La deuda externa del gobierno asciende a 158,580 millones de dólares, y desde diciembre de 2012 ha aumentado en un 30.35%. De hecho, la deuda externa del sector público como porcentaje del PIB ha venido experimentando un peligroso crecimiento desde el inicio de la crisis, puesto que en 2008 equivalía a 2.7 %, al año siguiente pasó al 9.4% y actualmente se ubica en 12%.

 

Desde diciembre de 2012, la deuda neta interna del gobierno federal ha pasado de 3.76 a 5.03 billones de pesos. Esta alza de 33.5% ha llevado al pasivo interno a equivaler 107 % de la recaudación estimada en el presupuesto de ingresos 2015. La deuda de los estados creció 17.7%, y ya representa 84% de lo que les corresponde de participaciones federales conforme a la Ley de Egresos de la Federación de 2015.

Ante esto, el 18 de agosto el presidente Enrique Peña Nieto anunció la iniciativa de “ley de disciplina financiera para los estados”, con la cual se buscaría crear un sistema de alertas que clasifique a los estados por su nivel de endeudamiento, así como otras medidas para mitigar este problema. Ésta representa un positivo primer paso, puesto que los escenarios en esta materia son sumamente peligrosos.

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En el caso de los estados, su nivel de endeudamiento –siguiendo las tendencias al día de hoy– para diciembre de 2018 llegaría a 700,500 millones de pesos. Ello significa que en seis años se habría dado un aumento de 37.9%, considerando que al cierre de 2012 la deuda total de los estados estaba en 434,000 millones de pesos. Esta situación adquiere un sentido crítico considerando que el panorama no es muy alentador.

En lo que va de 2015, la recaudación federal participable disminuyó 1.4% con respecto al primer semestre del 2014, mientras que los ingresos petroleros disminuyeron 38%, y no se espera un pronta recuperación. En un escenario optimista, el precio promedio de la mezcla mexicana durante 2016 sería de 52.8 dólares por barril; en 2014 fue de 87.7 dólares. A esto se le debe agregar la actual “guerra fría financiera” que vive el mundo, donde la devaluación del yuan y la especulación en los mercados amenazan la estabilidad económica.

En caso de requerir contraer más deuda para sus programas gubernamentales, el panorama es igualmente poco favorecedor, puesto que el efecto inmediato de un alza en las tasas de interés será el aumento en el costo del financiamiento de la nueva deuda, lo que implica que una mayor parte de los presupuestos gubernamentales, así como del gobierno federal, tendrán que destinarse a pagar sólo los intereses.

Durante 2014, tan sólo el pago de intereses y comisiones de la deuda representó 6 % de los ingresos presupuestarios del sector público federal. De continuar con la tendencia, a finales de 2015 y 2016 solamente el pago del servicio de la deuda podría llegar a consumir 10% de los ingresos presupuestarios del país.

En cuanto al gobierno federal, su deuda interna estaría llegando a 7.8 billones de pesos, lo que implicaría que ésta habría pasado de representar 23.3% del PIB en 2012 a 35.5% en 2018, considerando las proyecciones de crecimiento del FMI. De darse este escenario, se tendría que el endeudamiento neto interno crecería a una tasa anual promedio de 2.03%, mientras que en el mismo periodo la tasa promedio de crecimiento que el FMI estima para México es de 2.85%. Visto de otro modo, en un escenario tendencial, la economía aumentaría, a una tasa anual promedio, apenas 0.82% por encima de la deuda.

En el caso de la deuda externa del gobierno, ésta asciende a 158,580 millones de dólares, y desde diciembre de 2012 ha aumentado en 30.35%. De hecho, la deuda externa del sector público como porcentaje del PIB ha venido experimentando un peligroso crecimiento desde el inicio de la crisis, puesto que en 2008 equivalía a 2.7%, al año siguiente pasó a 9.4% y actualmente se ubica en 12%.

Ciertamente, el gobierno se encuentra lejos de una situación como la de diciembre de 1995, cuando su endeudamiento externo llegó a representar 26.5% del PIB. Sin embargo, no hay que caer en la relajación, puesto que al sumarle la deuda privada, el monto total sí nos lleva a una situación como la de hace 10 años, puesto que equivale a 24.36% del PIB y a 274.6% de los ingresos de la cuenta corriente.

Con el fin de cambiar la dinámica se tiene que implementar una nueva reforma hacendaria integral, que debe ser de promoción económica, de fomento a la inversión y con la meta de activar el mercado con el fin de aumentar los ingresos fiscales. Ello requiere un liderazgo decisivo y con visión de largo plazo, puesto que implicaría un costo político, pero la creciente situación ilustra que es momento de dejar atrás el “cortoplacismo” característico de México y emprender soluciones que aseguren la sustentabilidad de las finanzas públicas y den un impulso al crecimiento. Hay problemas que al seguirse evadiendo se transforman en verdaderos monstruos, los cuales, como le sucedió al Dr. Frankenstein, se convierten en una amenaza para la vida de sus creadores. Hoy, la creciente deuda tiene estas características, por lo que ¡es momento de actuar!

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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