Una lluvia de ideas, que incluso podría ser disruptiva, no necesariamente garantiza el éxito. Para ello se requiere algo “más acabado”: la innovación es la clave para resolver problemas de negocios.

 

 Por Luis Arnal*

 

No cabe duda, tener creatividad en los negocios es una de las habilidades más importantes hoy en día, y una fuente de diferenciación y competitividad. Las empresas más exitosas en el mundo hacen lo posible para estimular la creatividad de sus colaboradores. Pero, ¿tener creatividad es suficiente para ser innovador? No.

Pensar en ideas nuevas podría ser muy fácil. Cualquier persona tiene la capacidad de hacerlo, pero, ¿es una idea por si sola útil y valiosa? No. Sin embargo, si aplicas la creatividad para lograr un propósito, por ejemplo satisfacer una necesidad real de la gente, se pueden lograr ideas que además de ser diferentes y originales, añadan valor a la vida de la gente: de esta forma aseguras el éxito de la solución.

Así, existe una diferencia fundamental entre la creatividad y la innovación. La primera está enfocada en generar ideas originales y diferentes. La innovación es una actividad mucho más amplia que la creatividad e incluye: 1) un pensamiento estratégico para definir qué problema exactamente se debe resolver, 2) la generación de soluciones relevantes que satisfagan una necesidad; 3) ejecución adecuada de estas ideas para monitorear su valor y obtener resultados concretos.

La creatividad es un ingrediente indispensable cuando se hace innovación, pero no reemplaza ni es lo más importante cuando se intenta ser innovador. “Una cosa es pensar en nuevas ideas, ser creativos; y otra muy distinta hacer cosas nuevas, llevarlas a la práctica, ser innovadores”, dice Carlos Domingo, presidente y consejero delegado de Telefónica I+D.

 

El origen de un creativo

Existen algunas profesiones cuyo objetivo es crear y esto les permite tener más experiencia que la que tendría un contador público que está entrenado para “analizar y procesar información”. Esto no significa que un contador no pueda ser creativo, sino que debe aprender a desarrollar estas habilidades fuera de su trabajo. Conclusión: la creatividad no es cualidad de unos cuantos, sino de aquellos que saben utilizarla.

El verdadero potencial creativo no reside en la simple producción de ideas, sino en la actividad cognitiva (que supuestamente ocurre en el lóbulo derecho del cerebro) que permite que una idea nueva se forme.

Las habilidades de la persona creativa son varias: ser buen observador, ser altamente imaginativo, ser capaz de pensar a nivel abstracto, reconocer patrones y similitudes, ser capaz de “conectar los puntos” y reconocer analogías, pensar visualmente y en múltiples dimensiones (es decir de manera no lineal), tener la disciplina para no juzgar anticipadamente las ideas, generar una alta producción de ideas diferentes (utilizar el pensamiento divergente), sentirse cómodo en ambientes altamente lúdicos (bromas, juegos, actuar o jugar un papel), ser muy curioso y de rápido aprendizaje, creer en el poder de la experimentación (la cual es una forma de juego), estar continuamente insatisfecho con el statu quo (creer que todo puede ser mejorado), ser buen comunicador y contador de historias, ser valiente para sugerir ideas y no tener miedo a ellas; y, por supuesto, apasionarse con la creación.

Estas habilidades son importantes para convertirse en una persona creativa, pero la persona creativa necesita desarrollar este expertise por medio de la práctica y el fortalecimiento de estas habilidades.

 

El papel de las empresas

De igual forma, la gente más creativa ha desarrollado estas habilidades de manera formal (por medio de entrenamientos o cursos), o informalmente (durante experiencias de vida), aunque la forma más efectiva es una combinación de ambas.

A nivel empresa, muchas quieren fomentar la creatividad entre sus colaboradores, pero no todos saben cómo hacerlo. Las empresas que pretendan desarrollar el potencial creativo deben enfocarse en entrenar las habilidades que hacen a una persona creativa, y no sólo en el resultado (generar ideas). Pero hay un problema: en siete de cada diez empresas no existen los incentivos que fomenten la innovación.

Las grandes empresas valoran y fomentan el pensamiento analítico y de certidumbre, y dejan a un lado el pensamiento intuitivo y de experimentación. En un contexto corporativo no se confía en la intuición de la gente, sino en la justificación analítica y lógica para tomar decisiones.

Eso muchas veces sucede por temor, lo que representa uno de los más poderosos detractores de la creatividad, ya que las empresas nunca recompensan los errores, pero sí el statu quo. Si algo sale mal, un líder podría culpar a los números y sacudirse de la responsabilidad que conlleva un fracaso; pero si una decisión se toma intuitivamente, y algo sale mal, la culpa caerá sobre la ineptitud de la gente que ayudó a tomar la decisión. Las empresas toleran los errores respaldados por la ciencia, pero no los errores respaldados por intuición. Este principio intimida el pensamiento creativo.

 

Los incentivos necesarios

Uno de los elementos más importantes para fomentar la creatividad es la motivación. Muchas empresas no saben reconocer, medir e incluso valorar la creatividad en sus colaboradores. En realidad, las grandes organizaciones sacrifican la creatividad por la eficiencia.

Aunque siempre pensamos que un incentivo tiene que ser económico (material), existen dos tipos distintos de incentivos que entran en juego y que podrían ayudar a incrementar el potencial creativo de un equipo de trabajo. Los incentivos sociales son aquellos enfocados en una satisfacción intrínseca al ser “reconocido” por otros (premio al más creativo de la división, empleado del mes); mientras que los incentivos morales son también intrínsecos y tienen que ver con los valores y sentir como persona (“estoy haciendo algo bueno para el mundo”, “me hace sentir bien hacer esto”).

Según Teresa M. Amabile, profesora de Harvard Business School y una de las voces autorizadas en el estudio de la creatividad en las empresas, la motivación intrínseca es mucho más fuerte para potenciar la creatividad, que la motivación extrínseca. La gente más creativa es aquella que ve en la creatividad un medio para alcanzar la felicidad. Si preguntas a cualquier emprendedor exitoso cuál fue su principal motivación para crear una empresa, responderá que fue una motivación intrínseca; no el dinero.

En una empresa de cientos de empleados es difícil replicar este principio y provocar que todos tengan una motivación intrínseca para ser creativos día con día. De hecho, no creo que sea la mejor idea que todos los colaboradores de una empresa sean altamente creativos todo el tiempo, ya que sería una empresa muy caótica y sin estabilidad. Más bien, para que la creatividad pueda fluir en una empresa sólo bastan algunos cuantos que, con sus acciones e ideas, contagien “moderadamente” a otros (tener esto muchas veces es suficiente para lograr los objetivos del negocio).

 

Cuidado con los extremos

La mejor forma para saber cuánta creatividad se requiere en una empresa es intentando lograr compensar el exceso entre dos factores: el extremo análisis y el extremo creativo.

Dependiendo del sector donde trabajes, la empresa puede ubicarse más en un extremo que en otro. La mayor parte de las grandes empresas —sobre todo de sectores como banca, seguros, farmacéuticas, ingeniería— operan bajo principios más analíticos (extremo análisis); por su parte, las grandes empresas de productos de consumo, automotrices y tecnología, conviven en el centro; mientras que las empresas más pequeñas conviven en el otro flanco (extremo creativo).

La clave es alcanzar cierto balance entre el pensamiento analítico/racional y el pensamiento creativo/intuitivo. Como algún día dijo Steve Jobs: “Sigue a tu corazón, pero consúltalo con tu cabeza”.

Confiar un poco más en la intuición y en las ideas creativas de la gente puede generar soluciones a los problemas más difíciles de una empresa. En el estudio El estado de la innovación en América Latina 2013, 90% de los entrevistados dijo estar dispuesto a migrar a otra empresa más creativa e innovadora, con todo y que las condiciones laborales sean las mismas. Esto significa que el hecho de tener un ambiente de trabajo que fomenta la creatividad es clave para atraer y retener el talento.

¿Quieres saber de qué lado de la balanza operan tus colaboradores? Pregúntales si existen los elefantes voladores. En mi experiencia, 90% de la gente de grandes organizaciones no se atreve a responder que sí existen; cuando hago la misma pregunta a emprendedores o estudiantes con poca experiencia profesional, este número baja a 50%; pero una vez hice la misma pregunta a un grupo de niños de entre ocho y diez años y sólo 20% dijo que no existían. (Los elefantes voladores sí existen; de lo contrario, el dinero que gana Disney con Dumbo sería una ilusión; o los 7,000,000 elefantes voladores que puedes encontrar en Google tampoco existirían.)

Sólo hay una cosa más peligrosa que una persona poco creativa: una persona “demasiado creativa”. En realidad, la creatividad puede ser un arma de dos filos, si no se sabe utilizar con medida y de manera disciplinada.

La innovación debe de ser el propósito por el cual utilizamos la creatividad. La clave es saber emplearla en cantidades correctas y combinarla con otros ingredientes.

Pero, si no la combinas con un propósito estratégico y de largo plazo, si no ubicas el problema del usuario que pretendes resolver, si no experimentas y “refinas” la solución, cualquier indicio de creatividad será solamente una idea.

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Presidente y fundador de Insitum, consultora especializada en innovación.

 

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