Por Máximo Santos Miranda*

El mundo asiste expectante a la guerra comercial entre las grandes potencias del planeta China y Estados Unidos. Una guerra comercial que entre otras consecuencias ha provocado una ralentización en la expansión del comercio y en consecuencia esto ha implicado la desaceleración de una gran parte de las economías mundiales. 

Fue en el ejercicio pasado cuando Trump, con el objetivo o la excusa de reducir el elevado déficit del país norteamericano que superaba los 400.000 millones de dólares, desencadenó esta batalla comercial. Sin embargo, debajo de todo este ropaje se encuentra lo que constituye la verdadera batalla entre ambas superpotencias y que no es otra cosa que el lograr la supremacía en las tecnologías que están propiciando la cuarta revolución industrial a escala planetaria. En definitiva, esta batalla no es otra cosa que dominar y liderar la infraestructura digital 5G, la inteligencia artificial, la robotización o el internet de las cosas.

El capitalismo está entrando en una nueva fase apoyado por las nuevas tecnologías y la batalla geopolítica por dominar las herramientas que están transformándolo todo entre las dos superpotencias está siendo épica. La geopolítica y la disrupción tecnológica entremezcladas están mostrando un nuevo campo de batalla que tiene visos de convertirse en un enfrentamiento que quedará reflejado en los libros de historia. Si hoy nos preguntamos quién está ganando a quién, tenemos que señalar que la respuesta no puede ser contundente. Es cierto que las plataformas digitales norteamericanas siguen siendo preponderantes. Me estoy refiriendo a empresas tan conocidas por todos como Amazon, Google, Facebook, Apple o Microsoft. Pero también es cierto que hay gigantes digitales chinos como Alibaba que monopolizan su mercado y que están muy por encima de las empresas norteamericanas en el mercado asiático. Un mercado asiático que además de estar densamente poblado es el verdadero motor de la economía mundial en la actualidad y el que mayores tasas de crecimiento esperado tiene para los próximos lustros.

Sin embargo, hay algo muy preocupante de todo esto y es que vamos a un mundo en el que el poder estará mucho más concentrado de lo que está actualmente. Según señala un estudio de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Comercio y el Desarrollo, China y Estados Unidos detentan ahora mismo el 90% de las 70 principales plataformas digitales, el 75 % de la tecnología Blockchain, el 78% de las patentes de inteligencia artificial, el 75% del gasto de computación en la nube y el 50% del gasto global del internet de las cosas. Es decir, su peso es absolutamente abrumador en aquellas tecnologías que están transformando la economía mundial. Todo esto nos hace pensar que vamos a un mundo en el que cada vez menos países y un menor número de empresas concentrarán en sus manos un poder como no se ha visto nunca en la historia. 

Es cierto, que en todo este movimiento aparecen otros actores como Japón, Alemania, Corea del Sur, Francia, Reino Unido, Francia, Canadá o India, pero su inversión y su peso relativo está muy por debajo del de los dos grandes colosos que ahora mismo están dirimiendo la supremacía de la tecnología mundial. El poder de dominación que tienen estas nuevas tecnologías es inmenso y sus posibilidades, como el desarrollo de la inteligencia artificial, son tan enormes que a día de hoy es muy difícil tan siquiera imaginar hasta dónde puede alcanzar su avance. Sin embargo, hay algo que a día de hoy parece claro y es que el grado de supremacía que alcancen las empresas líderes en estas nuevas tecnologías y del nuevo enfoque de los negocios será abrumador. Las pequeñas empresas tendrán muy difícil poder competir con los grandes gigantes que liderarán y monopolizarán el mercado.

Finalmente habría que destacar que la situación de América Latina en esta batalla por el liderazgo tecnológico a nivel global es en estos momentos marginal. Si atendemos al número de unicornios o empresas que tienen una valoración superior a los 1.000 millones de dólares con los que cuenta la región nos encontramos que su número es muy reducido. Si a esto le añadimos el hecho de que casi la mitad de los latinoamericanos está fuera de la red cuando en muchos otros países los usuarios de internet superan el 90% y que la velocidad en la conexión es inferior a la de otras áreas geográficas, nos encontramos con que la región se está viendo muy relegada, una vez más, de los grandes procesos transformadores de la economía mundial. Se hace, por tanto, muy necesario revertir esta situación para no perder la estela que la transformación tecnológica está llevando a cabo en la economía mundial.

 

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