Las lecciones aprendidas que deja 2018 quedan también como huella profunda para la naciente era de nuestro país. No sé si con el paso de los años y el juicio de la historia logremos afirmar que se concretó una Cuarta Transformación, pero hasta ahora si podemos afirmar que el parteaguas que representa esta transición devino de una convulsión.

Revisar el termómetro político de México, obliga a la evaluación del desempeño de los gobiernos locales salientes. El ejercicio deja un mal sabor de boca, pues al menos en los municipios más grandes e importantes del Estado de México, es innegable que lo que inició hace tres años como un último refrendo de confianza al Revolucionario Institucional; cierra como la sentencia final de muerte para ese Partido en la entidad.

El pésimo estado en que se dejan las finanzas municipales a los nacientes gobiernos de Morena en el Estado de México es el reflejo de años de malas prácticas y vicios administrativos. Los municipios “prianistas” que terminaron funciones en el Estado de México el 31 de diciembre de 2018, lo hicieron al viejo estilo de la “Mafia del Poder”; dejando arcas vacías, obras inconclusas, servicios públicos paralizados, seguridad pública inexistente, sueldos y aguinaldos sin cubrir. Pareciera que intencionalmente se castigó a la población que, en julio pasado, les castigaba con el voto para potenciar el fenómeno lopezobradorista.

El Estado de México, bastión priista hasta hace unos años, inició el 1 de enero, una nueva era también. Una en la que el gobernador Alfredo del Mazo, tendrá que generar sus propios contrapesos políticos, pues la mayoría de las alcaldías que iniciaron gobierno en la entidad son gobernadas ahora por Morena. La legislatura local es mayoritariamente liderada por diputados locales que ganaron bajo la fórmula Morena-PES-PT y los escaños en el Congreso Federal que representan al Estado de México también son de Morena.

Al gobernador Del Mazo y al PRI, en nada le ayuda el cierre administrativo atropellado en municipios pilares del desarrollo económico del estado. La mayoría de los electores que conforman el padrón electoral de la entidad vive en municipios con alerta de género, altos índices delictivos, deficiencia en los servicios públicos y una mala percepción sobre la administración pública local.

La lección del 1 de julio fue contundente, los ciudadanos estamos cansados de los abusos, de las injusticias, del enriquecimiento desmedido de los políticos que no han entendido que el servicio público y la política deben estar a favor de la población, no de ellos mismos; que ya no podemos vivir sin educación de calidad, en ambientes inseguros y proclives al delito.

Sin embargo, pareciera que esa lección aún no está clara para la clase política que prefiere mantener las viejas prácticas de permanencia en el poder, aunque ya no sirvan de nada.

Serán tres años de ajustes y desajustes en el Estado de México, entidad fundamental para el desarrollo regional y nacional; los gobiernos municipales están contra reloj, un trienio es poco tiempo para desarrollar y consolidar políticas públicas y es aún menos tiempo para abatir rezagos de antaño.

Al interior de los municipios el ambiente político y el clima social son complejos, la expectativa de cambio es muy amplia y el nivel de tolerancia que dejan los gobiernos salientes es bajísimo, lo que pone en la mira el desempeño de los nuevos gobiernos.

La tarea de los partidos políticos deberá ser en todo caso evitar la imposición y velar por los únicos intereses a los que debe responder un político, los intereses de la gente a la que representa.

 

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