y crea una cadena específicamente bajo ese modelo de negocio. O en el mismo formato de Los 40 Principales, que se trata de comprar tiempos en la mayoría de las cadenas del país, y se hace una sola cadena administrada por la marca. Es muy complicado decir cómo está dividido exactamente el mercado, porque todos son absolu­tamente movibles”.

Tanto movimiento de las cade­nas de radio puede explicarse en razón de la búsqueda de alcanzar economías de escala: “A medida que vas sumando estaciones, estás reduciendo el costo unitario. Si tengo el noticiero de Carmen para una estación, tengo que repartir el millón que ella me cuesta en la estación. A medida que tengo más, sólo produzco una vez y nada más reproduzco en mis 10 estaciones. El costo unitario se reduce y en cada estación entra publicidad indepen­diente. Ese es el negocio”, añade Francisco Vidal.

 

¿El futuro es la web?

Casi 15% de los radioescuchas en el Valle de México —donde la penetra­ción de Internet es superior que en el resto del país— accede a las estacio­nes de radio a través de sus teléfonos móviles, según datos de Inra. Menos de 3% de la audiencia escucha la radio en México a través de la web.

“Se están multiplican­do los medios de comunicación en internet. La globalización conlleva a que haya en la multiplicidad de medios valores diferenciados que hagan que la gente identifique dónde quiere estar y cómo”, dice Ferriz de Con, quien recientemente estrenó en internet su canal “Ferriz Live TV”, el cual en su primer mes tuvo más de 4 mi­llones de visitas y en el tercero prác­ticamente duplicó la cifra, según los datos del mismo periodista.

El proyecto de José Gutiérrez Vivó es similar. En San Antonio, Texas, donde reside actualmente, creó una empresa para lanzar Radio Silencio, una estación independiente que transmite desde el pasado 23 de marzo un noticiero de dos horas, que además se puede descargar en podcast y escuchar desde cualquier dispositivo móvil.

En opinión del periodista José Gutiérrez Vivó, los radioescuchas no tienen mucho qué hacer para lograr que el modelo de negocio de la radio cambie y que las decisiones editoriales no tengan vínculo con los intereses del dueño ni con los de un gobernante.

A pesar de ello, hay un mundo ideal: uno en el que haya lugar para la crítica, pero con contrapesos, que al final del día resultaría convenien­te para la sociedad, los empresarios y el gobierno.

 

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