Por Adolfo Laborde*

Las coyunturas son fundamentales dentro y fuera del pragmatismo de los países en el concierto internacional que en ocasiones va más allá de las bases, principios y fundamentos de la política exterior. Esto viene a colación por el reciente posicionamiento de nuestro canciller Marcelo Ebrard ante la 74 Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU).

Ebrard expuso ante el mundo la Cuarta Transformación (4T) que nuestro país está experimentando. Declaró que “el principal objetivo del gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador es terminar con la corrupción, reducir la desigualdad, acelerar el crecimiento de la economía y que México sea una sociedad segura”.

De igual forma, dejó claros los principios de la política exterior de México que radican en los principios de “no intervención, autodeterminación de los pueblos y la solución pacífica de las controversias”. Igualmente señaló que “el gobierno mexicano se considera feminista con equidad de genero que es el fundamento de la equidad”. Asimismo, aseguró que México respaldará todos los esfuerzos del Beijing más 25 que es el programa de la ONU más ambicioso para empoderar a las niñas y mujeres de todo el mundo que en el año 2020 cumplirá 25 años de la conferencia en esa ciudad donde se establecieron estos objetivos (ONU, 2019).

Paralelamente a ello, estableció que el gobierno de México “seguirá luchando contra el cambio climático, la solución de los flujos migratorios y en las desigualdades”. Además, enfatizó uno de los principales intereses de nuestro país es “reforzar, ampliar y profundizar nuestra adhesión al sistema multilateral, al multilateralismo eficaz” (Newsweek en español, 28 de septiembre de 2019).

Esta postura se debe de entender por la coyuntura de México en el contexto de nuestras relaciones internacionales y por lo establecido en materia de política exterior en el Plan Nacional de Desarrollo que fijó la relación con Estados Unidos como una región prioritaria y un regreso a la región latinoamericana con la que tenemos profundos lazos históricos. No es fortuito que México en el 2020, por un año, presidirá la presidencia de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), que desde la presente coyuntura abonará a equilibrar y compensar nuestra profunda relación asimétrica (económica y política) con los Estados Unidos.

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Sin entrar a fondo en los conflictos electorales coyunturales por los que atraviesa el presidente Donald Trump (investigación por parte de la cámara baja para un juicio de destitución) lo que de alguna manera pone en riesgo la ratificación del T-MEC en este año y augura una embestida de la administración de nuestro vecino del norte en temas tan sensibles como el migratorio y el de seguridad fronteriza que traerá consigo de nuevo mayor incertidumbre que afectará, sin duda, la continuidad y éxito de la 4T.

Aquí no cabe la frase de que “la mejor política exterior es la interior”. Esto nos demuestra que México no es una isla y lo que acontece en el terreno global y regional nos afecta. ¿No sería mejor enfocar nuestros esfuerzos de diversificación política y económicos con países con los que somos complementarios en términos comerciales y aleados en agendas globales comunes? A mi me fascina la idea de voltear a América Latina y el Caribe con quien hay una integración espiritual, pero no real.

Al respecto, deberíamos de cuestionarnos si América Latina y el Caribe nos podrán ayudar a cambiar la ecuación comercial que nos indica que de acuerdo con el Banco Santander (2019) nuestro comercio exterior está concentrado con Estados Unidos el 80% de nuestro comercio exterior.

Desafortunadamente el comercio con la región no es muy representativo ya que son solo dos países con quienes tenemos una mayor relación comercial: Brasil con 0.9% y Colombia con el 0.8% del total de nuestras exportaciones. En la estrategia de diversificación deberían estar países como Canadá (2.8%), Alemania (1.7%), China (1.6%), Japón (1%), España (1 %), Corea del Sur (0.8%), e India (0.8%).

México se encuentra en una importante coyuntura que le dará la pauta de establecer una estrategia en materia de política exterior apegada a una realidad que nadie puede negar. Ojalá que el posicionamiento reciente en la Asamblea General de las Naciones Unidas por nuestro Canciller y el activismo internacional de México, así como la alianza y firma de convenio de promoción comercial entre la Secretaría de Relaciones Exteriores con la Secretaría de Economía a principios de este año, lo mismo que la incorporación de su nuevo Centro Internacional de Negocios (CINSE) en septiembre pasado colaboren en ello. Ojalá que así sea porque las coyunturas son solo eso, coyunturas.

*El autor es doctor en Relaciones Internacionales. Profesor Investigador de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Anáhuac México.

 

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