Por Luis Javier Álvarez Alfeirán*

Muchos son los jóvenes que a lo largo y ancho del país muestran un interés profundo en las bellas artes lo que asegura su vigencia y su supervivencia, jóvenes que, sin olvidar a los clásicos, buscan un nuevo camino de comunicación a través del arte.

En los grandes auditorios se puede disfrutar del cine, del teatro, de la danza y de la música principalmente que, además, tienen la característica de entretener. La cultura y el entretenimiento van, por tanto, de la mano; es un binomio que enaltece al ser humano y enriquece su propia esencia, no olvidemos que ya Platón comparaba la belleza [la belleza artística en este caso] con la bondad y con la verdad.

El arte está llamado a ser bello y la belleza es buscada constantemente por el ser humano; en medio del desasosiego, el pueblo busca en el entretenimiento una salida alterna de su realidad –al pueblo pan y circo se dice popularmente–, sin percatarse quizás que eso que pareciera ser un escape es también verdadero y, mientras más cercano a su realidad y mientras más bello sea, más entretenido será.

Los tiempos que corren, sin embargo, parecen confrontar a la persona con una visión inútil del arte y de la cultura; el ritmo 24/7 que parecen imponer muchas de las empresas como una virtud de sus ejecutivos, olvidan que en el equilibrio de la persona humana está el verdadero éxito. Las políticas sociales y económicas son históricamente efímeras en comparación con la vida y permanencia del arte. Seguimos admirando desde las pinturas rupestres hasta el arte urbano de Bansky pasando por la escultura grecolatina, los frescos del renacimiento, las pinturas del período romántico o las mismas vanguardias del siglo pasado, en ese mismo recorrido histórico vemos en cambio, como algo histórico (y a lo cual difícilmente retornaremos); el imperio romano, el feudalismo y tantos otros sistemas político-sociales que han demostrado su obsolescencia y que hoy día representan poco o nulo interés salvo para los estudiosos del tema.

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Entender el arte es entender la civilización más allá de lo que la ciencia ha podido hacerlo y, que habiendo decantado sus esfuerzos en la técnica ha podido establecer cánones, medidas y proporciones que justifican la belleza, pero no ha podido explicar lo que produce en la persona. La dimensión espiritual del ser humano ha rebasado por tanto a la ciencia y lo hace en gran medida a través de las bellas artes. La poesía es expresión social, la pintura su reflejo, la música su sentimiento, la literatura su voz, la arquitectura su espacio, la escultura su cuerpo, la danza sus gestos y la cinematografía su mensaje moderno.

En esencia, la cultura es la vida del ser humano y como tal brinda gozo y alegría, entretiene y educa, fortalece y fortifica; está en constante evolución y carece de marginación social, de allí su gran impacto social. La cultura es fuente de riqueza para una sociedad y por tanto es necesario que se creen espacios para su disfrute, pero aún ante la carencia de estos, la cultura y el entretenimiento se abren paso en medio de las multitudes ya sea en la calle, en el transporte público, en los grandes teatros o en el recinto solitario del poeta.

La cultura como fuente de entretenimiento, es intempestiva y capaz, por sí misma, de rebasar fronteras de un grupo social atrayendo visitantes que contagiados por la belleza de su representación se rinden a sus encantos.

 

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*El autor es Director de Le Cordon Bleu Anáhuac.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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